domingo, 8 de enero de 2017

Pasos silenciosos



Recuerdo los momentos justo antes de la explosión. Me encontraba sentado con unos amigos en la sala de mi departamento. Hablábamos de cosas sin mucha importancia, o al menos en retrospectiva así resultan, aunque a nosotros nos parecían inmensamente importantes. Uno de ellos se ofreció a traerme una cerveza y entonces ocurrió. Recuerdo que lo vi recortado contra la luz que se filtraba por la ventana, era solo una silueta negra frente a un fulgor naranja. Su voz se perdió en el horrendo rugido que nos había golpeado. Ni siquiera me moví, o intente hacerlo, pero recuerdo que todo lo percibía con lentitud. El rugido me ensordeció y me quede parado ahí, atónito ante la belleza de lo que pasaba en el horizonte. Hay que reconocer que la destrucción tiene en su ejecución algo de atractiva. Meses, años, siglos de civilización siendo destruidos en un segundo. Edificios convirtiéndose en oleadas de piedra, el humano devolviéndose a sí mismo a la nada. La sensación fue tan repentina que tarde unos segundo en darme cuenta de cuanto me ardía el respirar. De pronto el ardor no fue el problema si no la imposibilidad de respirar. Instintivamente me arañe la garganta y caí al suelo. Recuerdo que entre lágrimas vi el marco de la ventana volverse una serie de piedras que caían al vacío al momento que el suelo me soltaba a mí a un vacío imposible. Después todo fue oscuridad.

Desperté bajo un montón de piedras. Creo que pasaron minutos mientras recordaba lo que había sucedido y donde me encontraba. El paisaje había cambiado tanto que ni siquiera estaba seguro de que estuviera en el mismo lugar. Era un verdadero milagro, tenía raspones y en general estaba cubierto por una película de polvo, pero más allá de eso, estaba vivo. Mire a mí alrededor esperando que un milagro similar hubiera salvado a mis amigos. Simplemente me sentí solo. Me encontraba yo sobre las ruinas del edificio en el que vivía y nada más. Kilómetros a la redonda solo había desolación, cientos de edificios hechos montones de piedra para después ser lanzados hacia el horizonte, lejos de donde la explosión ocurrió. El silencio era lo más aterrador, en medio de la noche solo podía esperar que algún alma sin rumbo me terminara por matar del susto. Camine entre las ruinas hacia donde recuerdo haber visto la explosión. 

Al caminar me resulto curioso cómo incluso algunas plantas habían sobrevivido a la explosión. Eran plantas muy extrañas ,por cierto, pues tenían unas hojas más gruesas y retorcidas, además, en lugar del color verde sano que suelen tener las plantas estas eran de un tono grisáceo. Fue el primero de mis grandes descubrimientos, o al menos yo creia que era grande cuanto lograba enfocarme en los detalles de mi camino. Camine durante horas descubriendo pequeñas cosas en medio de las ruinas. Nada de valor.

Nunca llegue al lugar de la explosión. Al parecer tras el derrumbe debí haber perdido el norte y camine en otra dirección. Fueron días largos, el sol era fuerte pero no producia calor, al contrario, el clima siempre se sentía frio y el viento aullaba entre las ruinas de una manera casi viciosa. No sé cuánto tiempo habré vagado en la ciudad, no debió ser mucho ya que el sol nunca logro hundirse en el horizonte, o ¿si?. Una sola explosión y el mundo parecía haber cambiado de manera infinita.  Pero antes de que el sol se hundiera decidi dormir, o creo que debi hacerlo pues el sol estaba una vez mas elevandose en el cielo.

Viaje. El viaje no era incomodo pues el sol no daba esa luz amarilla cálida que suele dejar la piel irritada, más bien solo bañaba todo en una luz pálida y fría. Fueron un par de días y noches en que me asaltaban dudas, siempre preguntándome donde me encontraría, todo era tan distinto, ya no estaban esos lugares que siempre le daban sentido a cada paso, todo había cambiado tanto. Durante las noches solo buscaba donde esconderme del terrible aullido del viento, ni siquiera sentía un enorme frio, era apenas molesto, pero aun así algo dentro de mí me decía que debía ocultarme.

