jueves, 16 de febrero de 2017

Café Cliché

El leve tintineo de la taza sobre le platillo de cerámica lo hace girar la mirada con la premeditación de un hombre demasiado seguro de sí mismo. Le sonríe al mesero y asiente con la cabeza en un movimiento apenas perceptible por el ojo humano, no importa, la sonrisa es cálida y el mesero, seguro sin notarlo, termina sonriendo. Su atención vuelve a la taza y le da un pequeño trago al negro líquido humeante. El calor del café le llena el pecho con una suave sensación que lo hunde profundamente en lo cliché de su situación. Un hombre en su costoso traje sentado en una terraza de un fino restaurante bebiendo café bajo un cielo gris en las calles bohemias de alguna nación sin nombre. Sonríe sabiendo bien que no es accidental que se encuentre en esta escena salida de las más costosas e insípidas películas hollywoodenses, pero ¿acaso puede alguien culpar a un hombre por regalarse un poco de poesía barata? ¿Por creerse participe de aquellas pinturas colgadas en la casa de los abuelos que inspiran melancolía por tiempos mejores? Es un pequeño pecado de estilo que siempre se regalara a sí mismo en la medida de lo posible.
 
En la acera de enfrente una mujer en una entallada blusa blanca, que no deja ninguna curva a la imaginación, y una falda negra, que trata de corregir lo sensual de la blusa siendo demasiado larga, camina con prisa sin siquiera voltear a ver a las personas que se cruzan en su camino. Él se imagina cómo será su vida. Seguro va al trabajo elegantemente tarde, porque claro que el jefe todos los días acurruca en su entrepierna la esperanza de llevarla a la cama y esto le da a ella un gran número de beneficios que nadie más en esa oficina puede ostentar. 
 
Su sonrisa crece al pensar en lo estereotípico que resulta esa idea.
 
Le da otro trago a su café y decide comenzar nuevamente esa historia con un giro. Ella es la jefa, es una mujer exageradamente cómoda con su sexualidad pero sabe muy bien que la vestimenta puede definir que tanto respeto te entrega un hombre. Ella preferiría usar una falda más corta pero en el mundo de los negocios aún hay demasiados dinosaurios dirigiendo importantes empresas con las cuales ella trata y entonces, es que cada mañana se encuentra escogiendo una mezcla entre conservador y caprichoso logrando el efecto deseado. No va elegantemente tarde, va justo a tiempo después de haber terminado una junta que la ha dejado insatisfecha pero ha obtenido el mejor resultado posible según los sucesos. Su mente está atrapada en la siguiente junta y no tiene tiempo para la gente que le cruza. Ella acelera el paso y se pierde al dar la vuelta en la esquina, seguramente dejando tras de sí un perfume que despierta más ideas impropias en quien tiene el gusto de olerlo.
 
El vuelve a su propia vida y sonríe. Acaricia la tela de su traje y piensa que a él le iría muy bien en cualquier negociación. Su trabajo actual nunca ha requerido que él lo haga pero sabe bien que tiene un porte intimidante y cuando la imagen le falla tiene las habilidades necesarias para reforzar sus puntos de vista o deseos. Si solo pudiera usar su reputación para respaldar su actitud.
 
A medio trago otra figura entre la multitud le llama la atención. Es un hombre con una bata de laboratorio, el cabello desaliñado, una pequeña libreta bajo el brazo y una bolsa en la cual parecen ir varias velas negras. El hombre voltea para todos lados con la mirada aguda, no hay nerviosísimo, sus movimientos son fluidos y deliberados. Incluso la gente distraída que parece hacer movimientos aleatorios resultan estáticos mientras él se mueve entre ellos. De pronto sus miradas se cruzan y al verse enganchado con esos profundos ojos negros llenos de inteligencia y vida, la imaginación empieza a volar. 
 
