jueves, 5 de octubre de 2017

Las historias que nos contamos

David siempre tuvo una imaginación muy vivida. Incontables veces su madre tenía que irrumpir en su cuarto para sacarlo de sus divagaciones y hacerlo bajar a comer. Entre una palabra y otra de sus tareas encontraba siempre el espacio necesario para viajar a tierras lejanas o imaginar que haría si tenía súper poderes. Su imaginación era su mejor compañera en las largas tardes de verano en que las vacaciones llegaban a perder su encanto. Tomaba una hoja en blanco junto con un lápiz y comenzaba a dibujar solo formas que le ayudaban a visualizar el mundo en el cual tendría su siguiente aventura. Sin embargo, no recuerda una sola vez que su imaginación haya sido tan envolvente como aquella semana de verano que pasaron en la casa del lago del abuelo.
 
Hacer el viaje le resulto molesto a David desde que su madre lo mencionó. La cabaña del abuelo era un lugar lleno de polvo y olor a vejez. Sin mencionar que lo remoto de la ubicación hacia que la energía eléctrica fuera limitada e intermitente esto provocaba que no pudiera usar sus videojuegos. El abuelo era una persona entretenida que al menos siempre trataba de mantenerle ocupado, lo cual era bueno, pero la compañía de un hombre mayor tarde o temprano perdía su encanto. La realidad es que a David le costaba mucho encontrar algo bueno de hacer este viaje, tenía que encontrar algo pues no tenía opción acerca de si iría o no.
 
El viaje como siempre fue una serie de chistes malos de parte de su papá, el error era que trataba de hacerlos divertidos sin hacerlos ni remotamente groseros. David tenía 8 años, aun un niño, pero eso no significaba que la televisión y sus amigos no lo enfrentaran constantemente a vulgaridades o situaciones en general consideradas propias de adultos; así que el esfuerzo de su padre por evitar esos chistes resultaba frustrante e innecesario. Su madre en cambio le hacía preguntas sobre qué haría una vez en la cabaña, David no quería responderle que no había nada que hacer, que sería aburrido, lo cual lo llevaría a tener que investigar algo, seguro metiéndose en problemas y haciéndola enojar; así que simplemente le respondía que ya vería. Después vendrían largos tramos de silencio en los que se dedicaría a aquel juego del pequeño hombrecillo que corría al lado del vehículo saltando sobe las cosas. Así pasarían algunas horas.
 
Llegar a la cabaña del abuelo siempre era lo mismo. El abuelo los recibía con una enorme sonrisa seguida de un fuerte abrazo a su madre y un apretón de manos firme a su padre. A David lo cargaba como si no pesara nada para envolverlo en un abrazo que podría romperle la espalda si el abuelo lo decidiera. El abuelo era un hombre enorme, de barriga grande y brazos como troncos de árbol, tenía un enorme bigote color plata que servia para distraer de la falta absoluta de cabello.
 
Se instalaron en las habitaciones que el abuelo siempre les tenia lista antes de bajar esa noche a cenar juntos, compartiendo historias de los preparativos para el viaje. La cena se vio interrumpida por un sonido en la puerta trasera, el abuelo sonrió a la vez que hacia un gesto como si hubiera recordado algo, le hizo una seña a David mientras se levantaba “Acompáñame, te tengo una sorpresa” dijo mientras caminaba hacia la puerta . Al asomarse a la puerta trasera vieron que afuera los esperaba un perro con pelaje café de un color sucio y apariencia desaliñada; pero la expresión en el rostro del animal era de pura felicidad. El abuelo se agacho, le rascó detrás de la oreja al perro mientras le decía a David “Llegó hace unos días a la puerta delantera, le di agua y comida. Ahora vuelve cada que se le da la gana, rasca la puerta y espera a que venga a darle de comer o simplemente a rascarle detrás de la oreja” El abuelo miro a David quien solo observaba al enorme perro pero no se movía. “Acaríciale sobre la nariz y luego ráscale detrás de la oreja. Nunca me ha mordido así que no hay de qué preocuparse”
 
David miro a su abuelo con un poco de desconfianza. En la manera en que había terminado su frase le hacía creer a David que lo inofensivo del perro era solo una creencia no un hecho; sin embargo decidió tomar el riesgo. El perro simplemente continúo con la lengua de fuera ajustando su posición solo para que David le pudiera rascar más cómodamente. Mientras le rascaba David noto debajo del pelaje algunos rasguños e incluso algo que parecía una mordida chueca en una de las patas.
Estaba frunciendo el ceño preguntándose qué le haría eso a un perro tan grande cuando su abuelo regreso con un bote lleno de agua y otro lleno de comida para perros. El perro sin más comenzó a comer e ignoro a ambos. “¿Lo habrá atacado un lobo? O ¿porque tiene esos rasguños?” le pregunto a su abuelo.
 
