lunes, 26 de junio de 2017

Creación

Siempre se ha especulado sobre el nombre de quien lo inicio todo o el evento que lo inicio todo. La historia es conocida y sin embargo siempre ha sido tratada como un producto de la imaginación, como un enorme pedazo de ficción. Debe haber cierta paz en entender que el caos del universo en el que se vive es, de una manera irónica, el orden natural de las cosas. Mas no será esta desestimación de los eventos de la que hablemos hoy, hoy, como tantas otras veces, volveré a contar la historia y al final del día quedara a discreción del lector decidir como la trasmite o si decide dejarla en el olvido. Debo ser claro y advertir con antelación que no encontraran en estas palabras confirmación alguna de sus creencias o resultados de experimentación, hay que comprender que el propósito de la historia que están por leer es simplemente asegurarse que la historia en si nunca se pierda, se cuenta la historia por el bien de mantenerla viva y nada más.
 
Ellos se hacían llamar los artesanos, o al menos es la aproximación más cercana que existe en la actualidad, eran la raza al inicio de todo. Su verdadero nombre hablaba del poder creativo de sus manos, su aliento y su sangre. A diferencia de un narrador, como yo, que solo le da vida a imágenes en la mente del lector u oyente, ellos le daban vida a leyendas completas. De su aliento y sus manos nacían personajes, terrenos, eventos, colores y sonidos; le daban sentido al tiempo mismo. Eran Titanes en cuyos oscuros talleres se concebían vidas enteras llenas de fantasía y magia. La pasión por crear los guiaba. En sus mentes se engendraba la semilla de historias increíbles de las que más tarde sus manos moldearían el mundo y esos mundos les ganarían su título, su nombre. 
 
Crear era el centro de su existir, de su haber. En sus manos crear tenia uno y mil significados. Empezó con darle forma a la piedra y pronto se transformó en colorear el cielo e imbuir de intención las mareas, en construir mundos grandiosos que exceden la imaginación y tejer hermosas historias que jamás volveremos a contar. 
 
Largos días de trabajo desembocaban en largas noches de celebración cuya intención era la demostración de lo creado en ese día. Algunos presentaban leyendas que se repetían una y otra vez en pequeños mundos protegidos por una capa de cristal, otros presentaban nuevos matices a viejos colores y los plasmaban sobre la tierra y el cielo tiñendo la noche de mil tonos diferentes, había los que dejaban sinfonías completas ahogar el silencio y de la melodía nacían nuevas emociones en los corazones del auditorio, algunos presentaban nueva vida; fauna y flora que iban desde enormes aves con picos de jade y plumas de seda hasta hermosas flores cuyos pétalos hacían una hipnótica danza a cada caricia del viento. Los artesanos no vivían jamás una noche igual en su existir y su existir era eterno.
 
Incluso entre ellos había quienes no solo reproducían las técnicas de creación, si no quienes las llevaban a nuevos niveles y sus creaciones no tenían igual. No solo seleccionaban a quienes enseñarían sus nuevas técnicas y les ayudarían a crear sus más elaboradas obras, si no que eran respetados por todos los artesanos por su habilidad sin igual. Maestros y aprendices pronto formaban un gremio dentro del cual los artesanos afilaban sus técnicas y juntos pulían el arte de su especialidad. Pero los gremios eran celosos y exigían la dedicación incluso de seres eternos. 
 
El nunca encontró en su corazón la pasión por una sola de las técnicas y se movía entre un gremio y otro experimentando todo y dominando nada, se burlaban de él y lo llamaban el T’ZUNUN , colibrí, por su incapacidad para estar quieto y lo pequeño que resultaba su aporte a las hermosas artes de los demás.
Para T’ZUNUN nunca fue un insulto. El encontraba placer en descubrir poco a poco todo, el no creaba ni técnica ni obra singular, él lo mezclaba todo y dejaba que el curso natural le diera forma a las obras que sus manos decidían construir. Donde los arquitectos de mundos creaban terrenos con esculpidas y suaves superficies, el colibrí dejaba que el viento erosionara la piedra y le diera una forma salvaje y natural. Donde los Forjadores de sonidos calculaban cada nota con sublime perfección, T’ZUNUN dejaba que las nubes se llenaran de furia, agitaran al mar y juntos crearan una violenta sinfonía. Donde los tejedores de luz tomaban un color y fracción a fracción lo iban ajustando a cada superficie el creaba luz y la dejaba volar sobre todo tipo de superficies fragmentándose y lloviendo errática sobre todo. El caos no era apreciado en el haber de los artesanos y por ello las caóticas creación de T’ZUNUN tampoco le ganaban el favor de nadie.
 