Es un científico, seguro está haciendo pruebas sobre el color y la luz, algo de óptica seguramente. Es tan inteligente que no tiene tiempo para cuidar su cabello. Él está al borde de un gran descubrimiento y sabe bien que parece huraño y desentendido del mundo a su alrededor, pero quisiera gritarles que lo hace por ellos ,que es su trabajo avanzar el conocimiento de la humanidad y sacarlos de la oscuridad de la ignorancia, pero no hay tiempo para eso, simplemente debe mantenerse enfocado en su trabajo. En su laboratorio mucho se burlan de el por cuan embebido está en sus estudios y no tener vida social, él no les hace caso. Las noches y los días pasan y el apenas puede llevar la cuenta, no recuerda bien el nombre del día en que está pero sabe que es el día noventa y tres de su investigación. Algo sale mal con el experimento y de pronto es cegado por la brillante luz del experimento fallido, sin embargo en su mente no hay terror por el daño, sino simplemente por los resultados.
 
De vuelta en el día lluvioso, al hombrecillo se le cae su libreta y maldice mientras la recoge. El continua mirando al hombrecillo mientras se mueve entre la multitud.
 
La sonrisa se desvanece y frunce el ceño pensando en lo curioso que seria que este hombrecillo no realizara una investigación sobre óptica, que en su lugar estuviera estudiando las características científicas y cualidades cuantificables de algún tipo de magia. Da el último trago a su café y la taza vacía parece más ruidosa sobre el platillo de cerámica. Al volver su mirada a la multitud el hombrecillo ha desaparecido. Se queda pensando que tal vez si él fuera científico se dedicaría a estudiar nuevos combustibles o métodos para generar energía, puede que incluso fuera perseguido por la ética profesional con que se acercaría a estos temas. No es que no tenga moral, es que simplemente está convencido que hay cosas por las que vale la pena morir, matar o destruir. Parte de su trabajo es precisamente eso, aunque claro el jamás juzga las razones de sus superiores para las encomiendas que le dan, el simplemente ejecuta la orden y deja que la gente con el dinero se encargue de las implicaciones morales, no es más que una herramienta y le resulta tan liberadora la idea. Deja su cuerpo relajarse contra el respaldo y el mesero aparece sonriendo. 
 
Lo mira fijamente, verdaderamente viéndolo esta ocasión, y por primera vez nota a la persona, contrario a la generalidad con la que lo identificaba por su empleo. Es un joven de entre 22 y 28 años, con la cara afeitada y una buena cabeza de cabello delicadamente peinado a la moda del momento. Es de mentón cuadrado y nariz estilizada, la piel apiñonada y unos sagaces ojos verdes. Es lo que en más de un círculo de mujeres es considerado atractivo. Sin embargo, el solo piensa que en esos ojos hay mucha seguridad, mucha más de la que debería haber. La idea lo lleva a imaginar las razones por las cuales nace esa seguridad, cuantas vueltas en la cama lo volvieron tan confiado en sí mismo. 
 
Es de esos jóvenes que nunca han tenido problemas llevándose alguien a la cama, las mujeres hasta por accidente, y en pares, encuentran el camino a ella. Seguro le encanta ir a bares frecuentados por mujeres mayores, como la mujer de la falda negra, acunar una bebida hasta que se torne tibia y alguna de las asiduas lo note y decida “dejarse” seducir y pagar por sus bebidas. Seguro espera a que la mujer este lo suficientemente tomada para empezar el contacto físico y llevarla a la cama de algún hotel que él jamás podría pagar, pero no importa, ella lo hará y el simplemente dará lo que se le pide. Uno podría hasta decir que ser mesero es su trabajo secundario, meramente un entretenimiento. Esta habilidad por supuesto le da esa seguridad y le crea un pequeño grupo de amigos que lo admiran como un si fuera algo increíble y único. Ninguno es en verdad sincero pero a él no le importa pues su vida no depende de amigos si no de esas mujeres que quieren llevárselo a la cama. 
 
Es sacado de su mente por el sonido metálico de la pequeña charola sobre la que descansa la cuenta. Esta vez ha sido más que solo imaginación. El mesero le ofrece una sonrisa y disimuladamente camina a otras mesas a acomodar dispensadores, que no necesitan ser acomodados, mientras espera su jugosa propina por ser tan amable. 
 
