jueves, 5 de octubre de 2017

Las historias que nos contamos

David siempre tuvo una imaginación muy vivida. Incontables veces su madre tenía que irrumpir en su cuarto para sacarlo de sus divagaciones y hacerlo bajar a comer. Entre una palabra y otra de sus tareas encontraba siempre el espacio necesario para viajar a tierras lejanas o imaginar que haría si tenía súper poderes. Su imaginación era su mejor compañera en las largas tardes de verano en que las vacaciones llegaban a perder su encanto. Tomaba una hoja en blanco junto con un lápiz y comenzaba a dibujar solo formas que le ayudaban a visualizar el mundo en el cual tendría su siguiente aventura. Sin embargo, no recuerda una sola vez que su imaginación haya sido tan envolvente como aquella semana de verano que pasaron en la casa del lago del abuelo.
 
Hacer el viaje le resulto molesto a David desde que su madre lo mencionó. La cabaña del abuelo era un lugar lleno de polvo y olor a vejez. Sin mencionar que lo remoto de la ubicación hacia que la energía eléctrica fuera limitada e intermitente esto provocaba que no pudiera usar sus videojuegos. El abuelo era una persona entretenida que al menos siempre trataba de mantenerle ocupado, lo cual era bueno, pero la compañía de un hombre mayor tarde o temprano perdía su encanto. La realidad es que a David le costaba mucho encontrar algo bueno de hacer este viaje, tenía que encontrar algo pues no tenía opción acerca de si iría o no.
 
El viaje como siempre fue una serie de chistes malos de parte de su papá, el error era que trataba de hacerlos divertidos sin hacerlos ni remotamente groseros. David tenía 8 años, aun un niño, pero eso no significaba que la televisión y sus amigos no lo enfrentaran constantemente a vulgaridades o situaciones en general consideradas propias de adultos; así que el esfuerzo de su padre por evitar esos chistes resultaba frustrante e innecesario. Su madre en cambio le hacía preguntas sobre qué haría una vez en la cabaña, David no quería responderle que no había nada que hacer, que sería aburrido, lo cual lo llevaría a tener que investigar algo, seguro metiéndose en problemas y haciéndola enojar; así que simplemente le respondía que ya vería. Después vendrían largos tramos de silencio en los que se dedicaría a aquel juego del pequeño hombrecillo que corría al lado del vehículo saltando sobe las cosas. Así pasarían algunas horas.
 
Llegar a la cabaña del abuelo siempre era lo mismo. El abuelo los recibía con una enorme sonrisa seguida de un fuerte abrazo a su madre y un apretón de manos firme a su padre. A David lo cargaba como si no pesara nada para envolverlo en un abrazo que podría romperle la espalda si el abuelo lo decidiera. El abuelo era un hombre enorme, de barriga grande y brazos como troncos de árbol, tenía un enorme bigote color plata que servia para distraer de la falta absoluta de cabello.
 
Se instalaron en las habitaciones que el abuelo siempre les tenia lista antes de bajar esa noche a cenar juntos, compartiendo historias de los preparativos para el viaje. La cena se vio interrumpida por un sonido en la puerta trasera, el abuelo sonrió a la vez que hacia un gesto como si hubiera recordado algo, le hizo una seña a David mientras se levantaba “Acompáñame, te tengo una sorpresa” dijo mientras caminaba hacia la puerta . Al asomarse a la puerta trasera vieron que afuera los esperaba un perro con pelaje café de un color sucio y apariencia desaliñada; pero la expresión en el rostro del animal era de pura felicidad. El abuelo se agacho, le rascó detrás de la oreja al perro mientras le decía a David “Llegó hace unos días a la puerta delantera, le di agua y comida. Ahora vuelve cada que se le da la gana, rasca la puerta y espera a que venga a darle de comer o simplemente a rascarle detrás de la oreja” El abuelo miro a David quien solo observaba al enorme perro pero no se movía. “Acaríciale sobre la nariz y luego ráscale detrás de la oreja. Nunca me ha mordido así que no hay de qué preocuparse”
 
David miro a su abuelo con un poco de desconfianza. En la manera en que había terminado su frase le hacía creer a David que lo inofensivo del perro era solo una creencia no un hecho; sin embargo decidió tomar el riesgo. El perro simplemente continúo con la lengua de fuera ajustando su posición solo para que David le pudiera rascar más cómodamente. Mientras le rascaba David noto debajo del pelaje algunos rasguños e incluso algo que parecía una mordida chueca en una de las patas.
Estaba frunciendo el ceño preguntándose qué le haría eso a un perro tan grande cuando su abuelo regreso con un bote lleno de agua y otro lleno de comida para perros. El perro sin más comenzó a comer e ignoro a ambos. “¿Lo habrá atacado un lobo? O ¿porque tiene esos rasguños?” le pregunto a su abuelo.
 
El abuelo se sentó en una de las sillas y destapo una cerveza antes de responderle al niño “No es el único perro que anda suelto en el bosque. Seguro se habrá peleado con alguno por comida antes de descubrir que podía venir aquí ¿verdad solovino?” encogio los hombros, sonrio y le dio un trago a su cerveza .
 
“¿Solovino? Así se llaman todos los perros de la calle, porque no le pones amm…oso o grizzy..” El niño se quedó pensando unos segundos, ningún nombre le parecía adecuado para el perro, lo miro comer esperando que el nombre adecuado le llegara a la mente.Entonces sonriendo dijo “ya sé, vagabundo, seguro viene de lejos”
 
El abuelo sonrio mirando al perro por largos segundos “Vagabundo le va. ¿Cómo ves perro? ¿Te gusta Vagabundo?” el perro le respondió con un resoplido en el agua. “Parece que si le gusta. Oye hijo, ¿te sabes la historia del lago?”
 
David se sentó en una silla a un lado del abuelo sin quitar la mirada del perro “No abuelo ¿hay una historia?” la realidad es que no podía creer que hubieran sido tan groseros como para no contarle la historia del lago, por eso le resultaba tan aburrido el lugar, porque no sabía que era un lugar especial. “ a ver”
 
El le dio otro trago a su cerveza antes de empezar “Dicen que hace mucho tiempo en el lago, justo en el centro, había una isla que servía de hogar a unas criaturillas mágicas, elfos les llamaban, ellos se encargaban de mantener el bosque sano, además de que iban de un lado a otro tallando los gruesos troncos de los árboles. Sin embargo nunca debían dejar el bosque del lago; pues la fuente de su magia estaba en esta isla. Los elfos eran felices teniendo como su reino el bosque y todo lo que vivía en él. Pero el mundo alrededor sufría por la falta de color y magia. Una criatura en especial que era vieja y malhumorada, odiaba el tener que vivir en la orilla del bosque, pues el mundo más allá era árido y sin vida” El abuelo se vio interrumpido por la mamá de David que salió a decirle a David que era tarde y debía dormir. El abuelo miro al niño que suplicaba que terminara la historia. “Terminare la historia mañana. Pero hoy para que te canses, vamos al lago, a lo mejor logras ver la isla en el centro del lago”
 
La madre de David no se veía especialmente contenta con la decisión pero solo dijo “llévate una chamarra muchacho, y mucho cuidado con que se te desbalague Papá”
 
El abuelo asintió mientras sonreía. Se terminó su cerveza de un largo trago antes de empezar a caminar hacia el lago.
 
Unos minutos más tarde se encontraban caminando los tres hacia la orilla del lago; Vagabundo, El abuelo y David. Durante la caminata el abuelo le señalo varios árboles de tronco grueso que tenían formas muy peculiares, algunas hasta parecían intencionales. Le comento como esos troncos que habían sido tallados por los elfos del lago eran de los pocos vestigios que quedaban que alguna vez estuvieron aquí. Mientras caminaban Vagabundo parecía haber perdido toda semblanza del perro amistoso que estuvo junto a la casa. Se adelantaba con paso certero, volvía frente a ellos como determinando la mejor ruta para llegar al lago. Había momentos en los que el perro ni siquiera era visible en la noche , la única señal de que andaba por ahí era el ruido de hojas quebrándose bajo sus patas.
 
Una vez llegaron a la orilla del lago David miraba el brillo etéreo de la luna en la superficie, le costaba trabajo ajustar sus ojos ante tanta luz. Pero él se imaginaba una isla en el centro del lago. La isla desprendía luz propia lo que le hacia parecer que estaba llena de vida contrastando aún más con el retorcido tronco que salía del lago justo al lado de ella. David sabia bien que esto no era más que su imaginación jugándole bromas.
 
Su abuelo miraba el lago con el entrecejo arrugado, sin embargo su rostro no registraba enojo si no la profunda concentración de quien está buscando algo sin lograr encontrarlo. Dio algunos pasos tentativos hacia el lago y se detuvo con la suela de su zapato apunto de tocar el agua. El enorme cuerpo de agua parecía un espejo perfectamente liso, ninguna ola u onda se desplazaba sobre el dándole la sensación de ser más plata que agua; mas espejo que lago.
 
Fue entonces que David noto la falta de una sensación de viento en el ambiente. Hacia más frio de lo normal la sensación estaba permeada con olor a muerte. Era la misma sensación de frio que solo se encuentra en refrigeración artificial. No se escuchaba el sonido de animal alguno como si de pronto todos hubieran decidido dormir, o peor aún, como si todos hubieran decidido que algo demasiado peligroso caminaba en el bosque durante la noche. David entrecerró los ojos buscando algo en la distancia pero el fulgor de la luna le daba un aire místico a todo, incluso ahora le costaba trabajo ver el árbol retorcido en el centro del lago. Después de mucho esfuerzo los ojos le comenzaron a doler por lo cual decidió buscar a vagabundo en la espesura del bosque donde la luz era menos agravante.
El perro no era visible sobre la orilla del lago asi que debía buscarlo en el bosque. David estaba a punto de ir a buscarlo bosque adentro cuando el abuelo le puso su enorme mano en el hombre y dijo “Es hora de volver o tu mamá me va a regañar por desvelarte” había una intención de humor en la voz del abuelo que el niño no terminaba de creer, como si fuera un intento por calmarlo cuando el único nervioso era el mismo viejo. Los pensamientos del niño comenzaron a perderse en las especulaciones de que tendría al abuelo tan tenso cuando vagabundo apareció a su lado, con la lengua colgando formando una sonrisa canina que casi logra evitar que note el exagerado sonido de las patas del perro, como si se quisiera hacer notar.
 
Entre empujones de vagabundo y el abuelo señalando todos los troncos que las criaturas mágicas de lago habían tallado, el regreso fue ameno logrando que poco a poco la tensión que por momentos había agobiado a David junto al lago fuese desapareciendo hasta convertirse en solamente una difusa memoria de la noche.

Al día siguiente David bajo a la cocina emocionado por volver a ir a investigar le bosque con el abuelo.
 
El abuelo se encontraba preparando el desayuno cuando vio al niño entrar corriendo a la cocina, sonriendo sirvió un plato que puso sobre la mesa junto con un vaso de plástico lleno de jugo y se sentó junto a David mientras mordía una pieza de tocino.
 
David miro al abuelo sonriendo “¿Me contaras más dela historia?” le dijo mientras lo observaba atentamente dar un largo trago a su taza de café. Los ojos del viejo encontraron la mirada del niño sobre el borde de la taza como considerando si debía contarle el resto de la historia.
“¿Recuerdas donde me quede anoche?” le pregunto el abuelo mientras caminaba hacia la puerta para abrirla y dejar que vagabundo entrara. El perro cruzo el umbral con una expresión de felicidad plasmada en el andar pues el hocico lo tenía muy ocupado con un hueso. Cruzo la cocina hacia David para luego proceder a echarse bajo su silla.
 