Fue la tercera noche, lo recuerdo bien porque fue especialmente ruidosa, o bueno especialmente sonora, el aire aullaba pero parecía casi lamentarse, el aullido era irregular y desgarrador. Estire el cuello y mire más allá de las ruinas que servían de pared al refugio en el que me encontraba y la vi. Era una mujer alta, de cabello grisáceo, su piel casi resplandecía bajo el brillo de la luna, tenía un porte elegante a pesar de los harapos en los que estaba vestida. Su mirada buscaba entre las ruinas con la paciencia de un depredador que se sabe victorioso. Quiero creer que no me vio aquella noche, pero cuando miro en mi dirección y logre ver sus ojos, sentí una paz inmensa. Eran un par de ojos negros profundos y absolutos. La mire y me perdí en esa mirada. De pronto mis dudas ya no tenían tanto peso. Olvide el frio de la noche y el terror de los aullidos. Me descubrí sonriendo y me puse de pie, sin dudarlo camine hacia ella mientras agitaba las manos. Me miro por unos segundos más y sonrió.

Esa noche no dormí, solo hablamos. Ella nunca ofreció un tema, sin embargo siempre que yo escogía uno, ella tenía una respuesta. Me parecía tan interesante más allá de sus profundos ojos negros. Su voz se sentía como una suave brisa en la mañana. Siempre sonreía más nunca reía. Justo antes de que el sol rompiera le horizonte recuerdo haber pensado en cómo me sentía mucho más cercano a esta mujer en medio de este caos de lo que jamás me había sentido a ninguna persona cuando aún todo me era normal. El caos te vuelve filosofo al parecer, antes de la explosión, mi percepción era el absoluto del universo a mi alrededor. Ahora, sin alguien a quien rendirle cuentas sobre mi comportamiento me encontraba más cómodo cuestionando todo lo que alguna vez dije, hice o pensé. Debo confesar que gran parte de mis acciones me resultaban cómodas, pero había unas cuantas que me habría gustado no recordar. Tantas cosas que pensar en un segundo entre su sonrisa y la salida del sol.

Miro el sol y me dijo en aquella suave voz “debemos irnos”. Sin dudarlo asentí, seguro debíamos irnos, había que buscar un mejor lugar, al menos uno con más gente. Esta ciudad estaba desierta y aunque no me sentía del todo solo, seguro estar acompañado no podría ser tan malo en estos tiempos. Caminamos y platicamos, creo que nos detuvimos un par de veces a comer algo aunque en estos momentos no tengo idea de que comimos o donde nos detuvimos. Como iba a recordar algo más que su rostro y su voz, incluso me cuesta recordar algo más de lo que hablamos solo sé que no paramos de hablar.

Mi primer encuentro con otra persona fue desagradable, demasiado. Me emocione y corrí hacia él, era un hombre demacrado con una melena descuidada y un aún más descuidado vello facial. Grite desde lejos para asegurarme que el hombre me viera sin embargo solo abrió sus ojos y miro desesperadamente hacia todos lados, volví a gritar y por fin pareció verme. Rápidamente corrió entre las ruinas y se perdió entre las sombras. Pasaron algunos segundos mientras me quede ahí, mirando el vacío del lugar que había dejado el hombre. Ella se acercó y puso su mano sobre mi hombro “debemos irnos” repitió. Solo decidí seguirla.

Hemos caminado muchísimo pero no sé ni a donde vamos ni cuanto duraremos en este viaje o simplemente antes de desvanecer. No es malo, ella es excelente compañía y me hace olvidar los malos momentos. Sin embargo ya no trato de hablar con las personas, solo grito cuando veo a una para ver cómo se asustan, miran a todos lados y desaparecen entre las ruinas, es casi un juego. Siempre que intento algo nuevo y fracaso, ella se acerca, me sonríe y me repite que debemos irnos. Es una extraña sensación no tener ni destino ni propósito. Pero en un mundo tan diferente ni siquiera se que puede ofrecerle un tipo como yo al mundo mismo.

Esta vez decidí dejar esto escrito en la parte trasera de un viejo anuncio de películas. El tipo en la portada se ve tan feliz. Me pregunto si habrá alguien igual de feliz en el mundo actualmente. La gente que hemos encontrado siempre esta tan triste. Tal vez es sonreír lo que les haga falta. Si encuentran esto sepan que no deben tener miedo, el mundo es diferente, el mundo incluso es gris, pero si en lugar de temerse los unos a los otros deciden unirse y provocarse sonrisas como las que ella me provoca a mí, seguro podremos volver a empezar. Me está llamando dice que debemos irnos, aunque esta vez su voz es más seria, ¿habrá pasado algo? ¿ La tendrá preocupada lo brillante que es el sol en el horizonte? Hoy es un día extraño, pero creo que ya sé a dónde vamos.
               

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