El busca un pequeño broche lleno de billetes del interior de su saco y se siente reconfortado al sentir le roce de metal en el interior. Saca suficiente para la cuenta y lo pone sobre la charola, aún falta la propina y mientras considera el dejarla o no el mesero lo mira atentamente. Toma otro billete y lo mueve entre sus dedos pensando, decidiendo al final no dejar la propina, no tiene caso. Guarda el billete y nota la mirada llena de odio del mesero. Le sonríe y piensa en decirle que no tiene caso dejar propina. Piensa en decirle al mesero que hace ya un mes que sedujo en aquel bar del centro a la mujer equivocada, que platicaron de cosas que no debían platicar y que ahora él ha sido enviado a asegurarse de que no haya cabos sueltos. Lo piensa, pero no lo dice.
 
Solo le ofrece una sonrisa y un hasta luego. Mientras camina por la calle se pregunta ¿Qué vida se imaginara la gente para él?

De Heroes y Compasion

Mientras toma la siguiente carretilla de piedras para llevarla a la muralla le sonríe a la gente pasando por la calle. No hace mucho que llego a esta ciudad, o al menos no mucho en comparación con el tiempo que lleva viajando, siempre delante de la tormenta, sin embargo la gente lo ha acogido. Bastante tendrá que ver que se encargó de preparar una expedición para abrir las rutas de comercio después del deslave y consiguió constructores del sur para amurallar la ciudad antes del invierno y la incursión de bandidos en la zona, sin mencionar que lleva desde su llegada entrenando a la guardia para poder proteger la muralla, seguro todo eso hizo a la gente más afable hacia su presencia. Descarga las piedras talladas al borde de la muralla y regresa por otra carga. No ha descansado desde que llego, es decir no verdaderamente, se ha mantenido activo ayudando a la ciudad, sin embargo sonríe pues hacía tiempo no realizaba un trabajo honesto que involucrara construir y no destruir. Saluda a algunos de los trabajadores tomando su almuerzo al sol, es fuerte de momento pero con las frías temperaturas del norte estar bajo su luz es más placentero que molesto, mientras regresa con la carretilla a la cantera.
 
Algunos hombres picando la piedra lo miran y lo saludan, el sudor en su frente los hace parpadear y él sonríe mientras devuelve el saludo y camina hacia el pozo. Llena una cubeta y vuelve con los hombres a ofrecerles un trago de agua. Le sonríen e incluso bromean sobre si no será posible algo con más cuerpo, algo de cerveza o un buen vino del sur. Él les asegura que una vez terminada la muralla podrán beber todo lo que quieran sin preocuparse. Uno de los hombres le menciona que es demasiado bueno para su propio bien o incluso para el de ellos pero la sonrisa le quita toda la malicia al comentario. Sin detenerse deja la cubeta y el cucharón cercas de los hombres y vuelve a llenar la carretilla para trasladar la piedra. El día está empezando y deben avanzar lo más posible antes de que las tormentas golpeen la ciudad, todo debe estar preparado para la oscuridad.
 
Al paso de los días el avance en la muralla es considerable incluso más allá de lo esperado, esto le provoca gran satisfacción personal ,estará listo con tiempo de sobra por cualquier tragedia. Entre la gente se escuchan rumores de que acabaran a tiempo para enfrentar las tormentas. Hay un tono de preocupación y cualquiera que haya vivido en el norte sabe que no tiene nada que ver con la tormenta, si no con los seres que se esconden entre sus faldas.

Bandidos es una palabra que no termina de describir a la ruin escoria que se mueve en la sombra de las tormentas. Hombres sin nación, credo u honor, criaturas que se ven beneficiadas de llamarles hombres pero llamarles animales insulta más a la fauna inocente del mundo de lo que lo haría a esta peste. Cada invierno llega junto con las tormentas y moviéndose entre las sombras, saquean, asesinan, secuestran y siembran el terror, podrían destruirlo todo, pero no lo hacen, pues sería poco práctico destruir su fuente de alimento. Al parecer hasta una plaga como esta sabe que se tiene que alimentar y cada año se repite el terror. Nadie sabe exactamente como comenzaron, pero es bien sabido que son especialmente adversos a la luz del sol y por ello atacan solo con las tormentas. Lo que se sabe de cierto es que están sedientos de sangre, violencia y disfrutan sembrando el miedo en los corazones de los hombres. El viajero los conoce bien, ya ha protegido otras aldeas de ellos, ya los ha enfrentado y ha visto el terror que causan y es ese conocimiento el que lo ha llevado a decidir que debe detenérseles a como dé lugar, sin importar el precio a pagar.
 