“Estabas apunto de contarme sobre una criatura malhumorada que vivía en la orilla del bosque” Dijo David antes de tomar un gran bocado de su plato.
 
“Ah sí. Esa criatura era antigua, incluso más antigua que la más vieja de las criaturillas mágicas del lago, simplemente se le conoce como el antiguo. Era enorme con una piel amarillenta que se agitaba en el viento como humo, sus ojos eran profundos vacíos de color negro, aunque más que ser negros parecían dos agujeros que se perdían en la nada. La luz y magia de los elfos le causaba grandes molestias pues le quemaba la piel además de ser un recordatorio de todo lo que jamás podría tener. Furioso, pues su reino se encogía cada que los elfos crecían en número, se alejaba de las orillas del bosque vagando en las desoladas tierras buscando un nuevo hogar que le ofreciera la misma comodidad que el bosque que le habían arrebatado.” El abuelo se sentó de nuevo, tomo otra tira de tocino que mascullo antes de señalar por la ventana le bosque “Pero el brillo del bosque siempre le recordaba lo que se le había robado. Durante su vagar, descubrió a otras criaturas que vivían en la desolación, duendes oscuros. Les hablo del bosque y de todos los tesoros que escondía en su interior, la abundancia de comida y agua. Los duendes de dientes afilados, colas despellejadas y actitud violenta, empezaron a escuchar cada vez con más atención. Poco a Poco, más y más de estas pequeñas sombras se fueron uniendo a la antigua criatura a escuchar sus historias. Emocionados por llenar sus barrigas de deliciosas frutas y vivir en un lugar cálido decidieron unirse a la causa del antiguo. Armado con un ejército a sus espaldas aquel enorme monstruo decidió tomar lo que por tanto tiempo se le había negado.”
 
El abuelo se levantó para servirse una taza de café. Mientras servía observaba por la ventana el lago que a lo lejos brillaba reflejando el sol “La pelea duro largos días y noches. Los elfos unidos a los animales del bosque lucharon contra los duendes y el antiguo. Los duendes eran violentos pero tontos este defecto hacia que sus números, aunque increíbles, no les permitieran en verdad causar daños considerables a las fuerzas de los elfos. Cada victoria llenaba de esperanzas a los habitantes del bosque. Pero el antiguo nunca tuvo la intención de que sus malvados esbirros causaran daño real, los eligió porque eran capaces de darle paso al ser inmunes a la barrera de magia. Así que cuando los duendes lograron abrir la barrera el antiguo se abalanzo hacia el bosque y cruzo los límites. Una vez que cruzo la barrera ni los animales ni los elfos eran capaces de detenerle mientras esparcía la muerte y destrucción a cada paso que daba. Desesperados por evitar su avance lo llevaron hasta el lago. Ahí la enorme bestia los enredaba en sus siempre cambiantes garras y los arrastraba a las profundidades. La batalla no lograba distraerle lo suficiente, sentía el pulso de la fuente de toda magia a su alcance; hecho que lo hacía anhelarla más a cada instante”
 
Los elfos usando sus habilidades congelaron el lago para poder atraparlo; pero detenerlo no era lo mismo que contenerlo. Su influencia seguía expandiéndose matando todo lo que alcanzaba. En un último acto desesperado usaron el poder de la isla para crear un sello mágico en el lago. Era tal el poder de la bestia que el poder requerido para detenerla una vez que había cruzado la barrera requirió destruir el corazón del bosque liberando la magia hacia todos los rincones del mundo en una enorme ola. La ola de magia corrió sobre valles, colinas y más allá del borde del bosque, a su paso todo reverdecía y cobraba color, no era el color intenso del bosque de aquellos tiempos pero aun así la vida parecía haber llegado de pronto al mundo más allá del bosque. El antiguo al ser asaltado por la ola de magia sintió el hielo del lago colarse en sus venas; aprisionándolo hasta adormecerlo en el fondo. Fue este desesperado acto el que terminaría dejándolo sin acceso al poder que siempre había dominado. El destino de los elfos estuvo sellado en ese momento pues sin su magia, con el paso de los días, los meses y los años, fueron desapareciendo, hasta que no quedo más que el bello arte que dejaron en el tallado de los árboles.”
 
David estaba tan atrapado por la historia que había dejado una pieza de tocino sola sobre su plato, lo cual resultaba sorprendente si tomamos en cuenta que el tocino era su comida favorita. El niño miro a su abuelo que no volvía la mirada de la ventana, solo daba largos tragos a su taza de café. Si hubiera sido un niño más observador habría notado que los nudillos de la mano libre del viejo se habían tornado blancos ante la fuerza que ejercía sobre ellos. Pero solo notó que Vagabundo había dejado de morder su hueso pero miraba al abuelo con una intensidad que no había demostrado hasta ese momento. Tratando de liberar la tensión le rasco detrás de la oreja mas el perro parecía una estatua, ni siquiera dio señas de notar que lo estaba tocando. Un poco confundido por la falta de atención del perro y el viejo, tomo su plato y lo dejo caer en la tarja. Tuvo el efecto deseado pues libero toda la tensión de la habitación devolviendo al abuelo y vagabundo al momento.
 
Esa tarde David, Vagabundo y sus padres fueron a pasear por el bosque aprovechando la excursión para cruzar el lago en una pequeña lancha de madera que el abuelo tenia. Él quería preguntarle al abuelo ¿qué habría pasado desde entonces con el antiguo? ¿Cómo había la historia llegado a sus odios? ¿Quién había contado la historia por primera vez? Se imaginaba una batalla de proporciones gigantescas, llena de luces y sonidos estruendosos provocados por el choque de ambas fuerzas. Eran estos pensamientos los que afanaban su curiosidad por saber más acerca de aquel evento que definió al mundo. Sin embargo esa tarde solo le trajo tranquilidad, incluso los colores parecían mudos bajo el nublado cielo que los acompaño durante toda su travesía. Después de una tarde excesivamente tranquila que corrió el riesgo de tornarse aburrida volvieron a la cabaña. El abuelo se encontraba tallando un pequeño trozo de madera. David se acercó curioso por ver que estaba tallando.
El abuelo al verlo acercarse le mostro su avance. “Me inspire en todo lo que vimos ayer en los troncos. ¿Te gusta?” le dijo mientras le ponía en las manos la figurilla de madera.
 
David sonrió al sentir la figurilla en sus manos. La movió entre sus dedos disfrutando la sensación de la madera en su mano. El peso le daba una sensación de certeza a la figurilla y las formas despertaban su curiosidad. “¿Pero que es?” pregunto David al no poder ponerle un nombre a lo que tenía en las manos.
 
“Un amuleto.” Contesto el abuelo que ahora se encontraba absorto con la mirada perdida en el lago, justo como aquella mañana durante el almuerzo.
 
Al atardecer la lluvia comenzó a tomar fuerza. David se vio obligado a mantenerse en el interior de la cabaña anhelando poder explorar aun mas el bosque. A pesar de estar todos juntos el abuelo se la paso en la pequeña área de trabajo que tenía en la parte trasera de la casa. Vagabundo lo acompaño durante toda la tarde hasta el anochecer y David de vez en cuando iba a ayudar llevándole alguna herramienta o simplemente rascándole detrás de la oreja al enorme can.
 
El fuerte golpeteo del agua en las ventanas arrullo a David esa noche. Sería la lluvia también la que más tarde lo despertara, pero esta vez no el agua tocando en su ventana, sino un trueno que parecía un rugido capaz de llenar todos los vacíos en kilómetros a la redonda. David se encogió debajo de sus cobijas y cerró los ojos esperando a que la sacudida desapareciera. Pero su paciencia en la oscuridad no fue recompensada pues aunque el sonido ya no ahogaba su respiración el seguía sintiendo su corazón sacudirse violentamente dentro de su pecho. Se armó de valor, tomo un respiro profundo y asomo desde debajo de la cobija.
 
El cuarto se encontraba sumido en la penumbra pero el brillo de la luna reflejado en el lago le daba una luz etérea a todo lo que tocaba. Poco a poco fue saliendo de la cobija y con extremo cuidado bajo de la cama. Atravesó el cuarto, luego el pasillo y llego a la cocina donde el viento azotaba una y otra vez la puerta contra su marco, en una noche silenciosa el ruido habría despertado a todos pero en una noche de tormenta aun a esta distancia era apenas perceptible. Se asomó al pequeño descanso afuera de la puerta y noto el espacio vacío donde habían estado las botas del abuelo. Miro alrededor del bosque esperando ver al abuelo cercas de la cabaña, pero nada se movía en la oscuridad que creaban los incontables árboles.
 
Temeroso paso saliva y decidió volver al cuarto y esperar a la mañana para que el abuelo volviera. Corrió como huyendo de las sombras, subió a la cama en un salto fluido y se enredó en las cobijas más rápido de lo que jamás lo había logrado. Después de segundos, que parecieron horas, de estar completamente cubierto, asomo un ojo entre las cobijas y miro hacia la ventana. Miraba más allá del cristal y veía la luz cambiar de intensidad en destellos, intentaba en vano girarse y perder la mirada en la oscuridad, Era como si estuviera atrapado por las repentinas explosiones de luz casi mágica que permeaban todo el bosque en su ventana.
 
David estaba seguro de que habían pasado horas cuando por fin dejo la cobija caer de sus brazos y volvió a bajar de la cama, con pasos tentativos camino hasta el armario y tomo su abrigo con capucha, se lo puso con la ceremonia de quien se viste en su mejor armadura, sobre ella puso su impermeable y con una aparente convicción que su corazón no sentía bajo a la cocina. Tomo sus botas y las amarro, o lo hizo después de varios intentos en los que sus dedos temblorosos fallaban, zapateo esperando que el ruido despertara a sus padres y lo detuvieran mientras al mismo tiempo deseaba en el fondo de su corazón que no lo hicieran para que su aventura no se viera mermada.
Con paso certero David cruzo el portal de la puerta trasera. Si hoy tuviera que describirlo diría que fue como si hubiera atravesado una puerta a otro mundo. El bosque parecía de pronto haberse alumbrado por una luz plateada interrumpida solo por una enfermiza luz amarilla que se movía por el bosque liberando destellos repentinos dándole una apariencia espeluznante al bosque. Tomo largos respiros esperando armarse del valor necesario; no quería hacerlo pero algo en su interior le decía que debía. Pensó en volver cientos de veces en el espacio de unos segundos, de envolverse en la cobija a esperar que la noche pasara. Puso su mano en el marco esperando que algo lo devolviera a la cabaña, alguna señal que lo despertara de nuevo en su cama, pero su espera no dio frutos. Convencido de que avanzar era la única opción comenzó a andar hacia el lago. Instintivamente sus manos fueron a sus bolsillos y su cabeza trataba de esconderse entre sus hombros, como si hubiera alguna manera de hacer menos llamativo un impermeable amarillo canario con el simple cambio de postura. Dentro de sus bolsillos sintió una figurilla redonda y suave, la apretó como si quisiera exprimirle una razón para seguir andando bajo la lluvia mientras se adentraba paso a paso en el bosque.
 