El abuelo se sentó en una de las sillas y destapo una cerveza antes de responderle al niño “No es el único perro que anda suelto en el bosque. Seguro se habrá peleado con alguno por comida antes de descubrir que podía venir aquí ¿verdad solovino?” encogio los hombros, sonrio y le dio un trago a su cerveza .
 
“¿Solovino? Así se llaman todos los perros de la calle, porque no le pones amm…oso o grizzy..” El niño se quedó pensando unos segundos, ningún nombre le parecía adecuado para el perro, lo miro comer esperando que el nombre adecuado le llegara a la mente.Entonces sonriendo dijo “ya sé, vagabundo, seguro viene de lejos”
 
El abuelo sonrio mirando al perro por largos segundos “Vagabundo le va. ¿Cómo ves perro? ¿Te gusta Vagabundo?” el perro le respondió con un resoplido en el agua. “Parece que si le gusta. Oye hijo, ¿te sabes la historia del lago?”
 
David se sentó en una silla a un lado del abuelo sin quitar la mirada del perro “No abuelo ¿hay una historia?” la realidad es que no podía creer que hubieran sido tan groseros como para no contarle la historia del lago, por eso le resultaba tan aburrido el lugar, porque no sabía que era un lugar especial. “ a ver”
 
El le dio otro trago a su cerveza antes de empezar “Dicen que hace mucho tiempo en el lago, justo en el centro, había una isla que servía de hogar a unas criaturillas mágicas, elfos les llamaban, ellos se encargaban de mantener el bosque sano, además de que iban de un lado a otro tallando los gruesos troncos de los árboles. Sin embargo nunca debían dejar el bosque del lago; pues la fuente de su magia estaba en esta isla. Los elfos eran felices teniendo como su reino el bosque y todo lo que vivía en él. Pero el mundo alrededor sufría por la falta de color y magia. Una criatura en especial que era vieja y malhumorada, odiaba el tener que vivir en la orilla del bosque, pues el mundo más allá era árido y sin vida” El abuelo se vio interrumpido por la mamá de David que salió a decirle a David que era tarde y debía dormir. El abuelo miro al niño que suplicaba que terminara la historia. “Terminare la historia mañana. Pero hoy para que te canses, vamos al lago, a lo mejor logras ver la isla en el centro del lago”
 
La madre de David no se veía especialmente contenta con la decisión pero solo dijo “llévate una chamarra muchacho, y mucho cuidado con que se te desbalague Papá”
 
El abuelo asintió mientras sonreía. Se terminó su cerveza de un largo trago antes de empezar a caminar hacia el lago.
 
Unos minutos más tarde se encontraban caminando los tres hacia la orilla del lago; Vagabundo, El abuelo y David. Durante la caminata el abuelo le señalo varios árboles de tronco grueso que tenían formas muy peculiares, algunas hasta parecían intencionales. Le comento como esos troncos que habían sido tallados por los elfos del lago eran de los pocos vestigios que quedaban que alguna vez estuvieron aquí. Mientras caminaban Vagabundo parecía haber perdido toda semblanza del perro amistoso que estuvo junto a la casa. Se adelantaba con paso certero, volvía frente a ellos como determinando la mejor ruta para llegar al lago. Había momentos en los que el perro ni siquiera era visible en la noche , la única señal de que andaba por ahí era el ruido de hojas quebrándose bajo sus patas.
 
Una vez llegaron a la orilla del lago David miraba el brillo etéreo de la luna en la superficie, le costaba trabajo ajustar sus ojos ante tanta luz. Pero él se imaginaba una isla en el centro del lago. La isla desprendía luz propia lo que le hacia parecer que estaba llena de vida contrastando aún más con el retorcido tronco que salía del lago justo al lado de ella. David sabia bien que esto no era más que su imaginación jugándole bromas.
 
Su abuelo miraba el lago con el entrecejo arrugado, sin embargo su rostro no registraba enojo si no la profunda concentración de quien está buscando algo sin lograr encontrarlo. Dio algunos pasos tentativos hacia el lago y se detuvo con la suela de su zapato apunto de tocar el agua. El enorme cuerpo de agua parecía un espejo perfectamente liso, ninguna ola u onda se desplazaba sobre el dándole la sensación de ser más plata que agua; mas espejo que lago.
 