Las tormentas se anuncian sobre las montañas. Nubes negras que rugen con trueno y se hacen ver al destello de serpientes eléctricas atrapadas en un rictus entre los cúmulos nubosos. Estarán sobre la ciudad en un par de días y aunque nadie puede verlos, todos saben que en la oscuridad que provocan se esconden las bestias. El nerviosismo se siente en la gente de la ciudad, se manifiesta como un silencio roto solo en susurros, como si el elevar la voz fuese a acelerar el paso de las nubes, hacerlas llegar antes o despertar en ellas furia por atacar. La gente anda con la mirada baja y se mueve rápidamente cuando está en descubierto, miran alrededor mientras se mueven como cómplices de algún crimen moral. Solo el crujir de la nieve es un sonido constante que desgasta los nervios, de pronto el negro de la nieve que ha acumulado tierra es más profundo, el cielo gris se siente pesado sobre los hombros. El viento frio que antes despertaba el cuerpo hoy corta la piel y duele hasta los huesos, la maldad en él le ha cambiado la intención. Nadie ha muerto y sin embargo todos ya están teniendo el luto por aquellos que se irán en esta temporada de tormentas. Es la antesala al terror que nace de la rutina fatal de la que es parte esta ciudad.
 
El los mira mientras acuna entre sus manos una taza de vino caliente con especias, esta intranquilo pero parece seguro y estable. A su alrededor los hombres que están de guardia junto a la puerta hacen lo mismo pero no hay nada de la plática alegre o conversación casi grosera que suele acompañar una reunión con bebida. Nadie siente el ímpetu de romper el silencio, resulta casi blasfemo pensar en tratar de regresarle a este pueblo en este momento su alegría. El trago le quema la garganta y le despierta algo en el pecho, por un segundo es como si todo el mundo se hubiera difuminado a gris y solo él tuviera color, sonríe y los hombres a su alrededor beben alentados por su sonrisa. Nadie rompe el silencio, pero al menos se siente un poco de luz entre tanta oscuridad. El viento sopla pero no aúlla, serán días y noches frías, solitarias, pero las enfrentaran, estarán listos. El estará listo para enfrentar la oscuridad.
La luz de la mañana nunca llega, parece que la noche se ha vuelto reina de la tierra. El cielo solo cambia de tonalidad, pasando de un absoluto negro a un muerto y oscuro gris. El viento sopla y carga con él nieve densa que permite ver apenas unos metros más allá de la muralla. Dentro de la ciudad las lámparas ayudan a dar mejor visibilidad creando pequeños refugios contra la oscuridad. Sin embargo nadie transita entre las calles, la gente se ha preparado para esto, el calor y refugio de sus hogares les permite sentirse un poco más seguros, para los guardianes de la muralla, esto no es una opción, ellos son la última defensa contra la oscuridad. Impacientes miran al horizonte esperando detectar algo, aunque saben bien que nada será visible hasta que esté al pie de la muralla y es entonces que deberán reaccionar y proteger la ciudad que han llamado hogar.
El día pasa sin eventualidades y el cielo vuelve a su negro absoluto, las tormentas se han vuelto un ruido blanco en el trasfondo ahora que todos se han acostumbrado a ellas, la oscuridad casi total solo se interrumpe cuando un relámpago baja a golpear el suelo en algún lugar lejano, hasta ellos parecen no querer acercarse a la ciudad. La tensión ya se ha apoderado de los guardianes de la muralla, los hombros se sienten rígidos, las piernas se sienten pesadas y sin fuerza, de vez en cuando mueven el cuello escuchando a todos sus músculos quejarse bajo la incipiente tensión.Camina a lo largo de la muralla y les da palmadas en la espalda, como recordándoles que esto vale la pena, que no están solos y que el sol volverá a salir. Solo le responden sonrisas débiles o asienten con la cabeza en un movimiento que se pierde ante la furia de los vientos. Resulta más que suficiente recibir esas reacciones. Él sabe que las señas son débiles pero cuando un hombre está al borde del conflicto cualquier reacción moral es mejor que el terror o la apatía, es como si aquella antorcha fuese no solo un refugio contra la oscuridad, sino también su pequeña fuente de energía y valor para los soldados en la muralla, tal vez ser el viajero no sea una maldición tan pesada.
 