En su andar David veía sombras abalanzarse sobre él solo para desvanecerse centímetros antes de tocarlo. Cada que las sombras se volvían especialmente las evadía moviéndose repentinamente hacia los árboles o donde lo bañara la luz de la luna. Estaba tan enfocado en mantenerse alejado de estas sombras que sin notarlo se encontró repentinamente en un pequeño claro en medio del boque. Se frenó al sentir sobre sus botas el agua helada de un arroyo que atravesaba el pequeño descanso. Miro a su alrededor buscando alguna señal que le dijera que no estaba perdido o hacia donde debía seguir pero el bosque no daba respuesta alguna. Cuando su mirada volvió al frente noto que un enorme bulto de sombras con un solo brillo rojo en el centro se empezaba a levantar frente a él. David sintió el corazón atascarse en su garganta y un grito silencioso le partió los labios. La sombra parecía abrir una enorme y voraz boca cuando un aullido lleno la noche.
 
David no tuvo tiempo de reaccionar, pero sintió el aire envolverlo en una ráfaga que terminaba con el aliento dejando sus pulmones cuando golpeo con el pecho algo peludo y suave. Sus manos instintivamente se aferraron al pelaje de la bestia sobre la que estaba deseando con cada centímetro de su ser que acabara todo. Entre gruñidos, el corte del viento y un sonido que parecía un gutural rugido nacido de una bestia hecha de pellejos y sangre, se sostuvo con todas sus fuerzas. Solo quería que todo pasara, quería volver a su cama y olvidar la noche. Estaba tan envuelto en sus pensamientos que apenas se dio cuenta cuando por fin todo se calmó.
 
Abrió los ojos lentamente dejando que estos se ajustaran a la nueva luz que bañaba el claro hasta que noto que se encontraba a salvo sobre Vagabundo. Tal vez sería solo el efecto de la oscuridad mezclada con la adrenalina pero el niño podía asegurar que la enorme bola de pelos era incluso más grande de lo que el recordaba. Cuando pudo despegar la mirada del animal que montaba miro al otro lado del arroyo donde logro ver una sustancia oscura que burbujeaba mientras era lentamente consumida por la tierra. Vagabundo se echo para dejarlo bajarse de su lomo. No entendía lo que sucedía pero buscando algo de familiaridad le rasco detrás de la oreja al enorme cazador cuando por fin estuvo en el suelo. Movimiento en la orilla de su mirada le hizo girar buscando que había sido, mientras buscaba en la lejanía la fuente de la luz amarillenta que lo había traído hasta aquí parecía moverse con especial celeridad. Un enorme destello, que parecía estar no muy lejos, los cegó por unos segundos provocando que parpadeara tratando de reajustar sus visión. Vagabundo dio un par de pasos, giro la cabeza y miro a David, para el niño pareció una eternidad pero apenas habrían pasado unos segundos cuando el enorme perro se acercó, se echó a un lado de nuevo y espero a que David volviera a montar su lomo.
 
Segundos más tarde volaban entre los árboles y la oscuridad. La luz amarillenta se hacía más visible y los destellos ahora tenían un matiz de calor. Apenas tuvo David tiempo para registrarlo cuando la luz amarillenta inundo su vista a la par que con un ladrido, que parecía mas una embestida, Vagabundo irrumpió en otro claro.
 
Cuando los ojos del niño por fin se ajustaron no podía creer lo que veía. Una enorme criatura hecha de humo verdoso con dos vacíos donde deberían estar sus ojos, extendía su garra hacia al cielo para luego azotarla violentamente. El abuelo bloqueo el golpe con un hacha de mano provocando uno de aquellos destellos que habia visto durante toda la noche. Entrecerró los ojos para poder ver más allá de la enfermiza luz que despedía la enorme criatura humeante y noto que el mango de madera del hacha estaba tallado con incontables figuras y formas que se asemejaban a las encontradas en los árboles, aquellas que su abuelo había mencionado eran marcas de los elfos.
 
El niño fue devuelto a la realidad cuando la garra de la bestia se elevó amenazante una vez más preparándose para la ofensiva. La bestia atacaba y otra vez buscando romper la defensa del abuelo. Resultaba sorprendente ver al abuelo evadir cada ataque, mostrando una impresionante agilidad que no correspondían a su edad y figura. La bestia rugía en su desesperación por no poder asestar ningún golpe. El abuelo blandía el hacha como un verdadero maestro pero la forma fluida de la bestia siempre se ajustaba para esquivar cada ataque. Ninguno lograba causarle gran daño al otro, pero era claro que el abuelo sería el primero en ceder. Pues algunas gotas de sudor empezaban a hacerse visible en su frente presagiando su inevitable derrota ante el cansancio y luego, ante el demonio de humo.
 
David noto que Vagabundo se ajustó de tal manera que le permitía bajar de su espalda. Rápidamente salto de la espalda de la enorme bestia entendiendo que era necesario aligerar la carga del animal. Tan pronto sus pies habían tocado el suelo sintió el aire arrebatarse a sus espaldas cuando Vagabundo se abalanzo hacia el enorme monstruo de humo.
 
Ambos, el abuelo y Vagabundo, parecían llevar una danza perfectamente coordinada que obligaba a la enorme nube de humo a retroceder para poder buscar pequeñas aperturas donde pudiera atacar, pero estas eran apenas instantes que se desvanecían cuando le obligaban a volver a su posición defensiva. David los miraba luchar con mucha atención pero aunque quería hacer algo se encontraba completamente congelado con los pies fijos en la dura tierra del claro. Cada respiro le requería un esfuerzo consciente tal era el efecto sobre el que cada ataque que parecía demasiado certero por parte del enemigo debía de nuevo retomar el ritmo de su respiración.
 
En su absoluto trance logro verlo apenas un instante antes, pero ahí estaba, el error. Vagabundo mordió una fracción de segundo antes y el abuelo dio un paso de más hacia la derecha. Ese conjunto de errores fue todo lo que la enorme criatura necesito para poder sacudir su mano y enviar al abuelo contra un árbol a la vez que lograba atrapar a vagabundo bajo sus enormes garras. El hacha cayo de la mano del abuelo como si de pronto hubiera perdido toda fuerza para moverse; mientras vagabundo rugía y gruñía a la par que se sacudía bajo la enorme garra humeante que poco a poco se hundía en la tierra. 
 
La nube de humo, como un depredador que disfruta la agonía de su presa, se acercó y miro detenidamente a vagabundo mientras debajo de sus ojos se abría un vacío lleno de dientes serrados; de cada diente goteaba una sustancia morada y burbujeante que siseaba al golpear la tierra dejando profundas marcas negras. Tal era el placer de la bestia al saborear el dolor de vagabundo que nunca noto cuando David, con un rostro inexpresivo y los ojos velados por alguna fuerza más allá de su conocimiento saco de su bolsa la pequeña figura tallada y la arrojo hacia la bestia. Durante estos cortos segundos David se sintió prisionero de su propio cuerpo, pudo ver como su cuerpo se movía, incluso verlo acercarse al enorme demonio, pero dentro de su mente el gritaba que se detuviera, que corriera, que todo estaba perdido, mas su cuerpo como por inercia realizaba cada acto desobedeciendo completamente su voluntad.
 
El gesto era tan insignificante y desinteresado que habría parecido hasta cómico a algún espectador. Sin embargo al hacer contacto la figurilla con la forma humeante del demonio, una explosión de luz plateada baño el claro al mismo tiempo que un enorme aullido mezclado con un grito de dolor completamente inhumano ahogó todos los sonidos de la noche. La garra que detenía a vagabundo contra el suelo poco a poco fue borrada por la lluvia. La bestia en su dolor sacudía los vestigios del brazo que la figurilla había destruido ignorando completamente al perro y al viejo. Vagabundo usando los momentos que le daba la distracción tomo la camisa del abuelo por el cuello mientras lo arrastraba para alejarlo del campo de batalla. El niño aun prisionero de su propio cuerpo corrió hacia la bestia, recogió del suelo la esfera de madera, se deslizo sobre el lodoso suelo bajo la bestia, tomo el hacha y, en un movimiento fluido e irreal, la blandió un par de veces obligando a la aun confundida bestia a retroceder mientras Vagabundo alejaba al abuelo.
 
La criatura retrocedió hasta perderse entre los arboles dándole a David la oportunidad de volver a donde vagabundo escondía al abuelo. El viejo parecía haber recobrado la conciencia y trataba de enfocar la mirada con constantes parpadeos. Una vez que el mundo parecía haber dejado de girar para el anciano, se levantó titubeante usando a vagabundo y el ancho tronco de un árbol como soporte, miro a David por largos segundos, considerando las opciones existentes para deshacerse del niño. El entrecejo lleno de preocupación pronto fue reemplazado por la convicción y rompió el silencio “Lleva la figurilla de madera al lago, asegúrate de dejarla en el pedestal de la isla..”
Al escuchar esto David intento decirle a su abuelo que la isla no estaba en el lago pero el abuelo solo levanto la mano y continúo.
 
“Ahí estará, debes ir solo y hazlo rápido. Vagabundo y yo no podemos resistir mucho contra la criatura” Sin más se giró y camino hacia la luz amarillenta que se movía por el bosque. Vagabundo le dio un pequeño empujón a David con el hocico y siguió al abuelo. Ninguno se giro a ver al niño nuevamente, con su convicción le habían robado a David todo derecho a réplica.
 
David se quedó parado en la oscuridad sintiendo como todo el calor de su cuerpo lo dejaba al darse cuenta de la encomienda que su abuelo le había dado. La saliva le resultaba espesa como la miel pero amarga como la hiel. Pudieron ser minutos u horas, en la memoria ahora parecen indistintas lo que es seguro es que David recuerda la oscuridad y soledad que sintio en esos momentos. No fue inmediata su decisión pues su cuerpo aun parecía estar bajo el control de otro. Movio sus dedos tentativamente y al sentirse de nuevo dueño de su destino comenzó a moverse. Despacio y con cada paso desechando la duda, empezó a correr hacia el lago mientras los destellos de luz enfermiza se volvían poco a poco más constantes. Esta vez no se sentía prisionero, el frio del ambiente le cortaba el aliento pero pensar que si no era lo suficientemente rápido le costaría su abuelo y vagabundo le hacía un hoyo en el pecho; un hoyo con el que no quería vivir.
 
David salió del bosque y se encontró en la orilla del lago. Como la noche anterior el lago no daba señas de movimiento alguno, la luz de la luna lo hacía parecer un espejo. Tentativamente David dio un paso hacia el agua. Se sorprendió al notar que su pie nunca rompió la superficie del agua al contrario sintió luna superficie sólida. Toco con su mano la superficie del lago y sintió el frio recorrerle toda la piel. No era hielo, se sentía más como un metal ausente de toda vida. Tomo dos largos respiros y sin pensarlo comenzó a correr hacia donde había visto el retorcido tronco del árbol en el centro del lago.
 
David no recuerda cuanto corrió pero recuerda que de pronto sintió la inclinación del suelo cambiarlo cual provoco que se tropezara. Recuerda que rodo varias veces hasta que golpeo un tronco. Se levantó sacudiendo la cabeza, miro a su alrededor y noto que estaba en un pedazo de tierra justo en el centro del lago. La colina ligeramente se elevaba hasta alinearse con la luna y hacer parecer que esta descansaba justo en la cima. Tratando de orientarse miro hacia atrás. Vio como la luz amarillenta ahora no flaqueaba se mantenía como un fulgor constante. Asustado comenzó a correr hacia la cima. Al llegar, vio que lo que había confundido con la luna era una esfera de color plateado que brillaba con luz propia y justo en el centro una pequeña cavidad esperaba silenciosa.
 