Fue entonces que David noto la falta de una sensación de viento en el ambiente. Hacia más frio de lo normal la sensación estaba permeada con olor a muerte. Era la misma sensación de frio que solo se encuentra en refrigeración artificial. No se escuchaba el sonido de animal alguno como si de pronto todos hubieran decidido dormir, o peor aún, como si todos hubieran decidido que algo demasiado peligroso caminaba en el bosque durante la noche. David entrecerró los ojos buscando algo en la distancia pero el fulgor de la luna le daba un aire místico a todo, incluso ahora le costaba trabajo ver el árbol retorcido en el centro del lago. Después de mucho esfuerzo los ojos le comenzaron a doler por lo cual decidió buscar a vagabundo en la espesura del bosque donde la luz era menos agravante.
El perro no era visible sobre la orilla del lago asi que debía buscarlo en el bosque. David estaba a punto de ir a buscarlo bosque adentro cuando el abuelo le puso su enorme mano en el hombre y dijo “Es hora de volver o tu mamá me va a regañar por desvelarte” había una intención de humor en la voz del abuelo que el niño no terminaba de creer, como si fuera un intento por calmarlo cuando el único nervioso era el mismo viejo. Los pensamientos del niño comenzaron a perderse en las especulaciones de que tendría al abuelo tan tenso cuando vagabundo apareció a su lado, con la lengua colgando formando una sonrisa canina que casi logra evitar que note el exagerado sonido de las patas del perro, como si se quisiera hacer notar.
 
Entre empujones de vagabundo y el abuelo señalando todos los troncos que las criaturas mágicas de lago habían tallado, el regreso fue ameno logrando que poco a poco la tensión que por momentos había agobiado a David junto al lago fuese desapareciendo hasta convertirse en solamente una difusa memoria de la noche.

Al día siguiente David bajo a la cocina emocionado por volver a ir a investigar le bosque con el abuelo.
 
El abuelo se encontraba preparando el desayuno cuando vio al niño entrar corriendo a la cocina, sonriendo sirvió un plato que puso sobre la mesa junto con un vaso de plástico lleno de jugo y se sentó junto a David mientras mordía una pieza de tocino.
 
David miro al abuelo sonriendo “¿Me contaras más dela historia?” le dijo mientras lo observaba atentamente dar un largo trago a su taza de café. Los ojos del viejo encontraron la mirada del niño sobre el borde de la taza como considerando si debía contarle el resto de la historia.
“¿Recuerdas donde me quede anoche?” le pregunto el abuelo mientras caminaba hacia la puerta para abrirla y dejar que vagabundo entrara. El perro cruzo el umbral con una expresión de felicidad plasmada en el andar pues el hocico lo tenía muy ocupado con un hueso. Cruzo la cocina hacia David para luego proceder a echarse bajo su silla.
 
“Estabas apunto de contarme sobre una criatura malhumorada que vivía en la orilla del bosque” Dijo David antes de tomar un gran bocado de su plato.
 
“Ah sí. Esa criatura era antigua, incluso más antigua que la más vieja de las criaturillas mágicas del lago, simplemente se le conoce como el antiguo. Era enorme con una piel amarillenta que se agitaba en el viento como humo, sus ojos eran profundos vacíos de color negro, aunque más que ser negros parecían dos agujeros que se perdían en la nada. La luz y magia de los elfos le causaba grandes molestias pues le quemaba la piel además de ser un recordatorio de todo lo que jamás podría tener. Furioso, pues su reino se encogía cada que los elfos crecían en número, se alejaba de las orillas del bosque vagando en las desoladas tierras buscando un nuevo hogar que le ofreciera la misma comodidad que el bosque que le habían arrebatado.” El abuelo se sentó de nuevo, tomo otra tira de tocino que mascullo antes de señalar por la ventana le bosque “Pero el brillo del bosque siempre le recordaba lo que se le había robado. Durante su vagar, descubrió a otras criaturas que vivían en la desolación, duendes oscuros. Les hablo del bosque y de todos los tesoros que escondía en su interior, la abundancia de comida y agua. Los duendes de dientes afilados, colas despellejadas y actitud violenta, empezaron a escuchar cada vez con más atención. Poco a Poco, más y más de estas pequeñas sombras se fueron uniendo a la antigua criatura a escuchar sus historias. Emocionados por llenar sus barrigas de deliciosas frutas y vivir en un lugar cálido decidieron unirse a la causa del antiguo. Armado con un ejército a sus espaldas aquel enorme monstruo decidió tomar lo que por tanto tiempo se le había negado.”
 
El abuelo se levantó para servirse una taza de café. Mientras servía observaba por la ventana el lago que a lo lejos brillaba reflejando el sol “La pelea duro largos días y noches. Los elfos unidos a los animales del bosque lucharon contra los duendes y el antiguo. Los duendes eran violentos pero tontos este defecto hacia que sus números, aunque increíbles, no les permitieran en verdad causar daños considerables a las fuerzas de los elfos. Cada victoria llenaba de esperanzas a los habitantes del bosque. Pero el antiguo nunca tuvo la intención de que sus malvados esbirros causaran daño real, los eligió porque eran capaces de darle paso al ser inmunes a la barrera de magia. Así que cuando los duendes lograron abrir la barrera el antiguo se abalanzo hacia el bosque y cruzo los límites. Una vez que cruzo la barrera ni los animales ni los elfos eran capaces de detenerle mientras esparcía la muerte y destrucción a cada paso que daba. Desesperados por evitar su avance lo llevaron hasta el lago. Ahí la enorme bestia los enredaba en sus siempre cambiantes garras y los arrastraba a las profundidades. La batalla no lograba distraerle lo suficiente, sentía el pulso de la fuente de toda magia a su alcance; hecho que lo hacía anhelarla más a cada instante”
 