De pronto nota el exagerado silencio. No es que fuera extraño que un hombre en la muralla fuera silencioso, lo extraño era que el violento abofeteo de la ventisca no ocasionara que la armadura chocara entre si y generara ese tintineo metálico que había acostumbrado en las murallas. Corre y debido a su desesperación no logra darse cuenta del pequeño montículo de nieve que se ha formado en el suelo tropieza y rueda usando la inercia de su velocidad poniéndose rápidamente en pie sin mirar atrás, continua su carrera. Preocupado por la ubicación del guardia busca más adelante en la muralla y solo encuentra al siguiente guardia que jura no saber nada de su compañero ni haber escuchado nada. De pronto el frio de la tormenta le toca los huesos de una manera irreal, recorre su espalda y le seca la boca. Baja de la muralla y corre hacia la puerta esperando que aún no haya ocurrido lo impensable. Las pequeñas callejuelas se han llenado de nieve y su andar es estable pero lento aun cuando sus piernas se sienten como si fuerana explotar en llamas por el esfuerzo que les está requiriendo. El aliento le corta la garganta con cada respiro, los ojos le arden y las lágrimas que le provoca la ventisca se convierten en pequeños diamantes en sus mejillas. Llega a la puerta y el sonido metálico lo tranquiliza. Los guardias lo miran y saludan, todo está en paz. Respira profundo y recupera su aliento, tal vez el guardia solo ha sufrido de un horrible caso de terror y ha huido a algún lugar donde se sienta seguro. Habrá que buscarlo y tranquilizarlo, asegurar que volverá a la muralla. Una vez tranquilizado por sus propios pensamientos vuelve a sus rondas de la muralla, esperara a otro día para resolver esta situación o bien alguien más las resolverá según como se desarrolle todo en los próximos días.
 
El cielo clarea y los relevos llegan a sus posiciones, nadie parece muy motivado, ni quienes se van ni quienes llegan, de pronto un grito desgarrador parte el ruido blanco de la tormenta. Las miradas de todos se enfocan en la distancia, durante largos momentos solo el blanco de la nieve en la ventisca era visible. Esos largos momentos se sienten como si la ciudad entera hubiese dejo de respirar, la tensión de pronto comienza a molerle los músculos, los pone nerviosos y los hace ver más cansados de lo normal. Poco a poco el blanco de la nieve da lugar a una mancha gris, que se torna negra al paso de lentos segundo y pronto toma la forma de un hombre con demasiadas piernas. Las miradas se vuelven angostas mientras los soldados tratan de discernir lo que ven, si es cierto que son monstruos, pero monstruos con cuerpo humano, uno con demasiadas piernas resulta aterrador pero más que nada incoherente a la realidad. 
 
La figura se corta contra el fondo blanco de la tormenta y el misterio se resuelve a sí mismo. Un hombre vestido en vendajes negros presiona contra si a una joven de cabello castaño y ojos negros. La joven tienes los ojos rojos y los labios secos, el cabello se le pega al rostro y sus mejillas tienen un camino de cristales que llega hasta su mentón, la pobre ha llorado incesantemente en la tormenta y ahora solo se ve agotada y sin ganas de pelear. Estos detalles seguro no los verán la mayoría demasiado aterrados por la escena, pero sabe que buscar, sabe que está viendo. El hombre recorre con ojos llenos de maldad los parapetos de la muralla, su sonrisa de dientes amarillos y desalineados le da una apariencia de maldad pura y eso sin mencionar el largo cuchillo acurrucado en el cuello de la joven. El aliento de la ciudad vuelve en un pesado suspiro que hace a los soldados cambiar el peso de pie a pie, pero la tensión sigue haciendo estragos mientras largos segundos pasan y todos se miran unos a otros esperando el desenlace de esta horrible situación, nadie quiere romper el silencio y ser el culpable de una tragedia, más aún porque reconocen el rostro de la joven. La joven era bien conocida en la ciudad, la hija del conde.
 