David tomo la figurilla tallada de su bolsa, con la mano temblorosa se apoyó en la enorme esfera y despacio coloco la figurilla dentro de la esfera. El enorme artefacto libero un brillo intenso, la sorpresa lo obligo a dar varios pasos hacia atrás hasta que una piedra lo hizo tropezar. Rodo colina abajo esperando siempre golpear la superficie fría y sólida del lago, pero fue recibido por la humedad del agua. Le tomo varios segundos notarlo, pero la inercia de su cuerpo tratando de buscar la superficie pronto le dio el aviso de que lo que había sido una superficie sólida y plateada ahora era el frio lago que el había conocido. Manoteo y manoteado tratando de llegar a la superficie pero las sombras se enredaban en sus piernas jalandolo hacia el fondo. Trato de gritar para que alguien acudiera a su ayuda pero el agua se coló en sus pulmones ahogando todo grito de ayuda. Cuando su cuerpo comenzó a darse por vencido logro ver un enorme destello de luz amarilla cubrir el cielo y , sin más fuerzas en su cuerpo decidió entregarse a la oscuridad. Él era solo un niño.
 
Lo despertó el canto de los pájaros. Abrió sus ojos lentamente, miro a su alrededor un poco desorientado tratando de hacer sentido de su ultimo recuerdo y la imagen del mundo a su alrededor. Le tomo algunos momentos reconocer que se encontraba en la habitación que servía como su cuarto en la vieja cabaña del abuelo. Sacudió la cabeza tratando de recordar que había pasado a lo cual su mente respondió inundando sus pensamientos de memorias. Aturdido por el repentino flujo de pensamientos trato de bajar de la cama a prisa. Cuando sus pies colgaban de la orilla sintió algo y al asomarse se dio cuenta que Vagabundo estaba echado al pie de la cama. El niño salto sobre Vagabundo, abrió el armario esperando encontrar un espacio vacío pero encontrando en cambio ese espacio ocupado su abrigo, seco y sin mancha alguna. Incrédulo aun ante la disonancia entre lo que el aseguraba había vivido la noche anterior y lo que estaba viendo, metió la mano en la bolsa. Al sentir el pequeño bulto se sintió aún más confundió, saco de la bolsa la figurilla que su abuelo había tallado para él. Era necesario darle algo de sentido a sus memorias y la realidad así que bajo corriendo en busca de su abuelo, seguro el abuelo recordaría algo.
 
En la cocina el abuelo se encontraba volteando unos huevos fritos mientras mantenía un ojo en los panqueques que se encontraban en otra sartén. Al escuchar los pasos se giró y le sonrió a David “Buena tormenta eh? Ayudan a dormir con la frescura”
 
Ese día David y sus padres volvieron a casa por la tarde. Todo el día David busco señales de que algo habría cambiado después de su épica batalla con aquel demonio hecho de humo. Todas sus búsquedas fueron en vano. Al paso de los meses los detalles de aquella noche se fueron perdiendo. Incapaz de obtener ninguna evidencia el niño fue dejando que esas imágenes se perdieran hasta que la historia de aquella noche se convirtió en solo un sueño. Aquel sueño se volvió una historia más de David, siempre la contaba mientras acariciaba la figurilla de madera y le agregaba algo de fantástico con cada relato, poco a poco se volvió una leyenda fantástica.
 
Tal vez si David hubiera sido más observador o hubiera pasado más tiempo con el abuelo habría logrado obtener evidencia de lo que sucedió aquella noche. Tal vez habría notado que el abuelo tenía un enorme moretón en la espalda y un costado, que la herida del costado parecía una enorme garra y en la espalda fácilmente podría haber sido un impacto contra un árbol. Tal vez habría notado que Vagabundo cojeaba de una pata más de lo normal. Quizás habría podido notar que el hacha del abuelo bajo la luz correcta parecía haber sido tallada. Probablemente habría descubierto que en un pequeño cofre de madera tallada, en el fondo del lago, una pequeña piedra de color amarillento pulsante, poco a poco perdía su luz, como si se tratase del corazón de una antigua bestia que en una noche de tormenta habría dado su último aliento.
 
Quizás habrá sido todo verdad, quizás…

lunes, 26 de junio de 2017

Lo cotidiano

Algo tienen estas mañanas que sirven para construir las historias perfectas. Es de esas mañanas donde el viento frio solo desata melancolía. El viento es lo suficientemente fuerte como para recordarnos que no somos más que hojas en el violento curso del universo pero a la vez es una caricia que nos recuerda que nuestro corto viaje puede ser placentero. Una de esas mañanas donde el café llena el ambiente de su aroma y por fracciones todos nos damos cuenta que el caos del mundo es perfecto en su existencia. A pesar de lo grandioso de estas palabras, no todas las historias se escriben en escenarios grandiosos con príncipes y dragones, con héroes y sangre. Existen historias como esta, historias que ocurren en lo privado de la mente de una persona, en la simpleza de un viaje de la mañana, en lo profundo del alma.

Él es un contador en una firma de renombre. Es un hombre de familia, felizmente casado y con dos hermosas hijas por las cuales, aunque él nunca lo piense, mataría. Vive bien y es feliz. No es el hombre promedio, es un poco más en lo meramente numérico. Esta mañana se despertó, se vistió sin ceremonia, bajo a preparar el desayuno, beso a su esposa y salió con una sonrisa en su rostro. El frio de la mañana le obligo a pasar por un café antes de abordar el transporte. La bebida le calentaba las manos y el pecho y era en ese pequeño instante, mientras cambiaba el calor del café por el frio viento que le llenaba los pulmones, que él se daba cuenta que la vida tiene algo de hermosa en su cotidianidad.

Ella es una estudiante de medicina. Vive con la compañía de su perro y de vez en cuando visita a sus padres en las afueras de la ciudad. Le gustaría trabajar, pero su carrera la consume totalmente, es raro cuando puede hacer más que sacar a correr a su pastor alemán. Esta mañana se levantó tarde, salió corriendo de la casa con una dona entre los dientes y atándose el cabello en una coleta de caballo y su mochila golpeándole el trasero con cada paso. No noto lo tonto que había sido salir sin suéter hasta que estaba ya cercas de la parada del transporte. Decidió resguardarse del frio en la cafetería local, para evitar vergüenza se compró un americano descafeinado, no es aficionada al café y espero a ver el transporte cerca de la parada antes de salir de la cafetería y correr directo al resguardo del autobús.

Ella tomo un asiento en la parte de atrás, su viaje es largo y prefiere evitar el constante choque de cuerpos que conlleva el estar cercas del frente. Acomodo su café entre sus piernas y tomo su libro para distraerse en el largo viaje.

El espero a que todos subieran al autobús, nunca lleva prisa y le permite beber un poco más de su café. Subió lentamente, sonrió al conductor y busco un lugar vacío. Se sentó a un lado de ella y estaba a punto de saludar cuando noto que ella leía y prefirió no molestar. Él sabe bien que no hay nada peor para alguien que lee, que alguien que quiere platicar.

La historia terminaría aquí y sinceramente nada será diferente por lo que está a punto de suceder, pero aun así hay historias que se cuentan simplemente porque deben ser contadas.

Ella comenzó a sentir el mareo de leer en movimiento, le resultó extraño ya que suele leer constantemente en el autobús. Cerró su libro y sacudió la cabeza tratando de quitarse la sensación de malestar. Fue entonces que notó que él veía su libro, sus ojos se cruzaron por un segundo y ella le sonrió para evitar verse grosera o muy distinta. La gente ya tiene suficiente indiferencia de los demás como para ella sumarle más de eso al mundo.

El había leído ese libro ya hacia algunos años. Era un buen libro, siempre le llamo la atención lo profundamente filosófico de las actitudes del personaje principal. Estaba recordando eso cuando subió la mirada y accidentalmente la cruzo con la de ella. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Antes de que pudiera siquiera procesar lo que pasaba sus pensamientos se le adelantaron a los labios y le pregunto en que parte se encontraba del libro. Ella sonriendo respondió.

¿Tendría el alguna intención más allá de la plática? ¿Debería solo responder y girarse para evitar la conversación? Se lo pregunto y nunca se respondió. Le contesto en que parte del libro se encontraba y lo interesante que le resultaba el escenario planteado en el libro y su similitud con la vida cotidiana. Tal vez si lo hubiera pensado más se habría detenido ahí, pero su mente y su boca estaban en automático y poco a poco iba hablando un poco más y el con el mismo dinamismo respondía y preguntaba. Así pasaron los minutos en su viaje, conversando sobre el libro inicialmente y poco a poco saltando entre las ramificaciones a los que la plática los llevaba.

A él la plática le resultaba increíblemente interesante sin mencionar que la libertad de no conocer a la persona y poder emitir ideas sin siquiera poder imaginar cómo ve la otra persona el mundo le daba un factor de sorpresa a cada palabra que salía de su mente. El fijaba su mirada constantemente al frente para evitar incomodarla pero gesticulaba con las manos y volteaba a verla sonriendo cuando algún dato gracioso los hacia coincidir. La justa verbal era entretenida y la malicia que suele instanciarse en las pujas de poder estaba completamente ausente. Sin darse cuenta una pregunta se movía en las sombras de su pensamiento, como ocultándose bajo la avalancha de filosofía, comedia y cotidianidad que corría por su mente. De pronto la noto, por una fracción de segundo, como una duda meramente ¿Cómo sería besarla?.

¿Cómo sería besarlo? La pregunta surgió por un instante y se desvaneció, como una mera muestra de curiosidad. Como quien se pregunta que habrá detrás de la puerta que es solo para personal autorizado o el querer saber que hay en la caja de regalo que los novios nunca abrieron. La pregunta se desvaneció ante lo cautivante de la plática y ambos seguían descubriendo en pequeños destellos quienes eran. Un chiste en el momento adecuado y ella empezó a reír.

Era una risa honesta y profunda, algo melodiosa incluso. Le daba color a su rostro, un rostro al que no le había prestado mucha atención pero bajo una mirada más cuidadosa se tornaba agradable, incluso atractivo. Sonrió y giro la mirada hacia el frente del autobús.

Ella termino de reír y lo miro sacudiendo la cabeza ante el humor de la situación. Qué curioso resultaba haber encontrado una compañía tan agradable en un momento tan cotidiano. Era un hombre agradable, alguien con quien podría pasar horas platicando, compartiendo cualquier cosa y siempre saliendo de la conversación una mejor persona. Exhalo ante lo ridículo del pensamiento no completo que se formaba en la orilla de su mente y se giró hacia la ventana aun sonriendo. Ella no sería la loca que se imagina una vida junto a él solo porque coincidieron en el autobús. Además, el anillo en su manó debería ser repelente suficiente para esas ideas sin mencionar que él nunca hizo un esfuerzo por ocultar el que estaba casado.

El espanta la ridícula idea de un beso profundo con la imagen de su esposa mientras juega con el anillo de bodas. Es una idiotez por supuesto, pero el pensamiento estuvo ahí un segundo y la naturaleza curiosa lo llevo a preguntarse si ¿con la misma facilidad que ignoro su parada hace dos estaciones por continuar la plática habría ignorado la promesa que hace años le hizo a su esposa? Todo es hipotético menos la respuesta, una rotunda negativa. Se despide sin jamás tocarla y toca el timbre para bajar e ir a trabajar. No mira atrás y la idea poco a poco se desvanece y no se vuelve más que un recuerdo tenue que en unos días habrá desaparecido.

Ella se despide y se queda sonriendo en el camión. Por un segundo considera buscar una manera más de estar en contacto usando la agradable plática como excusa. La realidad es que no es ni siquiera relevante y vuelve a abrir su libro. El será el extraño agradable que alguna vez conoció en el autobús, a su rostro e incluso los detalles de la plática, lo único que le quedara será la agradable posibilidad de que en el autobús se puede conocer a personas agradables.