Los elfos usando sus habilidades congelaron el lago para poder atraparlo; pero detenerlo no era lo mismo que contenerlo. Su influencia seguía expandiéndose matando todo lo que alcanzaba. En un último acto desesperado usaron el poder de la isla para crear un sello mágico en el lago. Era tal el poder de la bestia que el poder requerido para detenerla una vez que había cruzado la barrera requirió destruir el corazón del bosque liberando la magia hacia todos los rincones del mundo en una enorme ola. La ola de magia corrió sobre valles, colinas y más allá del borde del bosque, a su paso todo reverdecía y cobraba color, no era el color intenso del bosque de aquellos tiempos pero aun así la vida parecía haber llegado de pronto al mundo más allá del bosque. El antiguo al ser asaltado por la ola de magia sintió el hielo del lago colarse en sus venas; aprisionándolo hasta adormecerlo en el fondo. Fue este desesperado acto el que terminaría dejándolo sin acceso al poder que siempre había dominado. El destino de los elfos estuvo sellado en ese momento pues sin su magia, con el paso de los días, los meses y los años, fueron desapareciendo, hasta que no quedo más que el bello arte que dejaron en el tallado de los árboles.”
 
David estaba tan atrapado por la historia que había dejado una pieza de tocino sola sobre su plato, lo cual resultaba sorprendente si tomamos en cuenta que el tocino era su comida favorita. El niño miro a su abuelo que no volvía la mirada de la ventana, solo daba largos tragos a su taza de café. Si hubiera sido un niño más observador habría notado que los nudillos de la mano libre del viejo se habían tornado blancos ante la fuerza que ejercía sobre ellos. Pero solo notó que Vagabundo había dejado de morder su hueso pero miraba al abuelo con una intensidad que no había demostrado hasta ese momento. Tratando de liberar la tensión le rasco detrás de la oreja mas el perro parecía una estatua, ni siquiera dio señas de notar que lo estaba tocando. Un poco confundido por la falta de atención del perro y el viejo, tomo su plato y lo dejo caer en la tarja. Tuvo el efecto deseado pues libero toda la tensión de la habitación devolviendo al abuelo y vagabundo al momento.
 
Esa tarde David, Vagabundo y sus padres fueron a pasear por el bosque aprovechando la excursión para cruzar el lago en una pequeña lancha de madera que el abuelo tenia. Él quería preguntarle al abuelo ¿qué habría pasado desde entonces con el antiguo? ¿Cómo había la historia llegado a sus odios? ¿Quién había contado la historia por primera vez? Se imaginaba una batalla de proporciones gigantescas, llena de luces y sonidos estruendosos provocados por el choque de ambas fuerzas. Eran estos pensamientos los que afanaban su curiosidad por saber más acerca de aquel evento que definió al mundo. Sin embargo esa tarde solo le trajo tranquilidad, incluso los colores parecían mudos bajo el nublado cielo que los acompaño durante toda su travesía. Después de una tarde excesivamente tranquila que corrió el riesgo de tornarse aburrida volvieron a la cabaña. El abuelo se encontraba tallando un pequeño trozo de madera. David se acercó curioso por ver que estaba tallando.
El abuelo al verlo acercarse le mostro su avance. “Me inspire en todo lo que vimos ayer en los troncos. ¿Te gusta?” le dijo mientras le ponía en las manos la figurilla de madera.
 
David sonrió al sentir la figurilla en sus manos. La movió entre sus dedos disfrutando la sensación de la madera en su mano. El peso le daba una sensación de certeza a la figurilla y las formas despertaban su curiosidad. “¿Pero que es?” pregunto David al no poder ponerle un nombre a lo que tenía en las manos.
 
“Un amuleto.” Contesto el abuelo que ahora se encontraba absorto con la mirada perdida en el lago, justo como aquella mañana durante el almuerzo.
 
Al atardecer la lluvia comenzó a tomar fuerza. David se vio obligado a mantenerse en el interior de la cabaña anhelando poder explorar aun mas el bosque. A pesar de estar todos juntos el abuelo se la paso en la pequeña área de trabajo que tenía en la parte trasera de la casa. Vagabundo lo acompaño durante toda la tarde hasta el anochecer y David de vez en cuando iba a ayudar llevándole alguna herramienta o simplemente rascándole detrás de la oreja al enorme can.
 
El fuerte golpeteo del agua en las ventanas arrullo a David esa noche. Sería la lluvia también la que más tarde lo despertara, pero esta vez no el agua tocando en su ventana, sino un trueno que parecía un rugido capaz de llenar todos los vacíos en kilómetros a la redonda. David se encogió debajo de sus cobijas y cerró los ojos esperando a que la sacudida desapareciera. Pero su paciencia en la oscuridad no fue recompensada pues aunque el sonido ya no ahogaba su respiración el seguía sintiendo su corazón sacudirse violentamente dentro de su pecho. Se armó de valor, tomo un respiro profundo y asomo desde debajo de la cobija.
 