Sin dudar gira y ve al conde caminar por la nieve con la cabeza baja y un paso pesado y sin esperanzas hacia la puerta, es como revivir una pesadilla sus ojos más que horror reflejan pesadez y tristeza, la apariencia de quien ha perdido la esperanza. Sin dudarlo baja la muralla corriendo a interceptar al conde justo antes de que llegue a donde se encuentran los guardias de la puerta, Hay más celeridad en los pasos del viajero que decisión en ellos, hay derrota en su rostro y desesperanza en su mano que se afianza a la empuñadura de su espada hasta dejar los nudillos blancos. De pronto el conde mueve su capa en preparación y el brillo de acero desnudo es el único aviso sobre sus intenciones, pero el conoce esta danza, cada paso y cada nota. El sable nunca deja el cálido recoveco dentro de la capa sin embargo se cubre de sangre, la sangre del conde. Retira su sable del pesado cuerpo del conde dejándolo caer y teñir la nieve de rojo. Los ojos atónitos de los soldados en los parapetos lo siguen incrédulos mientras regresa a la muralla con más velocidad de la que tiene derecho un traidor, nadie nota cuando toma las dos ballestas recargadas en la muralla. Todo es tan rápido que para cuando reaccionan el viajero se ha convertido más un recuerdo entre la tormenta que una figura con sustancia. 
 
En medio de la tormenta, frente a la puerta dos cuerpos yacen con una saeta cada uno, perforándole el pecho a ella y a él, unos metros más allá y con el rostro sumido en la nieve, atravesándole el cráneo, para estas alturas ya deberían saber el desenlace de esta historia las bestias de las sombras. El viento parece haber acelerado ahora que la amenaza de un rehén ha pasado. Los soldados se han recuperado y se miran incrédulos, algunos corren al establo y encuentran todos sus caballos muertos a excepción de los más viejos y uno de sus mejores caballos que esta simplemente perdido aunque la deducción de su paradero se vuelve casi obvia, una investigación más profunda revela que también les falta algo de pan y carne, nada que les impida sobrevivir el invierno, suficiente para que una persona logre un viaje en medio de la tormenta a la siguiente ciudad no amurallada, conveniente. 
 
Lejos de la ciudad y a favor de los vientos violentos, el viajero refuerza sus creencias. Una línea de cristales le marca las mejillas, la repetición no ha vuelto fácil el manejo del cargo de conciencia, los resultados lo hacen dudar de los métodos empleados. Amargamente repasa la maldición de sus acciones. Se justifica pero sabe en lo profundo de su ser que jamás podrá detenerse pues es un asesino. No es la primera vez que se enfrenta a las bestias, espera poder detenerlas cada vez y cada vez falla, siempre es un objetivo diferente, un ataque directo no ocurrira jamás, no tienen los números para llevar acabo tal ataque, obligar a los ciudadanos a traicionarse es lo mejor que pueden hacer, siempre encuentran maneras nuevas de lograrlo, pero el hambre comienza a debilitarlos, aunque esa historia nadie la creerá, tienen el miedo a flor de piel y prefieren no arriesgarse. El ha vuelto su trabajo asegurarse de que las ciudades resistan y si no logra evitar la infiltración o el secuestro, o cualquier otra artimaña que decidan llevar acabo, es su trabajo evitar que los ciudadanos tomen una decisión por compasión, es su trabajo ser el monstruo. La próxima ciudad lo lograra, en la próxima no será un asesino y podrá partir como un héroe, podrá por fin explicar porque se ha convertido el monstruo en que se ha convertido. El siente que solo son excusas que le ayudan a sobrevivir, no importa que tanto las repita el castigo de su conciencia lo deja sintiéndose menos que un hombre.
Un día por fin cederá ante su necesidad de aceptación, un día por fin tomara el camino del héroe virtuoso y se entregara a cambio del rehén, a cambio de la comida, a cambio de la cura. Lo recordaran y cantaran canciones en su nombre, la siguiente temporada de tormentas por su compasión, ninguna ciudad sobrevivirá…