La realidad es que las condiciones no eran las óptimas para que el amor duradero floreciera entre ellos. La realidad es que no se pierden de nada, pues el regresara y platicara con su esposa como todas las noches, probablemente le haga el amor y serán felices como siempre lo han sido porque él la ama y ella a él. El seguirá cuidando de sus hijas, crecerá profesionalmente y será feliz y será mejor persona. Su esposa será la compañera ideal y le dará retos intelectuales como siempre. No se ha perdido nada en la vida de él.

Ella conocerá a alguien que le ayude a completar todas sus metas de vida y con el cual tendrá largas platicas por la noche compartiendo copas de vino, una película o simplemente la noche. La vida seguirá y ella será tan feliz como el que más. A su vida no le habrá faltado nada.

Lo que si habrá pasado es que durante los minutos que compartieron en aquel autobús él fue de ella y ella de él. Serán solo recuerdos e incluso serán tenues e irrelevantes, pero en ese espacio de tiempo que ocurrieron fueron una gran historia. Hubo grandes preguntas que recibieron la misma respuesta que siempre recibirían, pero fue ahí en esos instantes que el mundo se volvió solo el espacio donde habitaban ellos dos. Tal vez algunos estemos en desacuerdo con la posibilidad de hacerse preguntas de la índole que ellos se hicieron, pero no podemos negar que al final del día, su calidad viene de la decisión que tomaron ante la pregunta.

Creación

Siempre se ha especulado sobre el nombre de quien lo inicio todo o el evento que lo inicio todo. La historia es conocida y sin embargo siempre ha sido tratada como un producto de la imaginación, como un enorme pedazo de ficción. Debe haber cierta paz en entender que el caos del universo en el que se vive es, de una manera irónica, el orden natural de las cosas. Mas no será esta desestimación de los eventos de la que hablemos hoy, hoy, como tantas otras veces, volveré a contar la historia y al final del día quedara a discreción del lector decidir como la trasmite o si decide dejarla en el olvido. Debo ser claro y advertir con antelación que no encontraran en estas palabras confirmación alguna de sus creencias o resultados de experimentación, hay que comprender que el propósito de la historia que están por leer es simplemente asegurarse que la historia en si nunca se pierda, se cuenta la historia por el bien de mantenerla viva y nada más.
 
Ellos se hacían llamar los artesanos, o al menos es la aproximación más cercana que existe en la actualidad, eran la raza al inicio de todo. Su verdadero nombre hablaba del poder creativo de sus manos, su aliento y su sangre. A diferencia de un narrador, como yo, que solo le da vida a imágenes en la mente del lector u oyente, ellos le daban vida a leyendas completas. De su aliento y sus manos nacían personajes, terrenos, eventos, colores y sonidos; le daban sentido al tiempo mismo. Eran Titanes en cuyos oscuros talleres se concebían vidas enteras llenas de fantasía y magia. La pasión por crear los guiaba. En sus mentes se engendraba la semilla de historias increíbles de las que más tarde sus manos moldearían el mundo y esos mundos les ganarían su título, su nombre. 
 
Crear era el centro de su existir, de su haber. En sus manos crear tenia uno y mil significados. Empezó con darle forma a la piedra y pronto se transformó en colorear el cielo e imbuir de intención las mareas, en construir mundos grandiosos que exceden la imaginación y tejer hermosas historias que jamás volveremos a contar. 
 
Largos días de trabajo desembocaban en largas noches de celebración cuya intención era la demostración de lo creado en ese día. Algunos presentaban leyendas que se repetían una y otra vez en pequeños mundos protegidos por una capa de cristal, otros presentaban nuevos matices a viejos colores y los plasmaban sobre la tierra y el cielo tiñendo la noche de mil tonos diferentes, había los que dejaban sinfonías completas ahogar el silencio y de la melodía nacían nuevas emociones en los corazones del auditorio, algunos presentaban nueva vida; fauna y flora que iban desde enormes aves con picos de jade y plumas de seda hasta hermosas flores cuyos pétalos hacían una hipnótica danza a cada caricia del viento. Los artesanos no vivían jamás una noche igual en su existir y su existir era eterno.
 
Incluso entre ellos había quienes no solo reproducían las técnicas de creación, si no quienes las llevaban a nuevos niveles y sus creaciones no tenían igual. No solo seleccionaban a quienes enseñarían sus nuevas técnicas y les ayudarían a crear sus más elaboradas obras, si no que eran respetados por todos los artesanos por su habilidad sin igual. Maestros y aprendices pronto formaban un gremio dentro del cual los artesanos afilaban sus técnicas y juntos pulían el arte de su especialidad. Pero los gremios eran celosos y exigían la dedicación incluso de seres eternos. 
 
El nunca encontró en su corazón la pasión por una sola de las técnicas y se movía entre un gremio y otro experimentando todo y dominando nada, se burlaban de él y lo llamaban el T’ZUNUN , colibrí, por su incapacidad para estar quieto y lo pequeño que resultaba su aporte a las hermosas artes de los demás.
Para T’ZUNUN nunca fue un insulto. El encontraba placer en descubrir poco a poco todo, el no creaba ni técnica ni obra singular, él lo mezclaba todo y dejaba que el curso natural le diera forma a las obras que sus manos decidían construir. Donde los arquitectos de mundos creaban terrenos con esculpidas y suaves superficies, el colibrí dejaba que el viento erosionara la piedra y le diera una forma salvaje y natural. Donde los Forjadores de sonidos calculaban cada nota con sublime perfección, T’ZUNUN dejaba que las nubes se llenaran de furia, agitaran al mar y juntos crearan una violenta sinfonía. Donde los tejedores de luz tomaban un color y fracción a fracción lo iban ajustando a cada superficie el creaba luz y la dejaba volar sobre todo tipo de superficies fragmentándose y lloviendo errática sobre todo. El caos no era apreciado en el haber de los artesanos y por ello las caóticas creación de T’ZUNUN tampoco le ganaban el favor de nadie.
 
El rechazo pronto lo llevo a disfrutar poco los festejos de las noches y con el paso de las noches se fue alejando y sus creaciones se almacenaban en su pequeño rincón de la existencia sin ser disfrutadas por nadie más que él. El colibrí había logrado introducir el caos a todas las creaciones menos a una. El arte de los que respiran vida, no tenía problema alguno creando una criatura y dejándola ser, pero era tan plano en su hecho, las criaturas existían y servían su propósito sin más, pero eran criaturas cuya intención había sido infligidas sobre ellas, se veía en sus cuerpos y en su andar. Pasaba días y noches enteras creando y destruyendo, se sentía insatisfecho con sus posibilidades. La frustración de su estancado progreso lo llevo a crear un mundo donde todo era violento existir, el mal luchaba con la tierra por espacio, el cielo los castigaba a ambos con vientos y truenos mientras la tierra escupía fuego al cielo y mar extendiendo su dominio, era su frustración con vida. Mas no lograba ningún progreso.
 
Sus noches más oscuras las pasaba mirando ese mundo luchar entre si y destruirse solo para volver a nacer. Sin saberlo dentro de él nacía una emoción oscura e intensa. Sus creaciones se volvían más y más erráticas. La disonancia en sus sinfonías más que inspirar emociones las ahogaba. Sus mundos nacían y en violentos instantes se reducían a esferas negras de fuego y cenizas. Sus criaturas nunca daban su primer aliento. La frustración crecía y crecía dentro de su ser. El poco a poco cambiaba. Su piel perdió el vibrante color de su pelaje. Sus largos y magníficos cuernos se volvieron gruesos y retorcidos. Sus manos de creador poco a poco fueron cambiando a las garras de un destructor. Su rincón de la existencia se volvió un lugar oscuro y lleno de olvido.
 
Por fin un día, ahogado en su frustración salió de su taller en busca de inspiración. Fue entonces que uno de los artesanos en un arrebato de burlón humor, decidió recordarle su apodo, T’ZUNUN. La palabra retumbo en su mente, el mundo perdió el color a su alrededor y un desgarrador sonido nació en su interior. Instantes más tarde, varios artesanos lo lanzaban de vuelta a su rincón mientras lo miraban con desprecio. Aun confundido por la emoción que lo había poseído se miró las manos y noto en ellas un líquido rojo que nunca había visto. Curioso entro a su taller y dejo el líquido caer sobre una de sus creaciones. La sustancia se mezcló con la tierra y por un instante esta tuvo voluntad propia y nacieron de ella valles y montañas de formas sin propósito, era el caos en la creación una vez más. Feliz con su descubrimiento esa noche celebro en su pequeño taller, celebro hasta quedarse dormido.
 
En sus sueños, una imagen horrible lo asaltaba. Una criatura nacida de la oscuridad lo perseguía atreves de la creación, rugía y sin decir una sola palabra, le amenazaba con cada paso y cada violento movimiento. Pronto llego a una orilla de la creación que nunca había visto, la oscuridad se extendía más allá del lugar donde él se encontraba y amenazaba con devorar todo lo que se adentrara en ella. Se giró atemorizado justo a tiempo para ver las garras de la bestia hundirse en su corazón mientras la bestia susurraba “ K’I’IK’ ” y le mostraba una garra llena del líquido que había visto en sus propias manos aquella noche.
 
Despertó con un sudor frio recorriendo su cuerpo. Sintió miedo, pero algo dentro de él le decía que había encontrado la solución a los dilemas de sus creaciones. Se negaba a aceptarlo, no podía ceder antes tal instinto. Largos días lucho contra la idea tratando de volver a recuperar sus capacidades creativas. Nada funcionaba. Cada día se hundía más en su frustración y sentía más fuertemente el llamado de la bestia. Los sueños eran cada vez más vividos y algunas noches él era la bestia, un pasajero de su cuerpo mientras este se dedicaba a perseguir indefensos artesanos hasta las orillas más oscuras de la creación. Cada noche despertaba sudando frio y con el terror cerniéndose en su corazón.
 
Una noche el sueño lo supero.
 
Despertó al día siguiente junto a un mundo lleno de caos, era hermoso sin dudarlo, pero era hermoso porque nada tenía intención, eran solo choques de elementos sin voluntad. Maravillado sonrió ante tal creación y entonces vio su reflejo en el océano de su creación. Sus dientes estaba llenos de K’I’IK’, sangre. El cuerpo se le enfrió ante el horror de entender lo que había ocurrido. Sabía que vendrían a buscarlo, sabía que debía temer aunque no sabía a qué, nunca antes había cometido tan atroz crimen ¿cuál sería la sentencia? 
 
La noche callo y sintiéndose un poco más seguro, sabiendo que los demás estarían festejando, decidió salir de su guarida, camino cauteloso y en cuatro patas entre las sombras del bosque muerto que era su territorio. El ruido de un grupo de caza lo obligo a esconderse entre las sombras mientras el grupo de artesanos, guiados por una bola de fuego que iluminaba el bosque, se movían buscando a su presa. T’ZUNUN sabía bien que lo buscaban a él, la herida en el brazo de uno de ellos era la impresión fiel de sus largos dientes de depredador. Su atención estaba consumida totalmente por la herida cuando de pronto la esfera de fuego se abalanzo violentamente en el aire y golpeo el suelo junto a él lanzando chispas y destruyendo los arboles a su alrededor. Los artesanos cruzaron su mirada con el colibrí y horrorizados ante su apariencia titubearon por un segundo, tiempo suficiente para que el colibrí se lanzara hacia el interior del bosque en frenética huida.
 
