“Esta es tu historia, se el
protagonista de la misma. Malditos poetas baratos y filósofos de taberna. Te
generan ilusiones que jamás podrás cumplir. Terminas por convertirte en una
persona feliz con su mediocridad porque al menos son tus decisiones.” No había furia en sus pensamientos,
solo el suave pensamiento que libera la mente de la tragedia del existir sin
sentido. Sus pensamientos viajaban entre lo ridículo que resultaba a estas
alturas de su vida el éxito y lo molesto que le resultaba el positivismo casi
vomitivo de esas personas que quieren seguir sonriendo aunque no se lo merecen,
que básicamente somos todos. No confundan a Augusto Du Morne con una persona
amargada, Augusto ha vivido una vida plena, ha reído, bebido, amado, sufrido,
llorado, triunfado, fracasado, viajado y meditado. Ha hecho todo al menos una
vez, desde mendigar en las calles hasta cruzar la puerta de un burdel como un
rey entrando a su castillo. Si él fuera una persona más positiva se sentiría
pleno, pero ese requeriría que Augusto no cuestionara su existir y aunque no es
el mas brillante de su destacamento, siempre ha tenido un alma curiosa. De ahí que
mientras afila su espada, cual artesano agregando los últimos detalles a su
obra maestra, sus pensamientos le lleven a cuestionar su protagonismo en su
propia historia.
Hay que
recordar que Augusto es un comandante de las legiones de la flama negra. Ascendió
de manera casi vertiginosa a este puesto y lo ha desarrollado de la manera más
galante posible. Pero hoy, mientras se prepara para una batalla que bien podría
ser su última, se da cuenta de que es el protagonista de su historia pero no de
la historia. Piensa en la persona a la que sigue, Alexander Delacroix, el solo
puede pensar que la gente lo llama héroe “Y
¿como más vas a llamar a una persona así? Alexander lo ha sufrido todo. Ha
sangrado por causas ajenas, ha liberado pueblos, ha destruido tiranos y ha
eliminado bestias. Alexander tiene heridas en las heridas, nunca ha conocido el
amor por un individuo pues su vida no tiene lugar para ello, es el violento mesías
que todos esperábamos, el liberador, el héroe. Alexander ni siquiera usa
armadura, pues los dioses le acompañan, semejante estupidez, por eso tiene
heridas sobre las heridas. Pero es esa una de las múltiples razones por las que
Alexander, es un héroe, porque él es grande, se hizo grande viniendo de la nada.”
Augusto no lo envidia, no puede, el pobre hombre solo vive para su causa, que
vida tan vacía. Hay que tenerle lastima al héroe, pues lo seguimos todos, pero está
solo en su grandeza, pues nuestras historias se viven a su sombra y nunca a su
lado. La paz que le trae saberse uno más entre los números le hace sonreír
mientras se ajusta su armadura.
Sera un día
largo y eso nunca es bueno para una batalla. Augusto deja su tienda y atraviesa
el campamento entre saludos de sus soldados y generales. Su mirada viaja sobre
todo el campamento y en las orillas logra ver a las mujeres, niños y mercaderes
que se han añadido al grupo, la guerra es un buen negocio. Sin dudarlo se
acerca a una pequeña tienda de la que salen los olores de carne quemada y algún
otro alimento. Dentro solo un pequeño grupo de líderes de unidad comparten
comida entre charlas sobre sus mujeres y sus hazañas. Augusto toma un plato y
se les une. En las sombras de la misma tienda, alcanza a ver a Alexander,
comiendo en soledad, cada bocado parece
ceremonioso y el hombre apenas parece una fracción de lo que es cuando realiza
una de sus hazañas. ¿Sera que el heroísmo pesa cuando no se ejerce? O ¿es ese
un mal de toda grandeza? Augusto se encoje de hombros y se une a la charla sin
darle más atención, parece que alguien en la mesa ha decidió asegurar que puede
derrotar a un troll sin problema, tremenda estupidez.
Después de la
comida, fue un poco de práctica para calentar los músculos, nada serio, apenas
unos ejercicios. Augusto se sube a su caballo y empieza a rodear el campamento
esperando a que todo mundo tome su lugar en la formación mientras el revisa el
horizonte. Le resulta terrible que la unión de cielo y tierra la venga a romper
el enemigo, uno podría imaginarse una pequeña choza allá en el horizonte, un
lugar casi apacible que se tornara en un campo de guerra. De pronto ya está liderando
su legión, de pronto ya no es Augusto el hombre si no Augusto el general. Sus
hombres marchan a sus espaldas y él se siente invencible, él es la muralla de
hierro que protegerá su reino de las indecencias del enemigo. Ni él se lo cree
del todo, pero es la mentalidad adecuada para matar por una causa, porque vale
recalcar que nadie quiere morir por ninguna causa, aunque ningún héroe lo admitiría
abiertamente.
El horizonte
se parte con una delgada línea negra que pronto se convierte en una serie de
hombres en armadura negra. Y sobre ellos una enorme sombra cubre el cielo, la
bestia. Es por esto que todo empezó, por esa criatura que rompió el balance de
poder que todos estos eventos ahora están en curso. Todos dudan por medio
segundo y en ese medio segundo Alexander rompe las filas y se separa del
destacamento. De pronto no es solo un hombre, es un héroe y sin darse cuenta
todos lo siguen a él, Augusto reconoce que él no es el protagonista de la
historia, en este momento ni siquiera el verdadero comandante de sus legiones, “ese
es el problema con creerte dueño de tus acciones, hay personas tan grandes que
pueden convertir cualquier escenario en apenas un circo con su sola presencia”
o será que tal vez la vida misma de Alexander lo ha vuelto a él una marioneta
de los eventos y él es solo otra herramienta de la historia. ¿Cómo puede uno distraerse con esto ante la
muerte, ante el enemigo? Es hora de entrar en batalla.
Ha pasado ya
una Hora desde que inicio la batalla. Augusto siente sus brazos quemar con cada
movimiento de su arma. Su armadura alguna vez reluciente ahora está cubierta en
lodo y sangre. Cada enemigo nuevo es un reto que parece insoportable en los primeros
instantes y al final del enfrentamiento, cuando se podría disfrutar de la efímera
victoria, otro aparece en le roba el dulce sabor al momento. En medio de todo
esto no hay gran historia para ningún combatiente, aquí se han terminado
cientos de historias y ,por lo cortas o largas que hayan sido, en la batalla
fueron protagonizadas por quien se encontraba en ellas. “¿Porque me importa tanto el protagonismo ahora? ¿Porque en medio de la
batalla? Siempre viví mi vida como desee, siempre ande por el camino menos
transitado y construí algo para mí, ¿porque la duda ahor-“ el pensamiento
muere entrecortado, no es que haya sido un enemigo muy hábil, ni siquiera uno
especialmente poderoso, pero la guerra tiene mucho de suerte, la suerte de su
enemigo fue estar un metro más hacia el norte, la mala suerte de augusto fue
estar dentro del alcance de la garra de la bestia. Un zarpazo apuntado hacia Alexander
lo dejo sin vida, y sin torso, de manera accidental.
Si solo
alguien pudiera recordar su nombre, pero parece poco probable, Alexander no
parece que vaya a ganar esta pelea. Cuantas historias, nombres y tragedias se
quedaran en el silencio…
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