lunes, 26 de junio de 2017

Lo cotidiano

Algo tienen estas mañanas que sirven para construir las historias perfectas. Es de esas mañanas donde el viento frio solo desata melancolía. El viento es lo suficientemente fuerte como para recordarnos que no somos más que hojas en el violento curso del universo pero a la vez es una caricia que nos recuerda que nuestro corto viaje puede ser placentero. Una de esas mañanas donde el café llena el ambiente de su aroma y por fracciones todos nos damos cuenta que el caos del mundo es perfecto en su existencia. A pesar de lo grandioso de estas palabras, no todas las historias se escriben en escenarios grandiosos con príncipes y dragones, con héroes y sangre. Existen historias como esta, historias que ocurren en lo privado de la mente de una persona, en la simpleza de un viaje de la mañana, en lo profundo del alma.

Él es un contador en una firma de renombre. Es un hombre de familia, felizmente casado y con dos hermosas hijas por las cuales, aunque él nunca lo piense, mataría. Vive bien y es feliz. No es el hombre promedio, es un poco más en lo meramente numérico. Esta mañana se despertó, se vistió sin ceremonia, bajo a preparar el desayuno, beso a su esposa y salió con una sonrisa en su rostro. El frio de la mañana le obligo a pasar por un café antes de abordar el transporte. La bebida le calentaba las manos y el pecho y era en ese pequeño instante, mientras cambiaba el calor del café por el frio viento que le llenaba los pulmones, que él se daba cuenta que la vida tiene algo de hermosa en su cotidianidad.

Ella es una estudiante de medicina. Vive con la compañía de su perro y de vez en cuando visita a sus padres en las afueras de la ciudad. Le gustaría trabajar, pero su carrera la consume totalmente, es raro cuando puede hacer más que sacar a correr a su pastor alemán. Esta mañana se levantó tarde, salió corriendo de la casa con una dona entre los dientes y atándose el cabello en una coleta de caballo y su mochila golpeándole el trasero con cada paso. No noto lo tonto que había sido salir sin suéter hasta que estaba ya cercas de la parada del transporte. Decidió resguardarse del frio en la cafetería local, para evitar vergüenza se compró un americano descafeinado, no es aficionada al café y espero a ver el transporte cerca de la parada antes de salir de la cafetería y correr directo al resguardo del autobús.

Ella tomo un asiento en la parte de atrás, su viaje es largo y prefiere evitar el constante choque de cuerpos que conlleva el estar cercas del frente. Acomodo su café entre sus piernas y tomo su libro para distraerse en el largo viaje.

El espero a que todos subieran al autobús, nunca lleva prisa y le permite beber un poco más de su café. Subió lentamente, sonrió al conductor y busco un lugar vacío. Se sentó a un lado de ella y estaba a punto de saludar cuando noto que ella leía y prefirió no molestar. Él sabe bien que no hay nada peor para alguien que lee, que alguien que quiere platicar.

La historia terminaría aquí y sinceramente nada será diferente por lo que está a punto de suceder, pero aun así hay historias que se cuentan simplemente porque deben ser contadas.

Ella comenzó a sentir el mareo de leer en movimiento, le resultó extraño ya que suele leer constantemente en el autobús. Cerró su libro y sacudió la cabeza tratando de quitarse la sensación de malestar. Fue entonces que notó que él veía su libro, sus ojos se cruzaron por un segundo y ella le sonrió para evitar verse grosera o muy distinta. La gente ya tiene suficiente indiferencia de los demás como para ella sumarle más de eso al mundo.

El había leído ese libro ya hacia algunos años. Era un buen libro, siempre le llamo la atención lo profundamente filosófico de las actitudes del personaje principal. Estaba recordando eso cuando subió la mirada y accidentalmente la cruzo con la de ella. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Antes de que pudiera siquiera procesar lo que pasaba sus pensamientos se le adelantaron a los labios y le pregunto en que parte se encontraba del libro. Ella sonriendo respondió.

¿Tendría el alguna intención más allá de la plática? ¿Debería solo responder y girarse para evitar la conversación? Se lo pregunto y nunca se respondió. Le contesto en que parte del libro se encontraba y lo interesante que le resultaba el escenario planteado en el libro y su similitud con la vida cotidiana. Tal vez si lo hubiera pensado más se habría detenido ahí, pero su mente y su boca estaban en automático y poco a poco iba hablando un poco más y el con el mismo dinamismo respondía y preguntaba. Así pasaron los minutos en su viaje, conversando sobre el libro inicialmente y poco a poco saltando entre las ramificaciones a los que la plática los llevaba.