Tesis:Invocaciones y su funcionamiento desde un punto de vista cientifico

Hacer pactos con demonios es científicamente una situación de ventaja para el mortal que vende su alma pues de manera empírica no tenemos prueba sobre la existencia de un alma inmortal. En el peor de los escenarios es una apuesta con un 50/50 de probabilidad, nada mal. Usted puede alegar que los demonios son científicamente improbables debido a la carencia de almas, usted estaría equivocado pero no hay tiempo para explicar todo, léase como: no tengo el mas mínimo interés es explicarle a usted lector las razones y maneras en que los demonios existen pero el alma no. El punto aquí es que teniendo toda la información necesaria para hacer un pacto resulta hasta idiota no hacerlo, más si uno sabe que lo único que entra en cuestión para la negociación es nuestra alma, de la cual no tenemos certeza.

Es bajo esta premisa que me encontré en la habitación estéril con un pentagrama dibujado en el suelo, con símbolos de un lenguaje extinto escritos en el borde externo y velas negras dispuestas en las puntas de cada estrella. Es importante recalcar que el cuarto estaba en completa oscuridad más allá de las velas y el pentagrama fue dibujado usando sofisticadas herramientas que orientan la punta superior al norte magnético de la tierra y hacen del círculo y estrella un dibujo de dimensiones perfectas. Yo no soy ningún amateur cuando se trata de hacer tratos con demonios, o bueno si lo soy, pero no lo voy a hacer como un aficionado con delirios espirituales. Hice una revisión detallada de los materiales en la mesa junto a mí, dispuestos de tal manera que los materiales más sencillos de usar y de menor urgencia se encuentran lo más lejanos de mí. Incluso había materiales de los que no tengo prueba sobre su efectividad pero basado en la información que existe sobe otros, resulta natural haberlos usado, cosa que nadie hizo antes porque tratan estos ritos como algo artesanal cuando podríamos hasta hacerlo un proceso industrial.

Una vez que me encontré satisfecho con todos mis preparativos tome la pequeña libreta con el “conjuro”, las comillas aquí existen para informarle a usted lector que más que un conjuro es básicamente una pequeña frase en algún lenguaje antiguo (la frase como tal habla de servidumbre y alaba al demonio en cuestión porque por alguna extraña razón todos los demonios tienen baja autoestima y delirios de superioridad), lo recite y espere. A continuación procederé a explicarles que fue lo que paso cuando el demonio decidió atender mi llamado, es importante que usted lector sepa que siendo este un acercamiento de índole investigativa a la invocación de demonios, es para mí importante notar los detalles más importantes e incluso enfocarme en las situaciones que se han registrado previamente como repetibles.

Primero es importante notar que existió el olor a azufre, un olor distintamente ligado al infierno de tantas religiones. La luz que emanaba del círculo tenía como origen fuego, otro elemento ligado de cerca este mismo lugar lleno de sufrimiento. Teniendo en cuenta que las almas en pena van a este lugar, me resulta natural que al “abrirse” el portal se escucharan gritos de personas en un sufrimiento horrendo. Algo sinceramente desagradable, pero nada sorprendente, era de esperarse. Tras leer esto usted puede empezar a pensar que tiene pruebas de la existencia del alma pero debo recordarle que estamos hablando de un ser capaz de concederme cualquier deseo ¿cuál dificultad puede presentarle el crear este espectáculo? En fin, seguido a esto hubo humo, una voz de ultra tumba cuernos, cola, piernas de cabra y demás cosas que se han descrito un número incontable de veces. Al menos estos demonios son consistentes, la ciencia una vez más triunfa.