El cuarto se encontraba sumido en la penumbra pero el brillo de la luna reflejado en el lago le daba una luz etérea a todo lo que tocaba. Poco a poco fue saliendo de la cobija y con extremo cuidado bajo de la cama. Atravesó el cuarto, luego el pasillo y llego a la cocina donde el viento azotaba una y otra vez la puerta contra su marco, en una noche silenciosa el ruido habría despertado a todos pero en una noche de tormenta aun a esta distancia era apenas perceptible. Se asomó al pequeño descanso afuera de la puerta y noto el espacio vacío donde habían estado las botas del abuelo. Miro alrededor del bosque esperando ver al abuelo cercas de la cabaña, pero nada se movía en la oscuridad que creaban los incontables árboles.
 
Temeroso paso saliva y decidió volver al cuarto y esperar a la mañana para que el abuelo volviera. Corrió como huyendo de las sombras, subió a la cama en un salto fluido y se enredó en las cobijas más rápido de lo que jamás lo había logrado. Después de segundos, que parecieron horas, de estar completamente cubierto, asomo un ojo entre las cobijas y miro hacia la ventana. Miraba más allá del cristal y veía la luz cambiar de intensidad en destellos, intentaba en vano girarse y perder la mirada en la oscuridad, Era como si estuviera atrapado por las repentinas explosiones de luz casi mágica que permeaban todo el bosque en su ventana.
 
David estaba seguro de que habían pasado horas cuando por fin dejo la cobija caer de sus brazos y volvió a bajar de la cama, con pasos tentativos camino hasta el armario y tomo su abrigo con capucha, se lo puso con la ceremonia de quien se viste en su mejor armadura, sobre ella puso su impermeable y con una aparente convicción que su corazón no sentía bajo a la cocina. Tomo sus botas y las amarro, o lo hizo después de varios intentos en los que sus dedos temblorosos fallaban, zapateo esperando que el ruido despertara a sus padres y lo detuvieran mientras al mismo tiempo deseaba en el fondo de su corazón que no lo hicieran para que su aventura no se viera mermada.
Con paso certero David cruzo el portal de la puerta trasera. Si hoy tuviera que describirlo diría que fue como si hubiera atravesado una puerta a otro mundo. El bosque parecía de pronto haberse alumbrado por una luz plateada interrumpida solo por una enfermiza luz amarilla que se movía por el bosque liberando destellos repentinos dándole una apariencia espeluznante al bosque. Tomo largos respiros esperando armarse del valor necesario; no quería hacerlo pero algo en su interior le decía que debía. Pensó en volver cientos de veces en el espacio de unos segundos, de envolverse en la cobija a esperar que la noche pasara. Puso su mano en el marco esperando que algo lo devolviera a la cabaña, alguna señal que lo despertara de nuevo en su cama, pero su espera no dio frutos. Convencido de que avanzar era la única opción comenzó a andar hacia el lago. Instintivamente sus manos fueron a sus bolsillos y su cabeza trataba de esconderse entre sus hombros, como si hubiera alguna manera de hacer menos llamativo un impermeable amarillo canario con el simple cambio de postura. Dentro de sus bolsillos sintió una figurilla redonda y suave, la apretó como si quisiera exprimirle una razón para seguir andando bajo la lluvia mientras se adentraba paso a paso en el bosque.
 
En su andar David veía sombras abalanzarse sobre él solo para desvanecerse centímetros antes de tocarlo. Cada que las sombras se volvían especialmente las evadía moviéndose repentinamente hacia los árboles o donde lo bañara la luz de la luna. Estaba tan enfocado en mantenerse alejado de estas sombras que sin notarlo se encontró repentinamente en un pequeño claro en medio del boque. Se frenó al sentir sobre sus botas el agua helada de un arroyo que atravesaba el pequeño descanso. Miro a su alrededor buscando alguna señal que le dijera que no estaba perdido o hacia donde debía seguir pero el bosque no daba respuesta alguna. Cuando su mirada volvió al frente noto que un enorme bulto de sombras con un solo brillo rojo en el centro se empezaba a levantar frente a él. David sintió el corazón atascarse en su garganta y un grito silencioso le partió los labios. La sombra parecía abrir una enorme y voraz boca cuando un aullido lleno la noche.
 
David no tuvo tiempo de reaccionar, pero sintió el aire envolverlo en una ráfaga que terminaba con el aliento dejando sus pulmones cuando golpeo con el pecho algo peludo y suave. Sus manos instintivamente se aferraron al pelaje de la bestia sobre la que estaba deseando con cada centímetro de su ser que acabara todo. Entre gruñidos, el corte del viento y un sonido que parecía un gutural rugido nacido de una bestia hecha de pellejos y sangre, se sostuvo con todas sus fuerzas. Solo quería que todo pasara, quería volver a su cama y olvidar la noche. Estaba tan envuelto en sus pensamientos que apenas se dio cuenta cuando por fin todo se calmó.
 