El rechazo pronto lo llevo a disfrutar poco los festejos de las noches y con el paso de las noches se fue alejando y sus creaciones se almacenaban en su pequeño rincón de la existencia sin ser disfrutadas por nadie más que él. El colibrí había logrado introducir el caos a todas las creaciones menos a una. El arte de los que respiran vida, no tenía problema alguno creando una criatura y dejándola ser, pero era tan plano en su hecho, las criaturas existían y servían su propósito sin más, pero eran criaturas cuya intención había sido infligidas sobre ellas, se veía en sus cuerpos y en su andar. Pasaba días y noches enteras creando y destruyendo, se sentía insatisfecho con sus posibilidades. La frustración de su estancado progreso lo llevo a crear un mundo donde todo era violento existir, el mal luchaba con la tierra por espacio, el cielo los castigaba a ambos con vientos y truenos mientras la tierra escupía fuego al cielo y mar extendiendo su dominio, era su frustración con vida. Mas no lograba ningún progreso.
 
Sus noches más oscuras las pasaba mirando ese mundo luchar entre si y destruirse solo para volver a nacer. Sin saberlo dentro de él nacía una emoción oscura e intensa. Sus creaciones se volvían más y más erráticas. La disonancia en sus sinfonías más que inspirar emociones las ahogaba. Sus mundos nacían y en violentos instantes se reducían a esferas negras de fuego y cenizas. Sus criaturas nunca daban su primer aliento. La frustración crecía y crecía dentro de su ser. El poco a poco cambiaba. Su piel perdió el vibrante color de su pelaje. Sus largos y magníficos cuernos se volvieron gruesos y retorcidos. Sus manos de creador poco a poco fueron cambiando a las garras de un destructor. Su rincón de la existencia se volvió un lugar oscuro y lleno de olvido.
 
Por fin un día, ahogado en su frustración salió de su taller en busca de inspiración. Fue entonces que uno de los artesanos en un arrebato de burlón humor, decidió recordarle su apodo, T’ZUNUN. La palabra retumbo en su mente, el mundo perdió el color a su alrededor y un desgarrador sonido nació en su interior. Instantes más tarde, varios artesanos lo lanzaban de vuelta a su rincón mientras lo miraban con desprecio. Aun confundido por la emoción que lo había poseído se miró las manos y noto en ellas un líquido rojo que nunca había visto. Curioso entro a su taller y dejo el líquido caer sobre una de sus creaciones. La sustancia se mezcló con la tierra y por un instante esta tuvo voluntad propia y nacieron de ella valles y montañas de formas sin propósito, era el caos en la creación una vez más. Feliz con su descubrimiento esa noche celebro en su pequeño taller, celebro hasta quedarse dormido.
 
En sus sueños, una imagen horrible lo asaltaba. Una criatura nacida de la oscuridad lo perseguía atreves de la creación, rugía y sin decir una sola palabra, le amenazaba con cada paso y cada violento movimiento. Pronto llego a una orilla de la creación que nunca había visto, la oscuridad se extendía más allá del lugar donde él se encontraba y amenazaba con devorar todo lo que se adentrara en ella. Se giró atemorizado justo a tiempo para ver las garras de la bestia hundirse en su corazón mientras la bestia susurraba “ K’I’IK’ ” y le mostraba una garra llena del líquido que había visto en sus propias manos aquella noche.
 
Despertó con un sudor frio recorriendo su cuerpo. Sintió miedo, pero algo dentro de él le decía que había encontrado la solución a los dilemas de sus creaciones. Se negaba a aceptarlo, no podía ceder antes tal instinto. Largos días lucho contra la idea tratando de volver a recuperar sus capacidades creativas. Nada funcionaba. Cada día se hundía más en su frustración y sentía más fuertemente el llamado de la bestia. Los sueños eran cada vez más vividos y algunas noches él era la bestia, un pasajero de su cuerpo mientras este se dedicaba a perseguir indefensos artesanos hasta las orillas más oscuras de la creación. Cada noche despertaba sudando frio y con el terror cerniéndose en su corazón.
 