La criatura dentro del círculo embistió contra el círculo y me miro furioso. Maldijo en su lenguaje, me llamo inútil niño de verano (asumo que es un insulto poderoso en su hábitat natural), y golpeo el suelo denotando furia. Fue en este momento que note algo de confusión en su rostro al verme ataviado en una bata de laboratorio, con una libreta y anotando sin casi prestarle atención. Iba a decir algo cuando levante la mano y le sonreí. Estoy seguro que los demonios no acostumbran recibir sonrisas pues solo se quedó mirándome confundido. Lo mire por unos segundo formando en su lenguaje la frase para preguntarle si sabía otro idioma, y la hice. Tras asentir cambie de idioma a mi nativo español y el demonio hizo lo mismo, la interacción fue la siguiente:

-¿Para qué me haz llamado insípido mortal? – Esto lo dijo con una voz que hacía eco en el pequeño cuarto, un efecto admirable
-Para hacer un pacto, no sin antes obtener información de ti.- dije mientras seguía anotando en la libreta-
-Me faltas al respeto ignorándome MORTAL?! –Algunos de los objetos en la mesa temblaron con el estruendo de su voz, de nuevo, sorprendente la capacidad que tienen estas criaturas.
-Me temo que debo registrar todo los sucesos de este experimento, pero bajo ninguna circunstancia he perdido la atención de lo que haces, tampoco de ese teatro de quedarte dentro del circulo cuando no hay ninguna fuerza manteniéndote ahí –Le dije mientras revisaba en mi tablet el monitoreo de energía y ondas dentro de la habitación.
-Me miro confundido puso un pie sobre el borde del circulo y me miro esperando el temor, el cual no llego, camino hasta la silla más cercana y se sentó en ella – No es tu primera vez eh?
-Al contrario, lo es, sin embargo tengo suficiente evidencia para saber que no eres tan peligroso como todos creen. –anote la manera en la que interactuó con la silla, estaba sobre ella pero la silla no había reaccionado a su peso.
-Ahora me subestimas? –levanto una ceja
-No, al contrario creo que estoy siendo increíblemente preciso con tus habilidades, puedes crear ilusiones y además engañar a la mente de las personas, pero no puede interactuar de manera física con nada en esta dimensión.
-entrecerró los ojos y casi susurro – ¿sabiendo esto aun así me llamaste? Sabes que no puedo darte nada entonces ¿porque estoy aquí?
-Necesitaba estar seguro de que clase de “magia” era la que les permitía acceder a nosotros, veo que la disposición de los objetos es simplemente una referencia para ustedes, las palabras y demás preparativos no son mas que rituales innecesarios, ustedes podrían aparecer donde quisieran.
-solo gruño y se cruzó de brazos-
-Sin embargo la proyección interdimensional sigue siendo sorprendente ¿cómo lo hacen?


De aquí en adelante solo fue una plática sobre las diferentes habilidades que los demonios poseen. Resulta que la primera vez que se invocó a uno fue un accidente, al entrar en nuestra dimensión la mujer murió de un ataque al corazón por la sorpresa y un niño que observaba juro que el demonio la había matado porque rompió el circulo. Un accidente en la época equivocada y toda una raza de criaturas es marcada como diabólica, lo que hace el no leer las noticias. Resulta que siguen atendiendo llamados porque les resulta entretenido interactuar con humanos y lo ingeniosos que resultan cuando cumplen un pacto se debe a que deben hacerlo de tal manera que la duración de la ilusión caiga dentro del rango de tiempo que puede estar activa y no implica afectaciones reales en este lado del muro interdimensional. Aprendí bastante de la interacción con el demonio, si se su nombre, pero me dolió la cabeza solo escucharlo, resulta que tiene cualidades más allá de las que nuestra mente puede comprender.

¿En cuanto a mi deseo? Le pedí que se apareciera en la publicación de mi libro, de esta manera no necesitaría afectar el mundo y no tendría que jugarme ninguna broma para deshacerse de mí, el libro llevara por título “Invocacion: El llamado de otr-