Abrió los ojos lentamente dejando que estos se ajustaran a la nueva luz que bañaba el claro hasta que noto que se encontraba a salvo sobre Vagabundo. Tal vez sería solo el efecto de la oscuridad mezclada con la adrenalina pero el niño podía asegurar que la enorme bola de pelos era incluso más grande de lo que el recordaba. Cuando pudo despegar la mirada del animal que montaba miro al otro lado del arroyo donde logro ver una sustancia oscura que burbujeaba mientras era lentamente consumida por la tierra. Vagabundo se echo para dejarlo bajarse de su lomo. No entendía lo que sucedía pero buscando algo de familiaridad le rasco detrás de la oreja al enorme cazador cuando por fin estuvo en el suelo. Movimiento en la orilla de su mirada le hizo girar buscando que había sido, mientras buscaba en la lejanía la fuente de la luz amarillenta que lo había traído hasta aquí parecía moverse con especial celeridad. Un enorme destello, que parecía estar no muy lejos, los cegó por unos segundos provocando que parpadeara tratando de reajustar sus visión. Vagabundo dio un par de pasos, giro la cabeza y miro a David, para el niño pareció una eternidad pero apenas habrían pasado unos segundos cuando el enorme perro se acercó, se echó a un lado de nuevo y espero a que David volviera a montar su lomo.
 
Segundos más tarde volaban entre los árboles y la oscuridad. La luz amarillenta se hacía más visible y los destellos ahora tenían un matiz de calor. Apenas tuvo David tiempo para registrarlo cuando la luz amarillenta inundo su vista a la par que con un ladrido, que parecía mas una embestida, Vagabundo irrumpió en otro claro.
 
Cuando los ojos del niño por fin se ajustaron no podía creer lo que veía. Una enorme criatura hecha de humo verdoso con dos vacíos donde deberían estar sus ojos, extendía su garra hacia al cielo para luego azotarla violentamente. El abuelo bloqueo el golpe con un hacha de mano provocando uno de aquellos destellos que habia visto durante toda la noche. Entrecerró los ojos para poder ver más allá de la enfermiza luz que despedía la enorme criatura humeante y noto que el mango de madera del hacha estaba tallado con incontables figuras y formas que se asemejaban a las encontradas en los árboles, aquellas que su abuelo había mencionado eran marcas de los elfos.
 
El niño fue devuelto a la realidad cuando la garra de la bestia se elevó amenazante una vez más preparándose para la ofensiva. La bestia atacaba y otra vez buscando romper la defensa del abuelo. Resultaba sorprendente ver al abuelo evadir cada ataque, mostrando una impresionante agilidad que no correspondían a su edad y figura. La bestia rugía en su desesperación por no poder asestar ningún golpe. El abuelo blandía el hacha como un verdadero maestro pero la forma fluida de la bestia siempre se ajustaba para esquivar cada ataque. Ninguno lograba causarle gran daño al otro, pero era claro que el abuelo sería el primero en ceder. Pues algunas gotas de sudor empezaban a hacerse visible en su frente presagiando su inevitable derrota ante el cansancio y luego, ante el demonio de humo.
 
David noto que Vagabundo se ajustó de tal manera que le permitía bajar de su espalda. Rápidamente salto de la espalda de la enorme bestia entendiendo que era necesario aligerar la carga del animal. Tan pronto sus pies habían tocado el suelo sintió el aire arrebatarse a sus espaldas cuando Vagabundo se abalanzo hacia el enorme monstruo de humo.
 
Ambos, el abuelo y Vagabundo, parecían llevar una danza perfectamente coordinada que obligaba a la enorme nube de humo a retroceder para poder buscar pequeñas aperturas donde pudiera atacar, pero estas eran apenas instantes que se desvanecían cuando le obligaban a volver a su posición defensiva. David los miraba luchar con mucha atención pero aunque quería hacer algo se encontraba completamente congelado con los pies fijos en la dura tierra del claro. Cada respiro le requería un esfuerzo consciente tal era el efecto sobre el que cada ataque que parecía demasiado certero por parte del enemigo debía de nuevo retomar el ritmo de su respiración.
 
En su absoluto trance logro verlo apenas un instante antes, pero ahí estaba, el error. Vagabundo mordió una fracción de segundo antes y el abuelo dio un paso de más hacia la derecha. Ese conjunto de errores fue todo lo que la enorme criatura necesito para poder sacudir su mano y enviar al abuelo contra un árbol a la vez que lograba atrapar a vagabundo bajo sus enormes garras. El hacha cayo de la mano del abuelo como si de pronto hubiera perdido toda fuerza para moverse; mientras vagabundo rugía y gruñía a la par que se sacudía bajo la enorme garra humeante que poco a poco se hundía en la tierra. 
 