A él la plática le resultaba increíblemente interesante sin mencionar que la libertad de no conocer a la persona y poder emitir ideas sin siquiera poder imaginar cómo ve la otra persona el mundo le daba un factor de sorpresa a cada palabra que salía de su mente. El fijaba su mirada constantemente al frente para evitar incomodarla pero gesticulaba con las manos y volteaba a verla sonriendo cuando algún dato gracioso los hacia coincidir. La justa verbal era entretenida y la malicia que suele instanciarse en las pujas de poder estaba completamente ausente. Sin darse cuenta una pregunta se movía en las sombras de su pensamiento, como ocultándose bajo la avalancha de filosofía, comedia y cotidianidad que corría por su mente. De pronto la noto, por una fracción de segundo, como una duda meramente ¿Cómo sería besarla?.

¿Cómo sería besarlo? La pregunta surgió por un instante y se desvaneció, como una mera muestra de curiosidad. Como quien se pregunta que habrá detrás de la puerta que es solo para personal autorizado o el querer saber que hay en la caja de regalo que los novios nunca abrieron. La pregunta se desvaneció ante lo cautivante de la plática y ambos seguían descubriendo en pequeños destellos quienes eran. Un chiste en el momento adecuado y ella empezó a reír.

Era una risa honesta y profunda, algo melodiosa incluso. Le daba color a su rostro, un rostro al que no le había prestado mucha atención pero bajo una mirada más cuidadosa se tornaba agradable, incluso atractivo. Sonrió y giro la mirada hacia el frente del autobús.

Ella termino de reír y lo miro sacudiendo la cabeza ante el humor de la situación. Qué curioso resultaba haber encontrado una compañía tan agradable en un momento tan cotidiano. Era un hombre agradable, alguien con quien podría pasar horas platicando, compartiendo cualquier cosa y siempre saliendo de la conversación una mejor persona. Exhalo ante lo ridículo del pensamiento no completo que se formaba en la orilla de su mente y se giró hacia la ventana aun sonriendo. Ella no sería la loca que se imagina una vida junto a él solo porque coincidieron en el autobús. Además, el anillo en su manó debería ser repelente suficiente para esas ideas sin mencionar que él nunca hizo un esfuerzo por ocultar el que estaba casado.

El espanta la ridícula idea de un beso profundo con la imagen de su esposa mientras juega con el anillo de bodas. Es una idiotez por supuesto, pero el pensamiento estuvo ahí un segundo y la naturaleza curiosa lo llevo a preguntarse si ¿con la misma facilidad que ignoro su parada hace dos estaciones por continuar la plática habría ignorado la promesa que hace años le hizo a su esposa? Todo es hipotético menos la respuesta, una rotunda negativa. Se despide sin jamás tocarla y toca el timbre para bajar e ir a trabajar. No mira atrás y la idea poco a poco se desvanece y no se vuelve más que un recuerdo tenue que en unos días habrá desaparecido.

Ella se despide y se queda sonriendo en el camión. Por un segundo considera buscar una manera más de estar en contacto usando la agradable plática como excusa. La realidad es que no es ni siquiera relevante y vuelve a abrir su libro. El será el extraño agradable que alguna vez conoció en el autobús, a su rostro e incluso los detalles de la plática, lo único que le quedara será la agradable posibilidad de que en el autobús se puede conocer a personas agradables.

La realidad es que las condiciones no eran las óptimas para que el amor duradero floreciera entre ellos. La realidad es que no se pierden de nada, pues el regresara y platicara con su esposa como todas las noches, probablemente le haga el amor y serán felices como siempre lo han sido porque él la ama y ella a él. El seguirá cuidando de sus hijas, crecerá profesionalmente y será feliz y será mejor persona. Su esposa será la compañera ideal y le dará retos intelectuales como siempre. No se ha perdido nada en la vida de él.

Ella conocerá a alguien que le ayude a completar todas sus metas de vida y con el cual tendrá largas platicas por la noche compartiendo copas de vino, una película o simplemente la noche. La vida seguirá y ella será tan feliz como el que más. A su vida no le habrá faltado nada.

Lo que si habrá pasado es que durante los minutos que compartieron en aquel autobús él fue de ella y ella de él. Serán solo recuerdos e incluso serán tenues e irrelevantes, pero en ese espacio de tiempo que ocurrieron fueron una gran historia. Hubo grandes preguntas que recibieron la misma respuesta que siempre recibirían, pero fue ahí en esos instantes que el mundo se volvió solo el espacio donde habitaban ellos dos. Tal vez algunos estemos en desacuerdo con la posibilidad de hacerse preguntas de la índole que ellos se hicieron, pero no podemos negar que al final del día, su calidad viene de la decisión que tomaron ante la pregunta.

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