Una noche el sueño lo supero.
 
Despertó al día siguiente junto a un mundo lleno de caos, era hermoso sin dudarlo, pero era hermoso porque nada tenía intención, eran solo choques de elementos sin voluntad. Maravillado sonrió ante tal creación y entonces vio su reflejo en el océano de su creación. Sus dientes estaba llenos de K’I’IK’, sangre. El cuerpo se le enfrió ante el horror de entender lo que había ocurrido. Sabía que vendrían a buscarlo, sabía que debía temer aunque no sabía a qué, nunca antes había cometido tan atroz crimen ¿cuál sería la sentencia? 
 
La noche callo y sintiéndose un poco más seguro, sabiendo que los demás estarían festejando, decidió salir de su guarida, camino cauteloso y en cuatro patas entre las sombras del bosque muerto que era su territorio. El ruido de un grupo de caza lo obligo a esconderse entre las sombras mientras el grupo de artesanos, guiados por una bola de fuego que iluminaba el bosque, se movían buscando a su presa. T’ZUNUN sabía bien que lo buscaban a él, la herida en el brazo de uno de ellos era la impresión fiel de sus largos dientes de depredador. Su atención estaba consumida totalmente por la herida cuando de pronto la esfera de fuego se abalanzo violentamente en el aire y golpeo el suelo junto a él lanzando chispas y destruyendo los arboles a su alrededor. Los artesanos cruzaron su mirada con el colibrí y horrorizados ante su apariencia titubearon por un segundo, tiempo suficiente para que el colibrí se lanzara hacia el interior del bosque en frenética huida.
 
Le era imposible esconderse, cada que comenzaban a volverse densos los troncos secos de los árboles y ofrecer algún semblante de cubierta, la bola de fuego golpeaba el suelo destruyéndolos y evitándole cualquier semblanza de calma. El miedo se mezcló con frustración y desesperación dándole fuerza a las voces en su cabeza; estas le decían que huyera al borde, ahí donde la oscuridad difuminaba la creación y la convertía en menos que un sueño. Entre su lucha por la locura que le amenazaba con destruir su mente y la desesperación por huir de quienes le cazaban nunca noto que sus pasos le habían llevado hasta el borde de la creación, donde la oscuridad se estrellaba como un mar hambriento. Busco frenético una solución a su dilema y como respuesta vio la oscuridad partirse creando una cueva hacia sus entrañas, invitándolo a protegerse de sus enemigos. La esfera que lo había seguido tratando de evitar que se ocultara golpeo dentro de la boca de la cueva y la oscuridad retrocedió no sin antes extender un pequeño tentáculo que mancho la flama obligándola a apagarse poco a poco hasta que cayó al suelo y dejo solo una aceitosa mancha negra en él . Cuando los gritos de los artesanos por fin estuvieron demasiado cerca, T’ZUNUN se lanzó dentro de la oscuridad desesperado, y esta lo recibió como una madre protegiendo a su cría.
 
El colibrí no supo cuántos días, horas o segundos paso dentro de la oscuridad. Pero su tiempo ahí no fue placentero. La falta de luz y sonido lo hacían sentir perdido, el aire parecía demasiado delgado, desesperado araño su garganta tratando de dejar el aire entrar pero solo logro que sus pulmones empezaron a llenarse de un dulce olor, dulce pero enfermizo, un olor que se pegaba a la nariz y la asediaba hasta el hartazgo. Mientras el olor tomaba fuerza su respiración se volvió lenta y sus parpados se comenzaron a sentir pesados y su consciencia comenzó a divagar entre la lucidez y lo etéreo.
 