La nube de humo, como un depredador que disfruta la agonía de su presa, se acercó y miro detenidamente a vagabundo mientras debajo de sus ojos se abría un vacío lleno de dientes serrados; de cada diente goteaba una sustancia morada y burbujeante que siseaba al golpear la tierra dejando profundas marcas negras. Tal era el placer de la bestia al saborear el dolor de vagabundo que nunca noto cuando David, con un rostro inexpresivo y los ojos velados por alguna fuerza más allá de su conocimiento saco de su bolsa la pequeña figura tallada y la arrojo hacia la bestia. Durante estos cortos segundos David se sintió prisionero de su propio cuerpo, pudo ver como su cuerpo se movía, incluso verlo acercarse al enorme demonio, pero dentro de su mente el gritaba que se detuviera, que corriera, que todo estaba perdido, mas su cuerpo como por inercia realizaba cada acto desobedeciendo completamente su voluntad.
 
El gesto era tan insignificante y desinteresado que habría parecido hasta cómico a algún espectador. Sin embargo al hacer contacto la figurilla con la forma humeante del demonio, una explosión de luz plateada baño el claro al mismo tiempo que un enorme aullido mezclado con un grito de dolor completamente inhumano ahogó todos los sonidos de la noche. La garra que detenía a vagabundo contra el suelo poco a poco fue borrada por la lluvia. La bestia en su dolor sacudía los vestigios del brazo que la figurilla había destruido ignorando completamente al perro y al viejo. Vagabundo usando los momentos que le daba la distracción tomo la camisa del abuelo por el cuello mientras lo arrastraba para alejarlo del campo de batalla. El niño aun prisionero de su propio cuerpo corrió hacia la bestia, recogió del suelo la esfera de madera, se deslizo sobre el lodoso suelo bajo la bestia, tomo el hacha y, en un movimiento fluido e irreal, la blandió un par de veces obligando a la aun confundida bestia a retroceder mientras Vagabundo alejaba al abuelo.
 
La criatura retrocedió hasta perderse entre los arboles dándole a David la oportunidad de volver a donde vagabundo escondía al abuelo. El viejo parecía haber recobrado la conciencia y trataba de enfocar la mirada con constantes parpadeos. Una vez que el mundo parecía haber dejado de girar para el anciano, se levantó titubeante usando a vagabundo y el ancho tronco de un árbol como soporte, miro a David por largos segundos, considerando las opciones existentes para deshacerse del niño. El entrecejo lleno de preocupación pronto fue reemplazado por la convicción y rompió el silencio “Lleva la figurilla de madera al lago, asegúrate de dejarla en el pedestal de la isla..”
Al escuchar esto David intento decirle a su abuelo que la isla no estaba en el lago pero el abuelo solo levanto la mano y continúo.
 
“Ahí estará, debes ir solo y hazlo rápido. Vagabundo y yo no podemos resistir mucho contra la criatura” Sin más se giró y camino hacia la luz amarillenta que se movía por el bosque. Vagabundo le dio un pequeño empujón a David con el hocico y siguió al abuelo. Ninguno se giro a ver al niño nuevamente, con su convicción le habían robado a David todo derecho a réplica.
 
David se quedó parado en la oscuridad sintiendo como todo el calor de su cuerpo lo dejaba al darse cuenta de la encomienda que su abuelo le había dado. La saliva le resultaba espesa como la miel pero amarga como la hiel. Pudieron ser minutos u horas, en la memoria ahora parecen indistintas lo que es seguro es que David recuerda la oscuridad y soledad que sintio en esos momentos. No fue inmediata su decisión pues su cuerpo aun parecía estar bajo el control de otro. Movio sus dedos tentativamente y al sentirse de nuevo dueño de su destino comenzó a moverse. Despacio y con cada paso desechando la duda, empezó a correr hacia el lago mientras los destellos de luz enfermiza se volvían poco a poco más constantes. Esta vez no se sentía prisionero, el frio del ambiente le cortaba el aliento pero pensar que si no era lo suficientemente rápido le costaría su abuelo y vagabundo le hacía un hoyo en el pecho; un hoyo con el que no quería vivir.
 
David salió del bosque y se encontró en la orilla del lago. Como la noche anterior el lago no daba señas de movimiento alguno, la luz de la luna lo hacía parecer un espejo. Tentativamente David dio un paso hacia el agua. Se sorprendió al notar que su pie nunca rompió la superficie del agua al contrario sintió luna superficie sólida. Toco con su mano la superficie del lago y sintió el frio recorrerle toda la piel. No era hielo, se sentía más como un metal ausente de toda vida. Tomo dos largos respiros y sin pensarlo comenzó a correr hacia donde había visto el retorcido tronco del árbol en el centro del lago.
 