Le era imposible esconderse, cada que comenzaban a volverse densos los troncos secos de los árboles y ofrecer algún semblante de cubierta, la bola de fuego golpeaba el suelo destruyéndolos y evitándole cualquier semblanza de calma. El miedo se mezcló con frustración y desesperación dándole fuerza a las voces en su cabeza; estas le decían que huyera al borde, ahí donde la oscuridad difuminaba la creación y la convertía en menos que un sueño. Entre su lucha por la locura que le amenazaba con destruir su mente y la desesperación por huir de quienes le cazaban nunca noto que sus pasos le habían llevado hasta el borde de la creación, donde la oscuridad se estrellaba como un mar hambriento. Busco frenético una solución a su dilema y como respuesta vio la oscuridad partirse creando una cueva hacia sus entrañas, invitándolo a protegerse de sus enemigos. La esfera que lo había seguido tratando de evitar que se ocultara golpeo dentro de la boca de la cueva y la oscuridad retrocedió no sin antes extender un pequeño tentáculo que mancho la flama obligándola a apagarse poco a poco hasta que cayó al suelo y dejo solo una aceitosa mancha negra en él . Cuando los gritos de los artesanos por fin estuvieron demasiado cerca, T’ZUNUN se lanzó dentro de la oscuridad desesperado, y esta lo recibió como una madre protegiendo a su cría.
 
El colibrí no supo cuántos días, horas o segundos paso dentro de la oscuridad. Pero su tiempo ahí no fue placentero. La falta de luz y sonido lo hacían sentir perdido, el aire parecía demasiado delgado, desesperado araño su garganta tratando de dejar el aire entrar pero solo logro que sus pulmones empezaron a llenarse de un dulce olor, dulce pero enfermizo, un olor que se pegaba a la nariz y la asediaba hasta el hartazgo. Mientras el olor tomaba fuerza su respiración se volvió lenta y sus parpados se comenzaron a sentir pesados y su consciencia comenzó a divagar entre la lucidez y lo etéreo.
 
Ahí, entre sueños y lucidez, comenzó a escuchar voces que le hablaron del futuro. Le hablaron de como los artesanos lo destruirían ahora que sabían de lo que era capaz. Le hablaron de como su creación jamás vería la luz del día una vez que los artesanos encontraran su taller. Le hablaron de como el orden asfixiaría el caos y les daría un mundo sintético y sin pasión más allá de la que los artesanos pudieran sentir. El dulce olor de la oscuridad pronto le lleno también la mente y después el corazón. Las voces tenían razón, los artesanos destruirían todo lo que el creara con tal de jamás darle un lugar entre los grandes maestros sin importar cuan hermosas y únicas fueran sus creaciones. Durante días, horas o segundos, dejo la ira florecer en su interior, cuando la oscuridad por fin se abrió para dejarlo volver a la creación se vio a sí mismo en el charco aceitoso que había dejado la bola de fuego. Su reflejo no compartía ya nada con la afable figura de los artesanos, era piedra y fuego, ira y decepción, violencia y sangre, oscuridad y caos.
 
Extendió su mano a tocar un árbol y las sombras se dispararon detrás de él consumiendo el árbol y dejando simplemente vacío. Camino entre el bosque alimentando la oscuridad con todo lo que encontraba a su paso. Entonces lo vio, un artesano con otra de las bolas de fuego, buscándolo, esperando para poder eliminarlo junto a las ruinas de su taller. Un profundo rugido partió el aire y el artesano se giró a enfrentarlo. Los artesanos eran combatientes inexpertos, eran poderosos y verdaderamente ilimitados en su potencial, pero eran creadores no destructores y el colibrí ahora era una criatura de caos, de entropía, de muerte. Mientras avanzaba dejaba que las sombras devoraran el cadáver del artesano y de su sangre nacieron las sombras. Seres oscuros con la única intención de destruir.
 
La creación era inmensa y el andar del T’ZUNUN lento. Pasaron días de saqueo, muerte y destrucción antes de que el primer artesano escapara y lograra advertir a los demás sobre la destrucción que se cernía sobre ellos. Después de su implacable avance vinieron días en que solo encontró talleres empolvados llenos de creaciones abandonadas e incompletas, nada que le sirviera para alimentar a las sombras. Al ver que los artesanos habían retrocedido decidió que su conquista había sido suficiente. No encontró más razón para continuar cazándolos, lo dejarían en paz ahora y podría volver a sus creaciones caóticas. 
 
Esa noche su mente le asalto con pensamientos violentos y las sombras aullaban en una noche de oscuridad absoluta. Despertó y las sombras lo miraban impacientes, no hablaban más su necesidad era palpable en el aire, estaban hambrientas y tendrían a su presa con o sin su aprobación. Furioso ante tal desobediencia, les ordeno desaparecer en la oscuridad y como resultado solo obtuvo un aullido desgarrador y el agitar violento de las sombras mientras destruían todo a su alrededor antes de continuar con su avance sin él.  

Rugió y sacudió la tierra a sus pies mientras miraba al horizonte que había estado a sus espaldas. Era desalentador el panorama, la oscuridad ganaba cada día más territorio gracias a la fuerza que le había dado. Sabía que tenía que advertirles a los artesanos antes de que toda la creación se perdiera a la oscuridad, pero estarían bajo ataque de las sombras y jamás aceptarían hablar con él. Respiro profundo sabiendo que su vida había acabado de una u otra manera y al exhalar sintió la maldad dejarlo, había llegado el momento de abandonar su locura. Su egoísmo lo había llevado a sacrificarlo todo y la inflexibilidad de los artesanos solo le había dado a su ira el combustible adecuado para construir dentro de él tan deplorable sensación. Miro una vez más a la oscuridad avanzar y se dirigió hacia donde sabia estaría el ultimo fuerte de los artesanos, en el jardín del origen.
 
El jardín del origen era un hermoso bosque en cuyo centro se erguía un enorme árbol de cuyas ramas caían frutos que al madurar se convertían en artesanos. De sus raíces crecían todos los materiales que los artesanos usaban y de sus hojas el viento que expandía la esencia de la creación dándole cada día un poco más de territorio. Sin embargo, ahora, el jardín del origen era ahora un escenario diferente. El verde había sido reemplazado por tonos de gris y las frutas que no habían madurado ahora parecían meros despojos de lo que un artesano debía ser. Lo que una vez fuera una copa de árbol rebosante de vida hoy eran apenas unas ramas sin hojas sacudiéndose ante un viento frio con sabor a muerte. Al llegar a la base del árbol de la vida vio a uno de los maestros herido y cubriendo algo contra su pecho. 
 
El maestro lo miro y entrecerró los ojos denotando su ira y desprecio, pero el colibrí no tenía más ira que gastar y entonces hablaron. El maestro le pregunto si este había sido siempre su objetivo ¿si era su deseo devolver la creación a la oscuridad? Le dejo saber como habían derrotado a todas las sombras y ahora solo quedaba el como el ultimo artesano y el tesoro entre sus manos como la última creación para detener a la oscuridad. 
 
T’ZUNUN compartió con el maestro lo que había pasado por su mente, como su mente había dado forma a una sensación horrible. Como la caza lo había llevado a la oscuridad y esta lo había devuelto a la creación como un destructor, un depredador listo para matar. Le hablo de como la oscuridad solo lo había usado para fortalecerse y ahora las sombras solo obedecían a su propia hambre. Después le explico como la oscuridad había logrado romper el borde de la creación y avanzaba cada momento un poco más hacia el árbol de la vida. 
 
El maestro le entrego una pequeña esfera con runas en su superficie, aquel tesoro que había protegido con su vida. Le dijo que la esfera acabaría con la oscuridad pero necesitaba la voluntad de un artesano para activarse. El maestro no estaba en condiciones de usarla pues sus últimos alientos se acercaban y mientras decía esto su último aliento llego, dejando a T’ZUNUN solo, para enfrentar la amenaza de la oscuridad.
El colibrí sin dudarlo tomo la esfera y aplico su voluntad sobre ella. La esfera le respondió con un silencio absoluto. El ya no era un artesano, el ya no tenía la voluntad de crear. Horrorizado ante las implicaciones miro a su alrededor desesperado esperando encontrar una fruta apunto de madurar para así salvar la creación pero su búsqueda fue en vano y cuando levanto la mirada vio la oscuridad cruzar las montañas que dividían el bosque del origen del resto de la creación. 
 
Corrió a la base del árbol de la vida y trato de activar la esfera una y otra vez. Mientras la oscuridad avanzaba más y más sus lágrimas caían y en su desesperación golpeaba con sus garras el tronco del árbol de la vida. A pesar de la fuerza del ataque el tronco del árbol no mostraba ni una sola marca, pero sus manos sin embargo ya sangraban. Tomo de nuevo la esfera y al contacto con su sangre esta empezó a brillar. La oscuridad ya había cruzado la mayoría del jardín del origen y aceleraba hacia el árbol. Sabiendo bien que no podría jamás activar la esfera con la voluntad y orden de los artesanos decidió volver su propio caos el arma. Lentamente abrió su piel con su garra y trazo una línea hasta la base de su pecho , miro a la oscuridad acelerar hambrienta y segura de su victoria. Mostro la esfera como quien le da el golpe final a su oponente, tomo un respiro profundo y hundió la esfera en la mientras susurraba con su último aliento “Hágase la luz”
La esfera brillo aun a través de su pecho, la creación se concentró en el pecho de T’ZUNUN y la oscuridad hambrienta la envolvió. En medio de toda la oscuridad él era lo único que brillaba y en su pecho toda la creación se concentraba dentro de la esfera. La oscuridad trataba de devorarlo sin ningún éxito y así sin ningún aviso más, un estruendo sacudió toda la oscuridad. El cuerpo de T’ZUNUN y toda la creación se esparció a lo largo de toda la oscuridad marcándola con pequeños puntos brillantes. La oscuridad perdió su conciencia en medio del violento ataque y su forma quedo eternamente marcada por la piel de los artesanos y sus creaciones.
 
Hoy, miles de años después, la sangre de T’ZUNUN le da al universo su factor de caos, la piel del artesano le da la forma y el cuerpo de los narradores abarca todo aquello que los artesanos y su luz no reclaman. Así es, fueron aquellos como yo quienes le dieron origen al caos en un acto de envidia hacia los artesanos y fue nuestra única creación, el colibrí, quien nos puso fin. Yo cuento la historia con la esperanza de que la historia no se vuelva a repetir, con la esperanza de que los artesanos vuelvan a caminar a lo largo de toda la creación; y tal vez así, yo tenga nuevas historias que contar.

jueves, 16 de febrero de 2017

Café Cliché

El leve tintineo de la taza sobre le platillo de cerámica lo hace girar la mirada con la premeditación de un hombre demasiado seguro de sí mismo. Le sonríe al mesero y asiente con la cabeza en un movimiento apenas perceptible por el ojo humano, no importa, la sonrisa es cálida y el mesero, seguro sin notarlo, termina sonriendo. Su atención vuelve a la taza y le da un pequeño trago al negro líquido humeante. El calor del café le llena el pecho con una suave sensación que lo hunde profundamente en lo cliché de su situación. Un hombre en su costoso traje sentado en una terraza de un fino restaurante bebiendo café bajo un cielo gris en las calles bohemias de alguna nación sin nombre. Sonríe sabiendo bien que no es accidental que se encuentre en esta escena salida de las más costosas e insípidas películas hollywoodenses, pero ¿acaso puede alguien culpar a un hombre por regalarse un poco de poesía barata? ¿Por creerse participe de aquellas pinturas colgadas en la casa de los abuelos que inspiran melancolía por tiempos mejores? Es un pequeño pecado de estilo que siempre se regalara a sí mismo en la medida de lo posible.
 