Ahí, entre sueños y lucidez, comenzó a escuchar voces que le hablaron del futuro. Le hablaron de como los artesanos lo destruirían ahora que sabían de lo que era capaz. Le hablaron de como su creación jamás vería la luz del día una vez que los artesanos encontraran su taller. Le hablaron de como el orden asfixiaría el caos y les daría un mundo sintético y sin pasión más allá de la que los artesanos pudieran sentir. El dulce olor de la oscuridad pronto le lleno también la mente y después el corazón. Las voces tenían razón, los artesanos destruirían todo lo que el creara con tal de jamás darle un lugar entre los grandes maestros sin importar cuan hermosas y únicas fueran sus creaciones. Durante días, horas o segundos, dejo la ira florecer en su interior, cuando la oscuridad por fin se abrió para dejarlo volver a la creación se vio a sí mismo en el charco aceitoso que había dejado la bola de fuego. Su reflejo no compartía ya nada con la afable figura de los artesanos, era piedra y fuego, ira y decepción, violencia y sangre, oscuridad y caos.
 
Extendió su mano a tocar un árbol y las sombras se dispararon detrás de él consumiendo el árbol y dejando simplemente vacío. Camino entre el bosque alimentando la oscuridad con todo lo que encontraba a su paso. Entonces lo vio, un artesano con otra de las bolas de fuego, buscándolo, esperando para poder eliminarlo junto a las ruinas de su taller. Un profundo rugido partió el aire y el artesano se giró a enfrentarlo. Los artesanos eran combatientes inexpertos, eran poderosos y verdaderamente ilimitados en su potencial, pero eran creadores no destructores y el colibrí ahora era una criatura de caos, de entropía, de muerte. Mientras avanzaba dejaba que las sombras devoraran el cadáver del artesano y de su sangre nacieron las sombras. Seres oscuros con la única intención de destruir.
 
La creación era inmensa y el andar del T’ZUNUN lento. Pasaron días de saqueo, muerte y destrucción antes de que el primer artesano escapara y lograra advertir a los demás sobre la destrucción que se cernía sobre ellos. Después de su implacable avance vinieron días en que solo encontró talleres empolvados llenos de creaciones abandonadas e incompletas, nada que le sirviera para alimentar a las sombras. Al ver que los artesanos habían retrocedido decidió que su conquista había sido suficiente. No encontró más razón para continuar cazándolos, lo dejarían en paz ahora y podría volver a sus creaciones caóticas. 
 
Esa noche su mente le asalto con pensamientos violentos y las sombras aullaban en una noche de oscuridad absoluta. Despertó y las sombras lo miraban impacientes, no hablaban más su necesidad era palpable en el aire, estaban hambrientas y tendrían a su presa con o sin su aprobación. Furioso ante tal desobediencia, les ordeno desaparecer en la oscuridad y como resultado solo obtuvo un aullido desgarrador y el agitar violento de las sombras mientras destruían todo a su alrededor antes de continuar con su avance sin él.  

Rugió y sacudió la tierra a sus pies mientras miraba al horizonte que había estado a sus espaldas. Era desalentador el panorama, la oscuridad ganaba cada día más territorio gracias a la fuerza que le había dado. Sabía que tenía que advertirles a los artesanos antes de que toda la creación se perdiera a la oscuridad, pero estarían bajo ataque de las sombras y jamás aceptarían hablar con él. Respiro profundo sabiendo que su vida había acabado de una u otra manera y al exhalar sintió la maldad dejarlo, había llegado el momento de abandonar su locura. Su egoísmo lo había llevado a sacrificarlo todo y la inflexibilidad de los artesanos solo le había dado a su ira el combustible adecuado para construir dentro de él tan deplorable sensación. Miro una vez más a la oscuridad avanzar y se dirigió hacia donde sabia estaría el ultimo fuerte de los artesanos, en el jardín del origen.
 
El jardín del origen era un hermoso bosque en cuyo centro se erguía un enorme árbol de cuyas ramas caían frutos que al madurar se convertían en artesanos. De sus raíces crecían todos los materiales que los artesanos usaban y de sus hojas el viento que expandía la esencia de la creación dándole cada día un poco más de territorio. Sin embargo, ahora, el jardín del origen era ahora un escenario diferente. El verde había sido reemplazado por tonos de gris y las frutas que no habían madurado ahora parecían meros despojos de lo que un artesano debía ser. Lo que una vez fuera una copa de árbol rebosante de vida hoy eran apenas unas ramas sin hojas sacudiéndose ante un viento frio con sabor a muerte. Al llegar a la base del árbol de la vida vio a uno de los maestros herido y cubriendo algo contra su pecho. 
 
