martes, 4 de septiembre de 2018

Mujer De Carne y Hueso


Ella no tiene el andar ligero de las mujeres fantasía que bailan en las nubes. Tiene en el caminar el peso perfecto para dejar huella sin pisotear la tierra.

No huele a flores como aquellas ninfas nacidas en la imaginación de algún burgués de la palabra. Su olor es una mezcla de sudor, sangre y fuerza porque la vida se lo ha requerido.

Su piel no goza de la claridad de seda que imaginan hombres menos certeros. Es una piel hecha bajo el sol y marcada por el día a día.

Es preciso decir que su sonrisa no es un destello de sol, es más bien dientes y labios que más que a los ojos apunta al corazón.

Su voz no es el canto de las aves más sinfónicas del paraíso. Es el sonido firme, suave y seductor que sólo de su pecho puede emanar.

No disfruta que la adoren como diosa postrada en cama de rosas. Quiere amor desbocado y cataclísmico sobre cualquier superficie que le venga en gana.

A ella estos poemas logran apenas contornearla contra la imaginación, pues resulta imposible arrancarla del mundo a base de metáforas para construirla en el aire.

Resulta imposible porque es una mujer de carne y hueso.

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