En la acera de enfrente una mujer en una entallada blusa blanca, que no deja ninguna curva a la imaginación, y una falda negra, que trata de corregir lo sensual de la blusa siendo demasiado larga, camina con prisa sin siquiera voltear a ver a las personas que se cruzan en su camino. Él se imagina cómo será su vida. Seguro va al trabajo elegantemente tarde, porque claro que el jefe todos los días acurruca en su entrepierna la esperanza de llevarla a la cama y esto le da a ella un gran número de beneficios que nadie más en esa oficina puede ostentar. 
 
Su sonrisa crece al pensar en lo estereotípico que resulta esa idea.
 
Le da otro trago a su café y decide comenzar nuevamente esa historia con un giro. Ella es la jefa, es una mujer exageradamente cómoda con su sexualidad pero sabe muy bien que la vestimenta puede definir que tanto respeto te entrega un hombre. Ella preferiría usar una falda más corta pero en el mundo de los negocios aún hay demasiados dinosaurios dirigiendo importantes empresas con las cuales ella trata y entonces, es que cada mañana se encuentra escogiendo una mezcla entre conservador y caprichoso logrando el efecto deseado. No va elegantemente tarde, va justo a tiempo después de haber terminado una junta que la ha dejado insatisfecha pero ha obtenido el mejor resultado posible según los sucesos. Su mente está atrapada en la siguiente junta y no tiene tiempo para la gente que le cruza. Ella acelera el paso y se pierde al dar la vuelta en la esquina, seguramente dejando tras de sí un perfume que despierta más ideas impropias en quien tiene el gusto de olerlo.
 
El vuelve a su propia vida y sonríe. Acaricia la tela de su traje y piensa que a él le iría muy bien en cualquier negociación. Su trabajo actual nunca ha requerido que él lo haga pero sabe bien que tiene un porte intimidante y cuando la imagen le falla tiene las habilidades necesarias para reforzar sus puntos de vista o deseos. Si solo pudiera usar su reputación para respaldar su actitud.
 
A medio trago otra figura entre la multitud le llama la atención. Es un hombre con una bata de laboratorio, el cabello desaliñado, una pequeña libreta bajo el brazo y una bolsa en la cual parecen ir varias velas negras. El hombre voltea para todos lados con la mirada aguda, no hay nerviosísimo, sus movimientos son fluidos y deliberados. Incluso la gente distraída que parece hacer movimientos aleatorios resultan estáticos mientras él se mueve entre ellos. De pronto sus miradas se cruzan y al verse enganchado con esos profundos ojos negros llenos de inteligencia y vida, la imaginación empieza a volar. 
 
Es un científico, seguro está haciendo pruebas sobre el color y la luz, algo de óptica seguramente. Es tan inteligente que no tiene tiempo para cuidar su cabello. Él está al borde de un gran descubrimiento y sabe bien que parece huraño y desentendido del mundo a su alrededor, pero quisiera gritarles que lo hace por ellos ,que es su trabajo avanzar el conocimiento de la humanidad y sacarlos de la oscuridad de la ignorancia, pero no hay tiempo para eso, simplemente debe mantenerse enfocado en su trabajo. En su laboratorio mucho se burlan de el por cuan embebido está en sus estudios y no tener vida social, él no les hace caso. Las noches y los días pasan y el apenas puede llevar la cuenta, no recuerda bien el nombre del día en que está pero sabe que es el día noventa y tres de su investigación. Algo sale mal con el experimento y de pronto es cegado por la brillante luz del experimento fallido, sin embargo en su mente no hay terror por el daño, sino simplemente por los resultados.
 
De vuelta en el día lluvioso, al hombrecillo se le cae su libreta y maldice mientras la recoge. El continua mirando al hombrecillo mientras se mueve entre la multitud.
 
La sonrisa se desvanece y frunce el ceño pensando en lo curioso que seria que este hombrecillo no realizara una investigación sobre óptica, que en su lugar estuviera estudiando las características científicas y cualidades cuantificables de algún tipo de magia. Da el último trago a su café y la taza vacía parece más ruidosa sobre el platillo de cerámica. Al volver su mirada a la multitud el hombrecillo ha desaparecido. Se queda pensando que tal vez si él fuera científico se dedicaría a estudiar nuevos combustibles o métodos para generar energía, puede que incluso fuera perseguido por la ética profesional con que se acercaría a estos temas. No es que no tenga moral, es que simplemente está convencido que hay cosas por las que vale la pena morir, matar o destruir. Parte de su trabajo es precisamente eso, aunque claro el jamás juzga las razones de sus superiores para las encomiendas que le dan, el simplemente ejecuta la orden y deja que la gente con el dinero se encargue de las implicaciones morales, no es más que una herramienta y le resulta tan liberadora la idea. Deja su cuerpo relajarse contra el respaldo y el mesero aparece sonriendo. 
 
Lo mira fijamente, verdaderamente viéndolo esta ocasión, y por primera vez nota a la persona, contrario a la generalidad con la que lo identificaba por su empleo. Es un joven de entre 22 y 28 años, con la cara afeitada y una buena cabeza de cabello delicadamente peinado a la moda del momento. Es de mentón cuadrado y nariz estilizada, la piel apiñonada y unos sagaces ojos verdes. Es lo que en más de un círculo de mujeres es considerado atractivo. Sin embargo, el solo piensa que en esos ojos hay mucha seguridad, mucha más de la que debería haber. La idea lo lleva a imaginar las razones por las cuales nace esa seguridad, cuantas vueltas en la cama lo volvieron tan confiado en sí mismo. 
 
Es de esos jóvenes que nunca han tenido problemas llevándose alguien a la cama, las mujeres hasta por accidente, y en pares, encuentran el camino a ella. Seguro le encanta ir a bares frecuentados por mujeres mayores, como la mujer de la falda negra, acunar una bebida hasta que se torne tibia y alguna de las asiduas lo note y decida “dejarse” seducir y pagar por sus bebidas. Seguro espera a que la mujer este lo suficientemente tomada para empezar el contacto físico y llevarla a la cama de algún hotel que él jamás podría pagar, pero no importa, ella lo hará y el simplemente dará lo que se le pide. Uno podría hasta decir que ser mesero es su trabajo secundario, meramente un entretenimiento. Esta habilidad por supuesto le da esa seguridad y le crea un pequeño grupo de amigos que lo admiran como un si fuera algo increíble y único. Ninguno es en verdad sincero pero a él no le importa pues su vida no depende de amigos si no de esas mujeres que quieren llevárselo a la cama. 
 
Es sacado de su mente por el sonido metálico de la pequeña charola sobre la que descansa la cuenta. Esta vez ha sido más que solo imaginación. El mesero le ofrece una sonrisa y disimuladamente camina a otras mesas a acomodar dispensadores, que no necesitan ser acomodados, mientras espera su jugosa propina por ser tan amable. 
 
El busca un pequeño broche lleno de billetes del interior de su saco y se siente reconfortado al sentir le roce de metal en el interior. Saca suficiente para la cuenta y lo pone sobre la charola, aún falta la propina y mientras considera el dejarla o no el mesero lo mira atentamente. Toma otro billete y lo mueve entre sus dedos pensando, decidiendo al final no dejar la propina, no tiene caso. Guarda el billete y nota la mirada llena de odio del mesero. Le sonríe y piensa en decirle que no tiene caso dejar propina. Piensa en decirle al mesero que hace ya un mes que sedujo en aquel bar del centro a la mujer equivocada, que platicaron de cosas que no debían platicar y que ahora él ha sido enviado a asegurarse de que no haya cabos sueltos. Lo piensa, pero no lo dice.
 
Solo le ofrece una sonrisa y un hasta luego. Mientras camina por la calle se pregunta ¿Qué vida se imaginara la gente para él?

De Heroes y Compasion

Mientras toma la siguiente carretilla de piedras para llevarla a la muralla le sonríe a la gente pasando por la calle. No hace mucho que llego a esta ciudad, o al menos no mucho en comparación con el tiempo que lleva viajando, siempre delante de la tormenta, sin embargo la gente lo ha acogido. Bastante tendrá que ver que se encargó de preparar una expedición para abrir las rutas de comercio después del deslave y consiguió constructores del sur para amurallar la ciudad antes del invierno y la incursión de bandidos en la zona, sin mencionar que lleva desde su llegada entrenando a la guardia para poder proteger la muralla, seguro todo eso hizo a la gente más afable hacia su presencia. Descarga las piedras talladas al borde de la muralla y regresa por otra carga. No ha descansado desde que llego, es decir no verdaderamente, se ha mantenido activo ayudando a la ciudad, sin embargo sonríe pues hacía tiempo no realizaba un trabajo honesto que involucrara construir y no destruir. Saluda a algunos de los trabajadores tomando su almuerzo al sol, es fuerte de momento pero con las frías temperaturas del norte estar bajo su luz es más placentero que molesto, mientras regresa con la carretilla a la cantera.
 
Algunos hombres picando la piedra lo miran y lo saludan, el sudor en su frente los hace parpadear y él sonríe mientras devuelve el saludo y camina hacia el pozo. Llena una cubeta y vuelve con los hombres a ofrecerles un trago de agua. Le sonríen e incluso bromean sobre si no será posible algo con más cuerpo, algo de cerveza o un buen vino del sur. Él les asegura que una vez terminada la muralla podrán beber todo lo que quieran sin preocuparse. Uno de los hombres le menciona que es demasiado bueno para su propio bien o incluso para el de ellos pero la sonrisa le quita toda la malicia al comentario. Sin detenerse deja la cubeta y el cucharón cercas de los hombres y vuelve a llenar la carretilla para trasladar la piedra. El día está empezando y deben avanzar lo más posible antes de que las tormentas golpeen la ciudad, todo debe estar preparado para la oscuridad.
 
Al paso de los días el avance en la muralla es considerable incluso más allá de lo esperado, esto le provoca gran satisfacción personal ,estará listo con tiempo de sobra por cualquier tragedia. Entre la gente se escuchan rumores de que acabaran a tiempo para enfrentar las tormentas. Hay un tono de preocupación y cualquiera que haya vivido en el norte sabe que no tiene nada que ver con la tormenta, si no con los seres que se esconden entre sus faldas.

Bandidos es una palabra que no termina de describir a la ruin escoria que se mueve en la sombra de las tormentas. Hombres sin nación, credo u honor, criaturas que se ven beneficiadas de llamarles hombres pero llamarles animales insulta más a la fauna inocente del mundo de lo que lo haría a esta peste. Cada invierno llega junto con las tormentas y moviéndose entre las sombras, saquean, asesinan, secuestran y siembran el terror, podrían destruirlo todo, pero no lo hacen, pues sería poco práctico destruir su fuente de alimento. Al parecer hasta una plaga como esta sabe que se tiene que alimentar y cada año se repite el terror. Nadie sabe exactamente como comenzaron, pero es bien sabido que son especialmente adversos a la luz del sol y por ello atacan solo con las tormentas. Lo que se sabe de cierto es que están sedientos de sangre, violencia y disfrutan sembrando el miedo en los corazones de los hombres. El viajero los conoce bien, ya ha protegido otras aldeas de ellos, ya los ha enfrentado y ha visto el terror que causan y es ese conocimiento el que lo ha llevado a decidir que debe detenérseles a como dé lugar, sin importar el precio a pagar.
 