El maestro lo miro y entrecerró los ojos denotando su ira y desprecio, pero el colibrí no tenía más ira que gastar y entonces hablaron. El maestro le pregunto si este había sido siempre su objetivo ¿si era su deseo devolver la creación a la oscuridad? Le dejo saber como habían derrotado a todas las sombras y ahora solo quedaba el como el ultimo artesano y el tesoro entre sus manos como la última creación para detener a la oscuridad. 
 
T’ZUNUN compartió con el maestro lo que había pasado por su mente, como su mente había dado forma a una sensación horrible. Como la caza lo había llevado a la oscuridad y esta lo había devuelto a la creación como un destructor, un depredador listo para matar. Le hablo de como la oscuridad solo lo había usado para fortalecerse y ahora las sombras solo obedecían a su propia hambre. Después le explico como la oscuridad había logrado romper el borde de la creación y avanzaba cada momento un poco más hacia el árbol de la vida. 
 
El maestro le entrego una pequeña esfera con runas en su superficie, aquel tesoro que había protegido con su vida. Le dijo que la esfera acabaría con la oscuridad pero necesitaba la voluntad de un artesano para activarse. El maestro no estaba en condiciones de usarla pues sus últimos alientos se acercaban y mientras decía esto su último aliento llego, dejando a T’ZUNUN solo, para enfrentar la amenaza de la oscuridad.
El colibrí sin dudarlo tomo la esfera y aplico su voluntad sobre ella. La esfera le respondió con un silencio absoluto. El ya no era un artesano, el ya no tenía la voluntad de crear. Horrorizado ante las implicaciones miro a su alrededor desesperado esperando encontrar una fruta apunto de madurar para así salvar la creación pero su búsqueda fue en vano y cuando levanto la mirada vio la oscuridad cruzar las montañas que dividían el bosque del origen del resto de la creación. 
 
Corrió a la base del árbol de la vida y trato de activar la esfera una y otra vez. Mientras la oscuridad avanzaba más y más sus lágrimas caían y en su desesperación golpeaba con sus garras el tronco del árbol de la vida. A pesar de la fuerza del ataque el tronco del árbol no mostraba ni una sola marca, pero sus manos sin embargo ya sangraban. Tomo de nuevo la esfera y al contacto con su sangre esta empezó a brillar. La oscuridad ya había cruzado la mayoría del jardín del origen y aceleraba hacia el árbol. Sabiendo bien que no podría jamás activar la esfera con la voluntad y orden de los artesanos decidió volver su propio caos el arma. Lentamente abrió su piel con su garra y trazo una línea hasta la base de su pecho , miro a la oscuridad acelerar hambrienta y segura de su victoria. Mostro la esfera como quien le da el golpe final a su oponente, tomo un respiro profundo y hundió la esfera en la mientras susurraba con su último aliento “Hágase la luz”
La esfera brillo aun a través de su pecho, la creación se concentró en el pecho de T’ZUNUN y la oscuridad hambrienta la envolvió. En medio de toda la oscuridad él era lo único que brillaba y en su pecho toda la creación se concentraba dentro de la esfera. La oscuridad trataba de devorarlo sin ningún éxito y así sin ningún aviso más, un estruendo sacudió toda la oscuridad. El cuerpo de T’ZUNUN y toda la creación se esparció a lo largo de toda la oscuridad marcándola con pequeños puntos brillantes. La oscuridad perdió su conciencia en medio del violento ataque y su forma quedo eternamente marcada por la piel de los artesanos y sus creaciones.
 
Hoy, miles de años después, la sangre de T’ZUNUN le da al universo su factor de caos, la piel del artesano le da la forma y el cuerpo de los narradores abarca todo aquello que los artesanos y su luz no reclaman. Así es, fueron aquellos como yo quienes le dieron origen al caos en un acto de envidia hacia los artesanos y fue nuestra única creación, el colibrí, quien nos puso fin. Yo cuento la historia con la esperanza de que la historia no se vuelva a repetir, con la esperanza de que los artesanos vuelvan a caminar a lo largo de toda la creación; y tal vez así, yo tenga nuevas historias que contar.

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