David no recuerda cuanto corrió pero recuerda que de pronto sintió la inclinación del suelo cambiarlo cual provoco que se tropezara. Recuerda que rodo varias veces hasta que golpeo un tronco. Se levantó sacudiendo la cabeza, miro a su alrededor y noto que estaba en un pedazo de tierra justo en el centro del lago. La colina ligeramente se elevaba hasta alinearse con la luna y hacer parecer que esta descansaba justo en la cima. Tratando de orientarse miro hacia atrás. Vio como la luz amarillenta ahora no flaqueaba se mantenía como un fulgor constante. Asustado comenzó a correr hacia la cima. Al llegar, vio que lo que había confundido con la luna era una esfera de color plateado que brillaba con luz propia y justo en el centro una pequeña cavidad esperaba silenciosa.
 
David tomo la figurilla tallada de su bolsa, con la mano temblorosa se apoyó en la enorme esfera y despacio coloco la figurilla dentro de la esfera. El enorme artefacto libero un brillo intenso, la sorpresa lo obligo a dar varios pasos hacia atrás hasta que una piedra lo hizo tropezar. Rodo colina abajo esperando siempre golpear la superficie fría y sólida del lago, pero fue recibido por la humedad del agua. Le tomo varios segundos notarlo, pero la inercia de su cuerpo tratando de buscar la superficie pronto le dio el aviso de que lo que había sido una superficie sólida y plateada ahora era el frio lago que el había conocido. Manoteo y manoteado tratando de llegar a la superficie pero las sombras se enredaban en sus piernas jalandolo hacia el fondo. Trato de gritar para que alguien acudiera a su ayuda pero el agua se coló en sus pulmones ahogando todo grito de ayuda. Cuando su cuerpo comenzó a darse por vencido logro ver un enorme destello de luz amarilla cubrir el cielo y , sin más fuerzas en su cuerpo decidió entregarse a la oscuridad. Él era solo un niño.
 
Lo despertó el canto de los pájaros. Abrió sus ojos lentamente, miro a su alrededor un poco desorientado tratando de hacer sentido de su ultimo recuerdo y la imagen del mundo a su alrededor. Le tomo algunos momentos reconocer que se encontraba en la habitación que servía como su cuarto en la vieja cabaña del abuelo. Sacudió la cabeza tratando de recordar que había pasado a lo cual su mente respondió inundando sus pensamientos de memorias. Aturdido por el repentino flujo de pensamientos trato de bajar de la cama a prisa. Cuando sus pies colgaban de la orilla sintió algo y al asomarse se dio cuenta que Vagabundo estaba echado al pie de la cama. El niño salto sobre Vagabundo, abrió el armario esperando encontrar un espacio vacío pero encontrando en cambio ese espacio ocupado su abrigo, seco y sin mancha alguna. Incrédulo aun ante la disonancia entre lo que el aseguraba había vivido la noche anterior y lo que estaba viendo, metió la mano en la bolsa. Al sentir el pequeño bulto se sintió aún más confundió, saco de la bolsa la figurilla que su abuelo había tallado para él. Era necesario darle algo de sentido a sus memorias y la realidad así que bajo corriendo en busca de su abuelo, seguro el abuelo recordaría algo.
 
En la cocina el abuelo se encontraba volteando unos huevos fritos mientras mantenía un ojo en los panqueques que se encontraban en otra sartén. Al escuchar los pasos se giró y le sonrió a David “Buena tormenta eh? Ayudan a dormir con la frescura”
 
Ese día David y sus padres volvieron a casa por la tarde. Todo el día David busco señales de que algo habría cambiado después de su épica batalla con aquel demonio hecho de humo. Todas sus búsquedas fueron en vano. Al paso de los meses los detalles de aquella noche se fueron perdiendo. Incapaz de obtener ninguna evidencia el niño fue dejando que esas imágenes se perdieran hasta que la historia de aquella noche se convirtió en solo un sueño. Aquel sueño se volvió una historia más de David, siempre la contaba mientras acariciaba la figurilla de madera y le agregaba algo de fantástico con cada relato, poco a poco se volvió una leyenda fantástica.
 
Tal vez si David hubiera sido más observador o hubiera pasado más tiempo con el abuelo habría logrado obtener evidencia de lo que sucedió aquella noche. Tal vez habría notado que el abuelo tenía un enorme moretón en la espalda y un costado, que la herida del costado parecía una enorme garra y en la espalda fácilmente podría haber sido un impacto contra un árbol. Tal vez habría notado que Vagabundo cojeaba de una pata más de lo normal. Quizás habría podido notar que el hacha del abuelo bajo la luz correcta parecía haber sido tallada. Probablemente habría descubierto que en un pequeño cofre de madera tallada, en el fondo del lago, una pequeña piedra de color amarillento pulsante, poco a poco perdía su luz, como si se tratase del corazón de una antigua bestia que en una noche de tormenta habría dado su último aliento.
 
Quizás habrá sido todo verdad, quizás…