Las tormentas se anuncian sobre las montañas. Nubes negras que rugen con trueno y se hacen ver al destello de serpientes eléctricas atrapadas en un rictus entre los cúmulos nubosos. Estarán sobre la ciudad en un par de días y aunque nadie puede verlos, todos saben que en la oscuridad que provocan se esconden las bestias. El nerviosismo se siente en la gente de la ciudad, se manifiesta como un silencio roto solo en susurros, como si el elevar la voz fuese a acelerar el paso de las nubes, hacerlas llegar antes o despertar en ellas furia por atacar. La gente anda con la mirada baja y se mueve rápidamente cuando está en descubierto, miran alrededor mientras se mueven como cómplices de algún crimen moral. Solo el crujir de la nieve es un sonido constante que desgasta los nervios, de pronto el negro de la nieve que ha acumulado tierra es más profundo, el cielo gris se siente pesado sobre los hombros. El viento frio que antes despertaba el cuerpo hoy corta la piel y duele hasta los huesos, la maldad en él le ha cambiado la intención. Nadie ha muerto y sin embargo todos ya están teniendo el luto por aquellos que se irán en esta temporada de tormentas. Es la antesala al terror que nace de la rutina fatal de la que es parte esta ciudad.
 
El los mira mientras acuna entre sus manos una taza de vino caliente con especias, esta intranquilo pero parece seguro y estable. A su alrededor los hombres que están de guardia junto a la puerta hacen lo mismo pero no hay nada de la plática alegre o conversación casi grosera que suele acompañar una reunión con bebida. Nadie siente el ímpetu de romper el silencio, resulta casi blasfemo pensar en tratar de regresarle a este pueblo en este momento su alegría. El trago le quema la garganta y le despierta algo en el pecho, por un segundo es como si todo el mundo se hubiera difuminado a gris y solo él tuviera color, sonríe y los hombres a su alrededor beben alentados por su sonrisa. Nadie rompe el silencio, pero al menos se siente un poco de luz entre tanta oscuridad. El viento sopla pero no aúlla, serán días y noches frías, solitarias, pero las enfrentaran, estarán listos. El estará listo para enfrentar la oscuridad.
La luz de la mañana nunca llega, parece que la noche se ha vuelto reina de la tierra. El cielo solo cambia de tonalidad, pasando de un absoluto negro a un muerto y oscuro gris. El viento sopla y carga con él nieve densa que permite ver apenas unos metros más allá de la muralla. Dentro de la ciudad las lámparas ayudan a dar mejor visibilidad creando pequeños refugios contra la oscuridad. Sin embargo nadie transita entre las calles, la gente se ha preparado para esto, el calor y refugio de sus hogares les permite sentirse un poco más seguros, para los guardianes de la muralla, esto no es una opción, ellos son la última defensa contra la oscuridad. Impacientes miran al horizonte esperando detectar algo, aunque saben bien que nada será visible hasta que esté al pie de la muralla y es entonces que deberán reaccionar y proteger la ciudad que han llamado hogar.
El día pasa sin eventualidades y el cielo vuelve a su negro absoluto, las tormentas se han vuelto un ruido blanco en el trasfondo ahora que todos se han acostumbrado a ellas, la oscuridad casi total solo se interrumpe cuando un relámpago baja a golpear el suelo en algún lugar lejano, hasta ellos parecen no querer acercarse a la ciudad. La tensión ya se ha apoderado de los guardianes de la muralla, los hombros se sienten rígidos, las piernas se sienten pesadas y sin fuerza, de vez en cuando mueven el cuello escuchando a todos sus músculos quejarse bajo la incipiente tensión.Camina a lo largo de la muralla y les da palmadas en la espalda, como recordándoles que esto vale la pena, que no están solos y que el sol volverá a salir. Solo le responden sonrisas débiles o asienten con la cabeza en un movimiento que se pierde ante la furia de los vientos. Resulta más que suficiente recibir esas reacciones. Él sabe que las señas son débiles pero cuando un hombre está al borde del conflicto cualquier reacción moral es mejor que el terror o la apatía, es como si aquella antorcha fuese no solo un refugio contra la oscuridad, sino también su pequeña fuente de energía y valor para los soldados en la muralla, tal vez ser el viajero no sea una maldición tan pesada.
 
De pronto nota el exagerado silencio. No es que fuera extraño que un hombre en la muralla fuera silencioso, lo extraño era que el violento abofeteo de la ventisca no ocasionara que la armadura chocara entre si y generara ese tintineo metálico que había acostumbrado en las murallas. Corre y debido a su desesperación no logra darse cuenta del pequeño montículo de nieve que se ha formado en el suelo tropieza y rueda usando la inercia de su velocidad poniéndose rápidamente en pie sin mirar atrás, continua su carrera. Preocupado por la ubicación del guardia busca más adelante en la muralla y solo encuentra al siguiente guardia que jura no saber nada de su compañero ni haber escuchado nada. De pronto el frio de la tormenta le toca los huesos de una manera irreal, recorre su espalda y le seca la boca. Baja de la muralla y corre hacia la puerta esperando que aún no haya ocurrido lo impensable. Las pequeñas callejuelas se han llenado de nieve y su andar es estable pero lento aun cuando sus piernas se sienten como si fuerana explotar en llamas por el esfuerzo que les está requiriendo. El aliento le corta la garganta con cada respiro, los ojos le arden y las lágrimas que le provoca la ventisca se convierten en pequeños diamantes en sus mejillas. Llega a la puerta y el sonido metálico lo tranquiliza. Los guardias lo miran y saludan, todo está en paz. Respira profundo y recupera su aliento, tal vez el guardia solo ha sufrido de un horrible caso de terror y ha huido a algún lugar donde se sienta seguro. Habrá que buscarlo y tranquilizarlo, asegurar que volverá a la muralla. Una vez tranquilizado por sus propios pensamientos vuelve a sus rondas de la muralla, esperara a otro día para resolver esta situación o bien alguien más las resolverá según como se desarrolle todo en los próximos días.
 
El cielo clarea y los relevos llegan a sus posiciones, nadie parece muy motivado, ni quienes se van ni quienes llegan, de pronto un grito desgarrador parte el ruido blanco de la tormenta. Las miradas de todos se enfocan en la distancia, durante largos momentos solo el blanco de la nieve en la ventisca era visible. Esos largos momentos se sienten como si la ciudad entera hubiese dejo de respirar, la tensión de pronto comienza a molerle los músculos, los pone nerviosos y los hace ver más cansados de lo normal. Poco a poco el blanco de la nieve da lugar a una mancha gris, que se torna negra al paso de lentos segundo y pronto toma la forma de un hombre con demasiadas piernas. Las miradas se vuelven angostas mientras los soldados tratan de discernir lo que ven, si es cierto que son monstruos, pero monstruos con cuerpo humano, uno con demasiadas piernas resulta aterrador pero más que nada incoherente a la realidad. 
 
La figura se corta contra el fondo blanco de la tormenta y el misterio se resuelve a sí mismo. Un hombre vestido en vendajes negros presiona contra si a una joven de cabello castaño y ojos negros. La joven tienes los ojos rojos y los labios secos, el cabello se le pega al rostro y sus mejillas tienen un camino de cristales que llega hasta su mentón, la pobre ha llorado incesantemente en la tormenta y ahora solo se ve agotada y sin ganas de pelear. Estos detalles seguro no los verán la mayoría demasiado aterrados por la escena, pero sabe que buscar, sabe que está viendo. El hombre recorre con ojos llenos de maldad los parapetos de la muralla, su sonrisa de dientes amarillos y desalineados le da una apariencia de maldad pura y eso sin mencionar el largo cuchillo acurrucado en el cuello de la joven. El aliento de la ciudad vuelve en un pesado suspiro que hace a los soldados cambiar el peso de pie a pie, pero la tensión sigue haciendo estragos mientras largos segundos pasan y todos se miran unos a otros esperando el desenlace de esta horrible situación, nadie quiere romper el silencio y ser el culpable de una tragedia, más aún porque reconocen el rostro de la joven. La joven era bien conocida en la ciudad, la hija del conde.
 
Sin dudar gira y ve al conde caminar por la nieve con la cabeza baja y un paso pesado y sin esperanzas hacia la puerta, es como revivir una pesadilla sus ojos más que horror reflejan pesadez y tristeza, la apariencia de quien ha perdido la esperanza. Sin dudarlo baja la muralla corriendo a interceptar al conde justo antes de que llegue a donde se encuentran los guardias de la puerta, Hay más celeridad en los pasos del viajero que decisión en ellos, hay derrota en su rostro y desesperanza en su mano que se afianza a la empuñadura de su espada hasta dejar los nudillos blancos. De pronto el conde mueve su capa en preparación y el brillo de acero desnudo es el único aviso sobre sus intenciones, pero el conoce esta danza, cada paso y cada nota. El sable nunca deja el cálido recoveco dentro de la capa sin embargo se cubre de sangre, la sangre del conde. Retira su sable del pesado cuerpo del conde dejándolo caer y teñir la nieve de rojo. Los ojos atónitos de los soldados en los parapetos lo siguen incrédulos mientras regresa a la muralla con más velocidad de la que tiene derecho un traidor, nadie nota cuando toma las dos ballestas recargadas en la muralla. Todo es tan rápido que para cuando reaccionan el viajero se ha convertido más un recuerdo entre la tormenta que una figura con sustancia. 
 
En medio de la tormenta, frente a la puerta dos cuerpos yacen con una saeta cada uno, perforándole el pecho a ella y a él, unos metros más allá y con el rostro sumido en la nieve, atravesándole el cráneo, para estas alturas ya deberían saber el desenlace de esta historia las bestias de las sombras. El viento parece haber acelerado ahora que la amenaza de un rehén ha pasado. Los soldados se han recuperado y se miran incrédulos, algunos corren al establo y encuentran todos sus caballos muertos a excepción de los más viejos y uno de sus mejores caballos que esta simplemente perdido aunque la deducción de su paradero se vuelve casi obvia, una investigación más profunda revela que también les falta algo de pan y carne, nada que les impida sobrevivir el invierno, suficiente para que una persona logre un viaje en medio de la tormenta a la siguiente ciudad no amurallada, conveniente. 
 
Lejos de la ciudad y a favor de los vientos violentos, el viajero refuerza sus creencias. Una línea de cristales le marca las mejillas, la repetición no ha vuelto fácil el manejo del cargo de conciencia, los resultados lo hacen dudar de los métodos empleados. Amargamente repasa la maldición de sus acciones. Se justifica pero sabe en lo profundo de su ser que jamás podrá detenerse pues es un asesino. No es la primera vez que se enfrenta a las bestias, espera poder detenerlas cada vez y cada vez falla, siempre es un objetivo diferente, un ataque directo no ocurrira jamás, no tienen los números para llevar acabo tal ataque, obligar a los ciudadanos a traicionarse es lo mejor que pueden hacer, siempre encuentran maneras nuevas de lograrlo, pero el hambre comienza a debilitarlos, aunque esa historia nadie la creerá, tienen el miedo a flor de piel y prefieren no arriesgarse. El ha vuelto su trabajo asegurarse de que las ciudades resistan y si no logra evitar la infiltración o el secuestro, o cualquier otra artimaña que decidan llevar acabo, es su trabajo evitar que los ciudadanos tomen una decisión por compasión, es su trabajo ser el monstruo. La próxima ciudad lo lograra, en la próxima no será un asesino y podrá partir como un héroe, podrá por fin explicar porque se ha convertido el monstruo en que se ha convertido. El siente que solo son excusas que le ayudan a sobrevivir, no importa que tanto las repita el castigo de su conciencia lo deja sintiéndose menos que un hombre.
Un día por fin cederá ante su necesidad de aceptación, un día por fin tomara el camino del héroe virtuoso y se entregara a cambio del rehén, a cambio de la comida, a cambio de la cura. Lo recordaran y cantaran canciones en su nombre, la siguiente temporada de tormentas por su compasión, ninguna ciudad sobrevivirá…